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CALARCÁ

JOSÉ NODIER

ELECCIONES EN EL PEDACITO DE CIELO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"¿Por quién votaremos el 27 de mayo?

El pedacito de cielo, como les gusta decir a muchos, es un pequeño infierno.

Ocurrió que este departamento agrícola, ante la decadencia del negocio del café, por la ruptura del pacto de precios, fue reconvertido a un territorio del consumo. De productores de riqueza, a través del trabajo y del campo, de sus productos, nos volcamos, al consumismo propio de una comunidad que piensa, casi en exclusiva, en el comercio, es decir, en la intermediación económica.

Este es un departamento privatizado de tiempo atrás. El sector público, el político, desde la fundación del departamento se ha manejado como si fuera propiedad del caciquito de turno. Los partidos tradicionales, y los de garaje, han pertenecido y pertenecen a individualidades. Las normas de construcción, por ejemplo, como pasó antes del terremoto, estaban diseñadas para que los empresarios, metidos en la política local, edificaran en serie sobre las bases líquidas de la irracionalidad, sin control estatal.

En muy pocas actividades sociales existen, como ocurre en otras zonas del país, políticas públicas que orienten la inversión del gobierno y que aglutinen el esfuerzo privado hacia proyectos comunes.

¿Cómo combatir la corrupción, por ejemplo, si casi todos estamos de acuerdo en favorecerla? ¿Cómo enfrentar la ilegalidad del narcotráfico si hemos cohonestado con ella? ¿Cómo preservar nuestro territorio y el agua, la naturaleza, si casi todos creemos que la salvación está en un turismo depredador?

El Quindío, hoy, es un pequeño infierno, y ha sido colonizado por mafias.

Los barrios periféricos de los municipios más populosos son dominados por bandolas. La contratación tiene un contingente, un cartel de ingenieros quindianos, enriquecido por el cómo voy yo.

Algunos periodistas, que ahora lanzan el grito herido desde sus medios, han tolerado los torcidos de Cambio Radical o del Partido Liberal. ¿Dónde están los concejales y exconcejales conservadores que han cogobernado Armenia?

Frente a las estadísticas de consumo de alcohol y sustancias psicoactivas, por ejemplo, poco hablamos, nos interesa menos. Decir por ejemplo que el consumo de sustancias ilícitas en el país es de un 3.6%, mientras en el Quindío asciende a 6.8% o que el consumo de marihuana es de 3.3%, en Colombia y en este Departamento subió a 6.3 en el último año, es un tema baladí que poco o nada nos conmueve.

Somos un pequeño infierno, que se debate entre el espejismo del turismo y las promesas vacuas de los políticos de turno.

¿Por quién votaremos el 27 de mayo?

De seguro, no votaremos masivamente por los hombres y mujeres que significan la honradez y la coherencia política. No votaremos por De La Calle, porque pensamos que no va a ganar, y ahí se nos sale ese arribismo que es marca propia de identidad; no votaremos por Fajardo, es posible, porque su serenidad nos causa sospecha y ambigüedad; y menos los haremos por Petro: nuestro conservadurismo decimonónico no nos permite ver que su proyecto, ese sí liberal, ético y progresista, hace temblar a los corruptos.

¿Por quién votaremos el 27 de mayo?

Podría responder esa pregunta, con cierta tranquilidad y certidumbre. La mayoría de los quindianos votará por Duque, el representante del partido de la corrupción en el país, el Centro Democrático. O, por si acaso, sufragará por Vargas Lleras, de Cambio Radical, quien representa el clientelismo y los carteles de la contratación de Colombia.

Ojalá me equivoque, claro.

MANUEL GÓMEZ

UNO MISMO

Manuel Gómez SabogalPor Manuel Gómez Sabogal.
manuelgomezuq@gmail.com

Muchas veces, llegamos tarde al trabajo y culpamos al señor del bus porque pasó tarde, a la señora que no nos tuvo la camisa planchada, al agua porque no había, a que no hubo tiempo para empacar los papeles en la valija.

Culpamos a los amigos porque nos inducen a la droga, al licor, a llegar tarde a casa o a faltar con los compromisos.

Culpamos a los hijos, porque había que dejarlos en el colegio y se levantaron tarde, no tenían los uniformes en orden, no habían hecho las tareas. Si son universitarios, porque nos pidieron que los lleváramos.

Culpamos a los vecinos, porque nos llamaron a arreglar algo que se les dañó, nos invitaron a tomar un café, nos sentamos a conversar con ellos.

Si estamos en la empresa, culpamos a los compañeros porque no tuvimos a tiempo unos documentos, no nos pasaron un informe y el jefe se indispuso. Salieron y no llegaron en el momento preciso.

Siempre buscamos una excusa, una disculpa, un pretexto y culpamos a todos quienes nos rodean o a los objetos, pero nunca decimos que somos nosotros quienes cometemos los errores o quienes fallamos.

Es muy fácil culpar a los demás, decir que fueron otros, pero nunca, nosotros. Somos inocentes siempre. Jamás decimos "yo tengo la culpa", porque nos enseñamos a justificarnos con los demás.

Cuando todo sale muy bien, cuando llegamos temprano a una cita, reunión o a la empresa, somos nosotros, somos los mejores, somos los cumplidos, pero cuando fallamos, son otros quienes cometen errores.

Nunca aprendemos. Si vamos a una reunión, esta no comienza hasta cuando lleguen todos los que faltan o en el peor de los casos, quien la preside. Y si llega demasiado tarde, culpa al conductor, al trancón, al chofer del bus, a muchos más, pero él se siente muy bien. Y aprendemos de él, del jefe. "Si llega tarde el jefe, para qué voy a llegar temprano la próxima vez", pensamos.

No argumentemos diciendo que otros son los culpables de nuestras fallas. Si no llegamos a tiempo, si caemos y no nos levantamos, no son los demás, somos nosotros.

Cambiemos el esquema y seamos puntuales, creativos, innovadores. No nos dejemos llevar por el "yo soy así" o por otras frases con las cuales nos defendemos y disculpamos nuestras fallas. Aceptemos los errores, evolucionemos y dejemos de culpar a los demás o a lo que nos sucede.

Como dice la canción de Tony Vega:

"Porque he andado los caminos y conozco el desafío
comprobé que todo pasa porque tiene una razón.
Cuando a veces nos cegamos fue que no quisimos ver
y el porqué de equivocarnos casi siempre es aprender.

Como locos damos vueltas en la rueda de la vida
sin siquiera darnos cuenta que uno mismo es quien la gira,
uno mismo se enreda, uno mismo se ordena,
uno mismo se une, uno mismo se eleva,
uno mismo se encierra y se corta las alas,
uno mismo se enferma, uno mismo se sana,
uno mismo se odia, uno mismo se ama.

Solo muy de vez en cuando descubrimos la verdad,
cada vez es más difícil arrancar un antifaz,
nos volvemos marionetas en las manos del destino,
por temor a confrontarnos ser muñecos preferimos.

Uno mismo se aleja, uno mismo regresa,
uno mismo se pierde, uno mismo se encuentra,
uno mismo es su suerte y más allá de la muerte,
uno mismo es la niebla, uno mismo es la llama,
uno mismo se enciende o uno mismo se apaga,
uno mismo se pierde, uno mismo regresa.

La vida nos ofrece a todos escoger entre dos sendas:
Uno mismo se pierde, uno mismo regresa.
Tú decides si escoges la mala,
tú decides si escoges la buena.

Uno mismo se pierde, uno mismo regresa
Somos como la llama.
Uno mismo se enciende, uno mismo se apaga,
uno mismo se pierde, uno mismo regresa.

Somos responsables de nuestra felicidad
que uno mismo comienza,
uno mismo se pierde, uno mismo regresa
después de andar esos caminos,
uno mismo se odia o uno mismo se ama."

LA NOTA DE JOTA

1.- EL VERBO "RENUNCIAR"

José Jota Domínguez GiraldoPor Jota Domínguez Giraldo — 17-05-18
jotajotadominguez@gmail.com

Entre las opciones que tiene el hoy detenido Carlos Mario Álvarez alcalde de Armenia, para continuar tratando de resolver su situación en este entramado de la des-valorización de sus actos como persona y funcionario público, está la de renunciar a su cargo de alcalde o la de no renunciar.

Si quiere renunciar, lo puede hacer, la ley se lo permite sin más motivos que el de presentar renuncia a su cargo, que en este caso podría ser "por motivos personales insalvables", lo cual sería entendido y no sé si aplaudido, pero cualquiera diría que era lo mínimo que debería hacer.

Renunciar a su cargo trae como primera consecuencia la inmediata convocatoria a elecciones si lo hace antes del 30 de junio de 2018, pues según el artículo 314 de la Constitución Política "...siempre que se presente falta absoluta a más de dieciocho (18) meses de la terminación del período, se elegirá alcalde para el tiempo que reste. En caso de que faltare menos de dieciocho (18) meses, el gobernador designará un alcalde para lo que reste del período, respetando el partido, grupo político o coalición por el cual fue inscrito el alcalde elegido...". La renuncia es una falta absoluta.

La inmediata segunda consecuencia de la renuncia es que el grupo o partido que puso alcalde, no podrá presentar terna para lo que reste del período, pues habrá nuevo alcalde(sa), quitándole de un solo tajo el poder al partido o grupo gobernante. Algunos apuestan que esa es una razón potísima para hacerlo, no importa cuánto le cueste al Estado dicha elección, pues esa no la paga el municipio y con eso le cobra a sus jefes la firma de los pagarés.

La inmediata tercera consecuencia de la renuncia es que el alcalde deja de ser la primera autoridad para convertirse en una persona del común y corriente, pero no por eso obtiene ventaja frente al proceso que lo encarta, pues los delitos de los que se le acusa, no pierden entidad al bajar su categoría de funcionario público.

Si no renuncia, que sería mi humilde pedido, dado que ha manifestado "ser inocente y consciente de todos sus actos" y eso debería pelearlo y enfrentárselo a las autoridades, no hay elecciones, pero al renunciar pierde su calidad de alcalde pues al estar privado de su libertad, con medida de aseguramiento en cárcel, el alcalde(sa) encargado (de una terna) es quien termina los meses restantes pues el titular está enfrentando un juicio con medida intramural.

Escucho y leo voces de algunos autodenominados "honorables" (lo de siempre, en Armenia hay gente de primera y de segunda) que sugieren hacer lo mejor para Armenia. En la campaña a gobernación y alcaldía pasada les dijeron a los quindianos que era necesario votar y elegir personas "honorables" y que esos eran nada más pero tampoco menos que Carlos Mario y el cura. Eso se convirtió en palabra de Dios, pues hasta el obispo se hizo el loco, dejando hacer campañas en templos católicos y luego desde Roma regurguitaba sus deseos. Me quiero preguntar si son esos mismos "honorables" los que piden hoy recomponer esta situación, en un "mea culpa" para hacer ver que la culpa es de otros "honorables" y no de los mismos siempre "honorables". Hipocresía al máximo.

Hay que saber reconocer las culpas. "Nos equivocamos escogiendo y eligiendo, por lo tanto es necesario comenzar de nuevo, debemos revisar mejor, seguir escogiendo porque las ocasiones y elecciones están próximas" podrían decir los comunicados y entonces nos sumamos a esos colectivos que claman por una mejor verdad para una mejor ciudad. Pero no, ellos no se equivocan.

Se gobierna mirando de frente, se administra con limpieza, se ordena con rectitud, se obedece con las normas, se sugiere con lealtad, se discute con franqueza y se trabaja con amor. Así y solo así creeremos en los gobernantes. De resto, es pura paja, mentiras disfrazadas de palabras hechas para esconder la verdad. No veo en ninguna de ellas la aplicación de los salmos, a los que tanto acuden cuando quieren echarle "melao" a los que están dispuestos a lamerlo.

Resulta pues que algunos piensan que es mejor que roben los honorables y mejor encarcelar a los "honorables" que a los ciudadanos de segunda. "¿Honorables de qué...?????.

El departamento y Armenia necesitan líderes, que los debe tener porque esta raza, la quindiana es buena y sana, pero no necesita "honorables" de esos que todos los días invocan y hablan de Dios, pero que luego le venden el alma al diablo.

De esos "honorables", líbranos señor.
2.- CONSEJOS QUE ASUSTAN

El pasado martes en la noche fue asesinado en un bus de servicio público que cubría la ruta Armenia - Montenegro, Jesús Antonio Arteaga Ortiz, de 35 años de edad, quien trató de evitar un hurto.

Dicen las autoridades en el diario La Crónica del Quindío que "llegando a Montenegro dos delincuentes que ocupaban el bus manifestaron que se iban a bajar, pero procedieron a intimidar con armas de fuego y blanca a los pasajeros para despojarlos de sus pertenencias, por lo que Arteaga Ortiz, quien viajaba como pasajero, reaccionó oponiendo resistencia, pero fue baleado en el pecho. Jesús Antonio era conductor de oficio de otro bus intermunicipal.

Según el periódico, el Coronel Benavides Guancha, comandante de la policía en el Quindío "pidió a la ciudadanía y a conductores, que cuando se presenten este tipo de casos, por favor, no poner en peligro la vida", lo cual traduce que se dejen atracar, que no opongan resistencia y que después le informen a las autoridades.

Francamente es asustador. Los atracadores no atracan al comandante de policía, ni al gobernador, ni al alcalde de Montenegro ni al de Armenia, tampoco atracan a un grupo de policías y los pobres de siempre tienen que tomar un bus para desplazarse. Bueno, ya que las autoridades fueron informadas según pidió el comandante en el Quindío y ya que se iniciaron las investigaciones, veremos cuanto se demoran en esclarecer este atraco y esta muerte, pues para eso se creó esa entidad como defensora de la ciudadanía y del orden público.

La verdad, asusta mucho más que la única defensa que tienen los pasajeros de bus no sea la policía, sino dejarse atracar y si no, dejarse matar.

Buen consejo y no lo olviden.

ÓSCAR IVÁN

PUEBLOS VIVOS

Óscar Iván Sabogal VallejoPor Óscar Iván Sabogal Vallejo.
oscarsabogal8504@gmail.com

Las ciudades y los pueblos son organismos vivientes que sudan, que respiran, que poseen un perfil que resume el alma de su gente y tienen una personalidad que a veces se resiente y debe luchar con sus propios complejos. Eso todos lo sabemos y lo podemos corroborar, cuando en una pausa nos detenemos a pensarlos.

Calarcá ha pasado por muchos avatares como conglomerado, desde la infancia feliz de su fundación a finales del siglo XIX, cuando todavía ignoraba los desarrollos posteriores de su hermana menor Armenia, pasando por el trauma de La Violencia de los años cincuenta, donde sus calles se convirtieron en escenario de duelos y cantinas como en una película del lejano Oeste, hasta hoy sumida en la perplejidad que le causa no encontrar el camino que le permita reanudar sus propios diálogos interrumpidos.

Sí, los pueblos además de personalidad tienen memoria y dignidad, aunque algunos no lo sepan, y Calarcá tiene la dignidad resentida. No es dueña de su destino, perdió la autonomía de otros tiempos, desdibujó su perfil, carece de peso específico, tiene poca importancia. ¿Será por eso que muchos se han ido a la ciudad vecina en pos de otra identidad?

Los ciudadanos debemos contribuir a su renacimiento, y muchos lo estamos haciendo desde ángulos diferentes. El problema, que afecta muchos aspectos del municipio, tiene un origen esencialmente político igual que su solución. Se requiere de un acuerdo que permita definir qué es lo que queremos que sea la nueva Calarcá y cómo lograrlo. Lo primero no siendo tan simple es susceptible de conciliar. Lo difícil estriba en resolver el cómo.

Algunos consideran que el problema es elemental, que todo se resolvería con el hecho simple de cambiar el nombre de uno de los integrantes de las listas de candidatos de los partidos tradicionales que hoy detentan la representación en el congreso, por el de un calarqueño, buscar algunos votos prestados y asunto resuelto, cuestión de ampliar el clientelismo departamental hasta la Villa del Cacique, piensan ellos.

Otros tenemos diferente opinión, creemos que no tener un cacique, un jefe político inamovible, señor de vidas y haciendas, es una virtud y no un defecto de este organismo viviente que llamamos Calarcá. Que necesitamos, sí, representantes del municipio en diferentes instancias del poder, pero que sean producto de la deliberación consciente, dentro de un proyecto político de signo diferente al de los corruptos y clientelistas tradicionales que dominan el departamento, que logre el apoyo entusiasta de la ciudadanía. La dignidad no está en que nos den un renglón en una lista política al lado de los mismos de siempre.

Los pueblos tienen memoria y también aprenden, y los calarqueños no olvidamos que nos ha ido mal cuando no tenemos nuestros propios representantes, cuando dependemos de otros, que como los de ahora, desconocen como retomar el hilo para continuar nuestros diálogos interrumpidos.

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