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HÁBITAT Y CULTURA EN LAS VIVIENDAS DE LA COLONIZACIÓN ANTIOQUEÑA

Calarcá para leerPor Gustavo Pinzón Sánchez

Los conglomerados urbanos inscritos en el área geográfica de la colonización antioqueña fueron iniciados por una empresa de carácter privado, unida a los valores que marcaban unos intereses colectivos de los antioqueños; en los pueblos del Quindío la presencia del Estado y de las instituciones privadas, bancarias y financieras es tardía, cayeron como en paracaídas y por eso no se ubicaron en la tradición cultural que traían consigo los diseños arquitectónicos de la colonización antioqueña. Además, se unieron e impulsaron la ideología de la arquitectura moderna, abriendo un camino expedito para destruir la arquitectura de la colonización y darle paso a los diseños verticales y uniformes con colores en tonos pastel, que son la negación de la vitalidad cromática presente en la naturaleza del espacio rural que se reproducen en la arquitectura de las viviendas: verde limón, amarillo naranja, rojo cereza, zapote, azul cielo.

En los techos de las viviendas, hallamos bellas figuras que reproducen en sus formas los elementos de la naturaleza: rosetones, tréboles, margaritas o estrellas, así en el exterior y el interior de las viviendas originales de la colonización antioqueña se recrea la multiplicidad de matices propios de la naturaleza.

En los inicios de la construcción de los pueblos del Quindío, no existía diferencia entre el diseño de las viviendas rurales y las viviendas urbanas. Desde lo urbano se divisaba el paisaje rural. Ahora nos damos cuenta cuándo llegamos a un espacio rural porque aparecen los cultivos y la separación de las viviendas, mas no por su diseño arquitectónico. Antaño, los colores que se utilizaban para pintar las viviendas eran los tonos fuertes que reproducían la gama cromática de la naturaleza rural, pero la evolución de esta arquitectura hacia diseños modernos, condujo a cambiar los colores fuertes por tonos pastel que surgen de las combinaciones de los colores antes utilizados. En la actualidad utilizan gamas de grises, rosados, lilas, verdes, azules y amarillos claros en las viviendas que aún subsisten alrededor de las plazas centrales de los pueblos. En Armenia, desaparecieron totalmente; en Calarcá, quedan unas pocas, pero la tendencia es la de transformarlas en viviendas uniformes, generalmente verticales, sin matices simbólicos que denoten la fuerza de sus significados pictóricos.

Cuando nos alejamos del centro de los pueblos hacia sectores que eran la periferia en la época que se fundaron, volvemos a encontrar los tonos fuertes. Luego hay una interrupción. Los barrios periféricos contemporáneos generalmente son habitados por sectores populares y marginados, con viviendas que carecen de diseño arquitectónico original, cuya característica es el desorden debido a la ausencia de planificación urbana. Ante los escasos recursos económicos, los propietarios tienen que utilizar cualquier medio a su alcance para resolver el problema de la vivienda. Después de pasar estos barrios recientemente construidos como consecuencia de la expansión de los centros urbanos sobre los espacios rurales y del asentamiento de migrantes campesinos en la periferia de las ciudades, vemos de nuevo los diseños arquitectónicos de la colonización antioqueña en las viviendas rurales. Así las viviendas urbanas son estética y funcionalmente similares a las casas rurales. Con la evolución de los pueblos hacia la modernización urbana, los elementos arquitectónicos que mantenían una identidad cultural empiezan a desaparecer.

Las viviendas urbanas ubicadas alrededor de la plaza, eran generalmente de dos pisos, así mantenían la imagen del poder expresada en la geometría de la verticalidad, los del centro, los de arriba, estas expresiones denotan el reconocimiento de un estatus superior para las personas que habitan en el centro de los pueblos. Para las grandes ciudades divididas urbanísticamente por una estricta diferenciación social, no son válidas estas afirmaciones. En Armenia, por ejemplo, el símbolo de estatus ya no es vivir en el centro, sino en el norte; de esta manera el precio de la vivienda no se da por el valor de uso o por las leyes de oferta y demanda del mercado, sino por las clases sociales que habitan determinados sectores de las ciudades.

Las viviendas de dos pisos, ubicadas en los alrededores de las plazas centrales, cumplían y cumplen aún en muchos pueblos del Quindío una doble función, son casas de negocio utilizadas para una actividad económica y para la vivienda. El negocio es en el primer piso y la vivienda en el segundo. Los negocios que allí funcionaban eran de los propietarios, dejando el primer piso para compraventas de café, tiendas, almacenes de ropa y cacharrerías. En algunas de estas viviendas pueblerinas aún se mantiene este tipo de negocio; en la actualidad son más comunes las cafeterías, fuentes de soda, salones de billares, restaurantes, tabernas y discotecas. Los almacenes de víveres, las compraventas de café, las cacharrerías y las fondas veredales fueron algunas de las actividades económicas a partir de las cuales se generó la acumulación del capital en el Quindío. 1

En la primera etapa los diseños arquitectónicos de las viviendas de la colonización antioqueña fueron horizontales, en línea y en L, después se pasó a un diseño en U y luego a un cuadro o rectángulo, tipo claustro, conservando como patio las áreas interiores.

La empresa de la colonización antioqueña fue un fenómeno colectivo. Los colonizadores al llegar a esta región se apropiaron de los materiales que esta les proveía: maderas de bosques nativos, nogal, roble, guayacán, cedro y todos los demás productos de la naturaleza que servían para construir las viviendas; las tapias o paredes las hicieron de bahareque —barro y estiércol de ganado— y los techos en teja de barro, después utilizaron la guadua en esterilla cubierta con arena y cemento y pintadas de blanco con cal. En esta arquitectura de la colonización antioqueña estamos viendo cómo afrontó el constructor colectivo la transformación de la arquitectura virgen con los materiales del medio geográfico y de acuerdo con los modelos traídos de sus sitios originarios. 2

Posteriormente, construyeron casas republicanas con columnas clásicas o jónicas de hierro forjado que importaban de Europa y las transportaban en barco. De las revistas copiaban los modelos de arquitectura neoclásica. En 1930 se reprodujeron algunos diseños de las casas europeas de la segunda mitad del siglo XIX, unidos a la arquitectura original antioqueña, generando una bella simbiosis que enriqueció el paisaje urbano y rural de las viviendas quindianas, pero las columnas y los calados de hierro no podían pintarse con colores fuertes porque desentonaban con las formas clásicas de los diseños importados. Tal visión estética dio origen a los tonos pastel.

En la evolución de la arquitectura antioqueña podemos identificar tres épocas: la primera de las casas en rectángulo y L que va de 1848 a 1890 y utilizan los materiales de la región; la segunda de 1890 a 1920 cuando aparece la guadua en esterilla cubierta con pañete y las casas de dos pisos; y la tercera las casas republicanas posteriores a 1920. Podríamos ubicar una cuarta etapa que empieza más o menos en 1968 y se acrecienta en 1970 y 1980 con los movimientos de la arquitectura moderna y del progreso que produjo una arquitectura con la apariencia de lo contemporáneo, pero sin una identidad en la relación entre arquitectura y cultura.

Una concepción estética contraria a la que se generó en 1968 es la que surge también en la década del 80 del siglo XIX, sustentado en la necesidad de conservar la arquitectura tradicional antioqueña. Uno de los eventos que han impulsado el mantenimiento de esta arquitectura, es el de los concursos donde se compite por el Pueblo más lindo del Quindío, cuyos parámetros de elección son la permanencia de los diseños autóctonos; en este evento, Armenia está fuera de concurso, no precisamente por la conservación, sino por la destrucción de la misma.

El movimiento ideológico que impulsó el modernismo ha surtido sus efectos masivos en muchos sectores de la población. Es normal escuchar en la gente expresiones como: Este pueblo está progresando, ya tumbaron esos ranchos viejos del centro para construir edificios. Rancho es la palabra despectiva con la que denominan a las casas de bahareque y guadua con los colores fuertes de la arquitectura de la colonización antioqueña.

Las casas solariegas tradicionales que aún mantienen en su diseño los elementos arquitectónicos originales, también guardan en su interior un ambiente ecológico que recrea las costumbres rurales. Algunas están ubicadas en los centros urbanos, tienen en sus patios arbustos de café, matas de plátano, árboles frutales, plantas ornamentales, medicinales, pequeñas huertas caseras y animales domésticos: perros, gatos, loros, guacamayas, gallinas y los pájaros silvestres que construyen sus nidos en los patios de las casas. Este fenómeno es normal en todos los municipios y corregimientos del departamento, excepto Armenia. Calarcá es un pueblo en transición hacia una arquitectura estrictamente urbana. El parque aún mantiene en sus árboles la recreación de los espacios rurales, pero también se presenta un crecimiento súper acelerado en la construcción de edificios comerciales y residenciales que se han expandido del centro hacia la periferia.

Las viviendas de la colonización antioqueña tienen un diseño arquitectónico auténtico. En estas no hay diferencias entre lo rural y lo urbano, pues no se alcanza a palpar el cambio brusco de un espacio a otro. Desde lo urbano se aprecia visualmente lo rural.

Las viviendas de la colonización antioqueña poseen salas, cocinas y comedores amplios y bastantes habitaciones para albergar a las familias nucleares numerosas, y a las familias extensas que pertenezcan al árbol genealógico familiar. Los techos, ventanas y puertas, con cuidadosos trazados geométricos, forman una hermosa simetría cromática que impacta a cualquier extraño o lugareño que tenga la visión dispuesta para apreciar las formas estéticas particulares, y en este caso las de la arquitectura de la colonización antioqueña.

Un fenómeno espacial y existencial que llama significativamente la atención en estas viviendas es la puerta ventana, para que una casa no resulte una prisión tiene que tener aberturas hacia el mundo exterior que establezcan una conexión entre el mundo interior y exterior 3, estas viviendas dan una sensación de libertad, pues la puerta ventana permite que las casas estén abiertas y cerradas al mismo tiempo, es la síntesis del mundo interior unido al exterior expresado en este objeto. Al penetrar en ellas, nada se oculta, podemos ver las cocinas, los baños y las alcobas, muy distinto a la distribución funcional y cerrada del interior en la arquitectura moderna donde los espacios se ocultan. El extraño solo puede penetrar en ellos cuando logre establecer una empatía con los anfitriones.

En muchos pueblos del departamento del Quindío, es normal hallar la puerta-ventana que se comunica con la calle, desde la cual pueden verse las salas y las alcobas. La alcoba es un lugar para los asuntos privados en la arquitectura moderna, por eso es lo que más se oculta. En la arquitectura antioqueña no hay diferencias entre los espacios públicos y privados de las viviendas. La puerta puede estar cerrada o abierta y por tanto puede unir o separar. Sicológicamente está siempre abierta y cerrada al mismo tiempo, aunque uno de los aspectos es el dominante ya que toda puerta puede ser abierta. La abertura es el elemento que hace que el lugar esté vivo, puesto que la base de toda vida es la interacción o influencia recíproca con el ambiente alrededor. 4

En las viviendas tradicionales de la arquitectura de la colonización antioqueña las habitaciones son contiguas. Solo tienen puertas hacia el exterior, están ubicadas sobre amplios corredores y se comunican abiertamente en su interior por pasadizos, donde aparecen marcos de puertas descubiertas. Algunas tienen velos blancos, en colores o en calados que dejan ver los enseres privados de las alcobas. Con estas cortinas los cuartos permanecen tímidamente cerrados, pero explícitamente abiertos bajo la mirada y el control de la privacidad de quienes los habitan. Es una imagen abierta hacia el exterior y cerrada hacia el interior, se ve a través del velo, lo cual permite vigilar los movimientos de todos los miembros del núcleo familiar.

En las habitaciones se presenta una clara división sexual. Se adjudican espacios distintos para los hombres y las mujeres, la alcoba del padre y la madre se ubica en el centro y desde esa posición pueden ver y oír cuanto sus hijos hacen para impartir las órdenes durante la noche: A dormir, dejen la bulla, apaguen las luces, así los padres pueden pasar revista en los cuartos para verificar la obediencia de los hijos. También es un elemento de protección, los padres pueden enterarse fácilmente de cualquier percance que les suceda a los hijos, ante una enfermedad, un susto o una pesadilla, hallarán protección inmediata.

Con la división sexual de los espacios se crea una interdicción para las conversaciones privadas de los hijos que generalmente hacen por las noches, en los momentos previos al sueño. Así se garantiza control sobre los cuerpos y discursos masculinos y femeninos que conforman el núcleo familiar.

En la arquitectura tradicional de la colonización antioqueña la estética es total, se tiene en cuenta el exterior: las fachadas y el interior: las habitaciones, los muebles y los enseres. Tal armonía aún se conserva en la idiosincrasia de algunas familias cafeteras de clase media que viven en los pueblos; en estas casas los muebles de sala, comedor y alcoba, los bordados, los pergaminos, las fotografías familiares en blanco y negro o sepia, los cuadros con molduras clásicas, las alacenas en las que predomina el uso de la madera en un estado natural, unido a las vajillas y a los utensilios de cocina, denotan los elementos vitales y autóctonos heredados de la cultura antioqueña.

En los sectores populares los muebles de sala, comedor, alcobas y armarios, son generalmente metálicos, en las camas y armarios hallamos algunos dibujos alusivos a la cultura popular, sobre los armarios y mesas de noche ponen imágenes religiosas alumbradas con veladoras; la decisión de adquirir esta clase de muebles está asociada con su larga duración y a los precios más bajos. En los sectores sociales antes mencionados, las decisiones sobre el consumo se corresponden con una dimensión cultural que identifica a los objetos con las personas.

Los estratos sociales altos que habitan en las ciudades fueron absorbidos por el consumo de moda que impone la sociedad opulenta. Las inesperadas bonanzas cafeteras, permitieron acumular dinero suficiente para embarcarse en hábitos consumistas propios de la ideología capitalista que conduce a un extrañamiento entre el ser y los objetos. En muchas viviendas ocupadas por estos sectores sociales, su preocupación es llenar los espacios con cualquier cosa, por eso es común ver en las paredes cuadros y afiches de adorno que se utilizan indistintamente en las boutiques, en las tabernas, las fuentes de soda, los salones de belleza y las peluquerías unisex, asimilando los hábitos de consumo de las clases emergentes, cuyo rasgo esencial es su arraigo a los ancestros rurales revueltos con algunos hábitos de consumo urbanos.

LA VIVIENDA RURAL

En las páginas anteriores afirmamos que la arquitectura de la colonización antioqueña conjugó lo rural y lo urbano, pero las viviendas rurales también han evolucionado hacia formas de construcción típicamente urbanas. Uno de los elementos que mantiene los diseños tradicionales de las viviendas rurales, es el alto costo de la construcción y los gastos de transporte desde los centros urbanos donde se producen y comercializan los materiales. Las fincas ubicadas en sitios alejados de los centros urbanos, y la topografía para el acceso es difícil, siguen utilizando al máximo los materiales que la naturaleza de su entorno les provee, pero copiando las formas de la nueva vivienda urbana en la distribución de los espacios y en el manejo de los colores. Han pasado de las policromías fuertes de los colores naturales, a los tonos pastel. En el cambio de la vivienda rural la justificación económica tiene mucho peso, pues las casas en material de ladrillo y cemento son definitivas y no requieren el mantenimiento frecuente que exigen las viviendas construidas en madera, guadua y bahareque de las casas tradicionales.

En las fincas ubicadas cerca de los centros urbanos y de fácil acceso, ya se dio una evolución hacia los diseños arquitectónicos urbanos, esto es una urbanización arquitectónica del entorno rural, que también se manifiesta en la creciente conformación de veredas y corregimientos donde se han construido viviendas uniformes con las características propias de la arquitectura urbana. La Virginia en Calarcá, El Caimo en Armenia y Naranjales en Quimbaya, son apenas unos casos significativos de este fenómeno, cuyo propósito es mantener una mano de obra cautiva en las fincas que se encuentran alrededor de estos conglomerados urbanos.

Un elemento arquitectónico que corresponde al cambio en la lógica económica en la producción cafetera, como consecuencia del cambio de variedades del café arábigo hacia el caturra y variedad Colombia de mayor productividad, condujo a una adecuación de los espacios habitacionales en las fincas cafeteras. Desapareció la casa centro que funcionaba como alimentadero y espacio dormitorio para los propietarios, agregados o administradores que vivían en las fincas. Este hecho se presenta generalmente en las fincas de mayor productividad. Se han descentralizado las funciones, la casa centro es el lugar de habitación del agregado o administrador y donde se reserva un espacio diferente para el propietario de la finca.

Las diferencias en la productividad de las fincas, han generado una evolución hacia diseños arquitectónicos que copian los modelos de las viviendas urbanas. En esto también influye, de manera significativa, la infraestructura de vías carreteables que facilitan el traslado de los materiales de construcción desde los centros urbanos.

El aumento en la productividad por el cambio de variedades, exige mayor cantidad de trabajadores. Por tal motivo fue indispensable modificar las viviendas rurales para alojar a los trabajadores que en ellas pernoctan, pues de las fincas ubicadas cerca de los centros urbanos y que contratan trabajadores que habitan en los pueblos, estos se desplazan todos los días para pasar la noche con sus familias.

En las fincas medianas y grandes, se presenta una descentralización de los espacios habitacionales, allí encontramos distintas viviendas. El alimentadero que en muchas ocasiones es también el cuartel para los trabajadores —la palabra cuartel es tomada de los dormitorios utilizados para el ejército en los batallones, son espacios cerrados con camas o camarotes continuos—, la casa del agregado o administrador , y la casa para el dueño de la finca; en las fincas pequeñas y de baja productividad, aún se mantiene una sola vivienda que cumple las múltiples funciones de casa-alimentadero para el administrador o el propietario, si este vive en la finca.

Los cambios en la lógica económica cafetera que ha pasado de una caficultura tradicional, café arábigo, a una caficultura moderna, café caturra y variedad Colombia, vinieron acompañados de un cambio en la mentalidad empresarial de los productores cafeteros. Aquí la ideología urbana se ha impuesto sobre la sociedad rural. Los propietarios de viviendas rurales que aún mantienen los diseños arquitectónicos de la colonización antioqueña lo hacen por dos razones:

Primero, porque no poseen los recursos económicos para transformarlas y segundo, porque han internalizado la estética de la arquitectura de la colonización antioqueña como un valor cultural que se debe conservar.

Un fenómeno arquitectónico contemporáneo de la vivienda semirrural o semiurbana son los chalets. Estos espacios habitacionales se ubican cerca de los centros urbanos aprovechando las facilidades infraestructurales de servicios y vías de acceso construidas por las instituciones del Estado y los Comités de Cafeteros. En los chalets tratan de recrear los diseños de la arquitectura urbana y algunas formas estéticas de las viviendas rurales, es algo así como un remedo que denota un retorno nostálgico del hábitat de las villas burguesas europeas, alimentada en la tradición más antigua de la integración ideológica y del mito pequeño burgués de la casa propia en el campo. 5 Algunos chalets son construidos en las fincas; otros son espacios urbanizados que se corresponden con la expansión de la ideología urbana de las viviendas uniformes sobre los espacios rurales.

El concepto de chalet tiene su origen en la mentalidad pequeño burguesa a la que aspiran acceder muchos sectores de la población urbana. Un retorno romántico al buen salvaje de Rousseau. En las fincas que tienen chalet, sus propietarios son rentistas ausentistas 6 y de origen urbano. En el Quindío se presenta un fenómeno de movilidad habitacional rural-urbano y urbano-rural. Muchos pequeños y medianos productores cafeteros lograron acumular un capital suficiente para desplazarse a vivir en los centros urbanos, adquirieron viviendas en los pueblos presionados por las necesidades educativas de sus hijos, pero estos no son precisamente quienes construyen chalets en sus fincas porque continúan arraigados a los valores de su pasado rural.

Los propietarios de los chalets son habitantes urbanos, profesionales en ascenso económico, industriales y comerciantes y otros que oportunamente se dieron cuenta de las ventajas económicas de invertir su dinero en la producción cafetera. El acceso a la lógica moderna de la tecnificación les ha permitido tener el dinero suficiente para construir los chalets en sus fincas, los cuales utilizan para descansar con sus allegados durante los fines de semana o para pasar vacaciones y ahora como negocio para el turismo. Ya son lugar común los comentarios sobre la sofisticación de algunos chalets y su relación con la acumulación de capital de algunos sectores emergentes del departamento. La ideología del chalet se apoya en la insatisfacción del consumo vivida en el mito compensador de la calma campesina recuperada que se corresponde con una estrategia política que se propone reforzar el asentamiento social de una dominación de clase, en las capas políticamente ascendentes. 7

1 Ortíz Sarmiento, Carlos Miguel, Estado y Subversión en Colombia. La violencia en el Quindío años 50. Bogotá: Fondo Editorial CEREC, CIDER UNIANDES, 1985. Pág. 291-293

2 Mesa, Darío. La historia tras los edificios, en: Tobón Botero Néstor. Arquitectura de la colonización antioqueña. Tomo II Caldas. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. Banco Central Hipotecario, 1986, Pág. 17

3 IBID, Chulz, Christian Norberg, Existencia, espacio y arquitectura, Barcelona, Editorial Blume.

4 Ibid, Schulz

5 CASTELLS, Manuel, La cuestión urbana. México: Siglo XXI editores, 1980. p. 199

6 Concepto sociológico acotado por Max Weber, para denominar a los propietarios agrícolas que delegan la administración de sus bienes, y desarrollan sus actividades en los centros urbanos.

7 O.p.cit, pág. 199-200
___________________
* Sociólogo, Magíster Sociología de la Cultura, Universidad Nacional, Profesor Facultad de Humanidades Universidad del Quindío.

** Este ensayo hace parte de la investigación "El Quindío: Sociedad rural o sociedad urbana", financiada por la Universidad La Gran Colombia. Coinvestigadora Alba Lucía Giraldo. El autor expresa su reconocimiento al arquitecto Fabio Iván Dávila, por sus aportes en la elaboración del texto.

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