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 NUESTRO AMBIENTE: MIRANDO P'AL PARQUE

Néstor Jaime Ocampo Por: Néstor Jaime Ocampo Giraldo

Lo que se está haciendo en el Parque de Bolívar de Calarcá no contribuye a un mejor ambiente en la ciudad; al contrario, daña nuestro ambiente en varios aspectos.

Empezando por la manera impositiva, nada democrática, como se decidió la remodelación del Parque. Quienes vivimos en la ciudad no tuvimos oportunidad alguna para opinar sobre la manera como deberían invertirse los cerca de 1.200 millones de pesos destinados para el Municipio. Es que, por lo que sabemos, ni la administración municipal misma tuvo mucho que decir al respecto. Sencillamente la gobernadora decidió, y luego vino a informarnos, no a consultarnos, sobre “el regalo” que quería hacernos (como si fuera de su bolsillo), agregando que la obra “se hace porque se hace” advirtiendo de entrada a posibles críticos. Creemos que hay problemas mucho más urgentes para atender en Calarcá, incluso en lo urbanístico.

Luego fue la acción vandálica, no puede llamarse de otra manera, ejecutada por la Administración Municipal de Calarcá que, en horas de la madrugada, a escondidas de la ciudadanía, violando normas ambientales, procedió a destruir, a matar, el viejo gualanday del que apenas queda ahora un tronco herido, sin ramas, sin hojas, sin flores, aparentemente sin vida. Lo mismo iba a hacer con otros árboles del parque pero la reacción airada de la ciudadanía lo impidió. El daño que se estaba haciendo al parque estaba amparado por un vergonzoso concepto técnico de la CRQ del que luego la misma entidad debió retractarse.

Parque de CalarcáAhora tenemos el parque rodeado con plástico verde, de nuevo se esconden de la mirada ciudadana quienes cometen este atropello contra la ciudad. Se procede apresuradamente, desplazando sin previo aviso a los habitantes habituales del parque, sin una maqueta, sin planos definitivos... así se han iniciado las labores de remodelación. Parece que la idea es proceder rápido, antes de que la ciudadanía pueda reaccionar organizada. Suficiente aviso de lo que podría suceder fue la manifiesta indignación de cerca de 7.000 personas que, con sus firmas, rechazaron la destrucción del viejo gualanday.

No se escucha en el parque más que el ruido de la destrucción y el rumor creciente de la rabia de los ciudadanos que nos sentimos pisoteados, excluidos, por nuestros propios gobernantes, de las decisiones que afectan nuestras vidas, nuestro futuro y nuestra ciudad. Ya ni el canto de los pájaros se escucha pues casi todos han huido al estropicio.

Destruyendo árboles, pisoteando a la ciudadanía, ahuyentando a los pájaros, alterando la tranquilidad de la ciudad con el ruido de la destrucción, sacándonos del parque... no se crea un buen ambiente.

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