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Por: Óscar Zapata Gutiérrez
(zapataosc@gmail.com)
UN GUIÓN INÉDITO
Resultaba, en extremo difícil, juntarlos a todos para una fotografía: El primero, viviendo con la
solemnidad del cuento que asumió hace muchos años, Javier Mesa con lo suyo, personal e intransferible, al fin
de cuentas "egrechado" del Carlo Magno. Los demás como corchos en remolino sin naufragio, o como
monos de rama en rama o dando vueltas en un carrusel metálico, o en un tiovivo.
Esas composturas de los otros, esos cruces de pierna, esa presión casi terrorista, esa rigidez ensayada y
luego adoptada y asumida como pose.
¡Buenos días!-
¡Buenos días!-
-¿Se puede?-
-Si señor- siga.
Reapareció en la escena con las payasadas de siempre y con el dedo índice de la mano derecha, señalo los
compases de la nueva pauta, estimuló, accionó, singularizó, revelo secretos y dijo sin medida ni clemencia:
"Todos ustedes son unos artistas en el arte, unos magos, unos prestidigitadores, unos
ilusionistas"
Apunte- dijo- sin darle tregua a su interlocutor. Cogió un lápiz y una libreta y la partió casi justo por
la mitad como si fuera una baraja de naipes. Con letra pegada y delgada, legible por cierto, escribió una nota
marginal y expresó citando lo que muchos años antes dijo Jaime Arias refiriendo a la música: "Tienen
necesidad y la obligación de dominar la teoría primero para que, después de lograrlo, la tiren para la puta
mierda"
Al otro extremo de la escena, de pié frente a un atril- un médium escribiente esperaba la llegada del
bibliotecario. Escribía como un hábil billarista en tacada. Series largas y cortas con el mismo ritmo,
sostenido y constante. Regular. Continúa escribiendo como si la caligrafía fuese un aguacerito o una lluvia
leve derramada en cámara lenta sobre el paisaje.
¿Cuándo escampará?
La escena tenía la frialdad y el temple de una conspiración o de una batalla de todos contra todos. El
clima se generalizó y mejor no agregar nuevos elementos.
¡Claro! -Dijeron todos- a coro.
A uno de ellos se le detecto una carcajada mental que asomó, en su rostro, con una forma de íntima
satisfacción como para un "detrás de cámaras" o para un punto aparte o un punto seguido.
Se quedaron fríos cuando Pierre ingreso al recinto con maletas en ambas manos y un morral de caminante del
mismo color del sombrero de mago que le trasmitía un enorme parecido al bigotudo personaje del cine…mudo. Este
con zapatos de marca y yines azules.
Entro con la solemnidad de quien va mar adentro frente a una cámara empotrada a contraluz contrastando con
una sonata no identificada , creo que una de las del sordo de las nueve.
Un clima de indiferencia penetro con un soplo de viento frío y un misterio caminando sobre las frases de la
sonata y las teclas del piano.
Pierre soltó las maletas y se sentó en un atrio imaginario. Se limpió el sudor de la frente con un pañuelo
blanco que extrajo del cubilete para tal efecto u otros que improvisaría con toda seguridad. En el misterio se
podía esperar de todo. Lo arrojó posándose en el suelo en un tablado caoba muy brillante en el espacio formado
por un círculo luminoso procedente de un farol.
El viajero, no era otra cosa, abandonó el lugar por la puerta contraria a la que le sirvió de entrada.
¿Volverá? -Dijo una voz-
"Su esquema no era viable" – dijeron todos al unísono.
Ni su voz, ni sus andares, ni nada que pudiera permitir el percibir su pensamiento.
Era el día del encuentro colectivo en el carnaval tradicional de los veintitrés en donde todo se movía
dentro de un ánimo dispuesto, alegre y descuidado.
Mi bella genio cerró el telón no sin antes haber saludado con una evidente incomodidad.
FIN |