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 PRESENTACIÓN

En atención a su importancia histórica, al reducido número de ejemplares y a lo interesante de su relato, nos dimos a la tarea de digitar parte del contenido de esta joya calarqueña para atrevidamente divulgarla en nuestro medio y ponerla al alcance de ustedes. Hemos respetado minuciosamente el texto original, a tal punto que evitamos cualquier corrección ortográfica o aún tipográfica, si es que se hubiera podido aplicar a una obra escrita a la usanza de la época. Para acercar más a los lectores al contenido original, hemos tomado hasta el color propio del papel y casi su textura para colocarlo de fondo.

Esperamos que lo disfruten y que quienes nos puedan dar claridad sobre muchos de los términos allí usados, (pesos chiquitos, vacas ladronas, etc.), lo mismo que con la ubicación actual de los lugares mencionados en la obra (Trilladora "La Adelina", la "calle que gira para Salento", etc.) compartan con toda la comunidad calarqueña sus conocimientos en la materia, dirigiendo sus comentarios a informacion@calarca.net.

El texto aquí publicado corresponde al Capítulo I y dependiendo de la receptividad que tenga entre nuestros visitantes, prepararemos los restantes capítulos. Háganoslo saber mediante correo electrónico o nuestro libro de visitas.

 "CALARCA EN LA MANO"

ALGUNAS CONSIDERACIONES A MODO DE INTRODUCCION

La organización del servicio de ESTADISTICA administrativa, debe hacerse teniendo en cuenta los tres objetos principales de ella, y que son: su objeto ECONOMICO; es decir, lo relacionado con el comercio, la agricultura, las finanzas, obras públicas etc. etc. Su objeto MORAL; es decir, todo aquello que hace relación especial con la moral pública o sean: instrucción, justicia, servicios penitenciarios, etc. etc. y su objeto CULTURAL y CIVICO; o sea todo lo relacionado con la propaganda y vulgarización de los modernos métodos en todos los ramos de la vida económica y social, en publicaciones de revistas, periódicos y folletos.

En Francia, por ejemplo, según nos lo informa Fernad Faure, hablando sobre la estadística de ese país, no existe más que un solo servicio municipal de estadística administrativa y que es el de la ciudad de París; mientras que la mayor parte de las ciudades importantes como Marsella, Lyón, Bordeaux etc. solo se publican en algunas ocasiones, documentos de estadística municipal; pero éstos no son la obra de un servicio especial encargado de su elaboración. Bajo éste punto de vista, nos dice el tratadista, la Francia está a un nivel superior con relación a Inglaterra, Alemania y E.E U.U.

Desde 1879 el consejo municipal de París, ordenó este servicio tendiente a la organización de la Estadística Municipal, creando una central fundada sobre bases científicas, asesorada de una comisión compuesta de 9 expertos, cuya misión es la de informar sobre el funcionamiento de dichos servicios, en cuya triple tarea centraliza los datos suministrados por los distintos ramos de la administración municipal; elabora directamente todos los datos relativos al mismo servicio, y publica tales datos y documentos en forma de cuadros, relaciones y anuarios.

En nuestro medio ocurre lo que el mismo autor nos dice de ese país, con relación al servicio público de la estadística, en cuanto a que éste, lejos de estar bien organizado, presenta serias anomalías y grandes dificultades, debidas especialmente a que concurren en un orden disperso los datos y hechos que constituyen interés para la vida nacional.

Estos servicios, obrando cada cual a su acomodo, hacen muy frecuente el caso de que en un mismo renglón, aparezcan diferencias numérica de consideración, por falta de centralización del servicio, sobre bases científicas.

La creación pues, de un órgano central encargado débil y de dirigir en forma la elaboración de los datos en cada municipio, es cosa que se impone; órgano del cual debe encargarse simplemente de inspirar a los distintos servicios los métodos que deben adoptarse por quienes corresponde suministrar datos; uniformar los resultados numéricos de los trabajos, en todos los fenómenos sociales y naturales; anotar discordancias y buscarles su solución, ejerciendo un control concienzudo y eficaz.

Correspondería pues a dicho órgano, el estudio y vulgarización además de los conocimientos más útiles en todas las actividades humanas, y con especialidad en lo que hace a lo económico, en lo que entra especialmente la agricultura y la pecuaria, base de nuestra riqueza nacional; tratar de investigar, centralizar y publicar las informaciones rápidas y exactas sobre la producción interior y consumo del exterior.

En los países mejor organizados y más adelantados en achaques de economía y fiscalización, la ESTADISTICA juega un papel importantísimo, y en Francia, por ejemplo, los once ministerios se dividen o constituyen en los tres grupos, según el carácter y el objeto de los datos estadísticos con éllos relacionados, o sean: el ECONOMICO, EL MORAL, y el de DEFENSA NACIONAL, este último grupo lo forman los ministerios de Guerra y Marina.

Es pues la ESTADISTICA una ciencia social de importancia vital, a la que nuestros gobiernos debieran prestar mejor apoyo y mayor atención; dado que sin ella es imposible la elaboración de leyes sabias y prudente, basadas en números exactos; imposible también la organización eficaz y equitativa de las distintas contribuciones; difícil siempre mantener en vigor el crédito interno y externo de los pueblos o de los estados, y lo que es aun peor, el desconocimiento de nuestra propia personalidad, como nación independiente, de vida propia y dotada por la naturaleza de ingentes y envidiables riquezas aún sin explotar.

En el año de 1922 y bajo la dirección del suscrito, se publicó el primer número del "BOLETIN ESTADISTICO" de Calarcá, obra esta que se mereció algunos honrosos conceptos de autoridades en la materia, y la cual el público supo apreciar como de algún mérito.

Entonces decíamos al hablar de esta clase de publicaciones: "Es ésta una labor bien importante en la administración pública, aunque no pocos creen que es una mera novelería recoger y publicar los datos numéricos resultantes de los distintos fenómenos de orden social y económico, tales como son: Movimiento de población; de la propiedad raíz; de las oficinas públicas; de la instrucción; del comercio en sus distintos ramos, y de todo aquello que habla de la riqueza y prosperidad de los pueblos, etc. etc.

Agregábamos también que, "debido quizá a ese paco empeño por hacernos conocer mejor, este ramo estaba apenas organizandose entre nosotros".

Decíamos además, "Que bien podría creerse que apenas nos iniciábamos en labores de esta índole, pero que, seguros estábamos de que si a quienes correspondía, los animaba siempre el deseo de propender por el sostenimiento de esta publicación, aunque ello demandará un pequeño gasto, al fin se lograría el orden y el método adecuados para una estadística completa, que indicara en todas sus formas, el orden del día de un pueblo que como éste, se merecía hacerse conocer pudiéndose apreciar año por año su adelanto en todos los ramos, o las causas que en una u otra forma indicaban retroceso o estancamiento"

Hoy, al imponernos de nuevo el trabajo de ordenar y publicar en la forma que lo hacemos, los datos que contiene este folleto, nos anima únicamente el deseo de servir en algo a los intereses de Calarcá, donde hemos vivido largos años, hemos fundado un hogar, y por cuyo adelanto hemos propendido siempre, con el aporte de nuestros escasos conocimientos, respaldados por la mejor buena voluntad.

A nuestras palabras de antes, tenemos que agregar: poco más ha sido lo que en materia tan importante se ha hecho en estos últimos ocho años.

La estadística, sigue siendo el mismo ramo deficiente y mal atendido de entonces, aunque es verdad que el H. Concejo de Calarcá se ha distinguido siempre por el buen deseo de que la oficina corresponda a los anhelos patrióticos que inspiraron su creación; a la vez que se ha procurado mantener al frente de ella a individuos mas o menos competentes y de buena voluntad para el oficio.

La reorganización que se inicia por cuenta del departamento, sin duda que habrá de ser bien fecunda en beneficio de las oficinas en todos los municipios, pues se aprovechan los servicios de un técnico en la materia, cuyas sabias y oportunas instrucciones empiezan a ponerse en práctica, procurando en todo caso la centralización de todos los datos.

Ha sido ésta una oportuna medida, con la que se conseguirá al fin poner este servicio a la altura que se merece, y cuyos benéficos resultados aprovecharán a todos los vecinos del Departamento.

La Sociedad Caldense de Agricultores, entidad que ha venido funcionando con verdadero empeño y acierto, tiene un plan de acción bien definido y organizado en el sentido de hacer la propaganda de cultivos nuevos, sistemas nuevos y selección de productos.

Debemos agregar además, que en este folleto tendrá que repetirse -con algunos detalles más- lo referente a la fundación de la ciudad; los datos geográficos; datos históricos etc. etc.; al mismo tiempo que algunos cuadros estadísticos de años anteriores, para lo de establecer comparaciones, lo que dará mejor idea del progreso adquirido en algunos renglones bien importantes.

De seguro que no será éste tampoco, un trabajo completo, lo que el público sabrá disculpar, ya que en labores de esta naturaleza, imposible sería aspirar siquiera a la perfección. Mas, si algún mérito verdadero han de tener estas memorias y datos y como en pasada ocasión, se deshojaren sobre nuestra humilde personalidad algunos lauros, que los recojan los laboriosos y buenos hijos de CALARCA y mis inolvidables maestros, don Luis y don Isaacs Ramírez, cultivadores de mi SER intelectual.

EL AUTOR

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CAPITULO I

HISTORIA DE CALARCA

Desterradas las huestes indígenas que en la época de la Conquista poblaban estas regiones, y que militaron bajo el dominio del indomable y valeroso cacique Calarcá, a quien con no pocos sacrificios y sangre lograron vencer los españoles cuando la presidencia de Don Juan de Borja, se siguió para toda la extensa región del «Quindío» una larga época en la que fué casi completamente ignorada por el resto de la república, hasta que en el año de 1.882, que fundadas ya las poblaciones de Pereira., Filandia, Circasia y Salento, se les ocurrió a algunos de los vecinos de esta última población hacer algunas exploraciones por el hermoso valle selvático rodeado por los ríos «Barragán» o «La Vieja», el «Quindío» y la «Cordillera Central de los Andes», en busca de minas de oro, fuentes saladas y guacas, descubriendo algunas de estas riquezas naturales, como la fuente salada de «Los Chorros», «Uritá», «Playarrica», «Rioverde» «La Paloma», y «Burila» del otro lado del Barragán, río éste que después de recibir las aguas del río Quindío, sigue llamándose "De la Vieja", hasta su desembocadura en el río "Cauca".
En estas excursiones tomaron parte, entre otros: Don Basilio Valencia, Don Miguel Santana, Don Segundo Henao y un tal Santa, cuyo nombre no hemos podido averiguar. Tomados ya algunos datos sobre la riqueza del suelo, bondad del clima, apariencia de los terrenos y demás condiciones que hacían a la región bien apta para la vida de colonos cultivadores, buscadores de minas y aficionados a las guaquerías, se fueron instalando poco a poco, en distintos parajes algunos vecinos de Salento y otras poblaciones, en los terrenos que hoy pertenecen a este distrito.
Cuando Don Segundo Henao, quien fué uno de los principales fundadores de Calarcá, hizo su segunda excursión por estas latitudes, ya se vieron plantadas algunas mejoras de consideración, puestas, entre otros, por Don Cruz Peña, Pedro Ma. Flórez, Pedro Osorio, Francisco Antonio, y Bibiado Ospina, Ramón Ma. Franco y Santiago Parra.
Se presentó por esa época (1.885) la contienda civil armada, con sus lógicas y fatales consecuencias para esta clase de trabajadores, lo que no fué suficiente a impedir en ellos su campaña por traer la inmigración de nuevos colonos cultivadores. Terminada la revuelta política, vino una poderosa inmigración de elementos hábiles para la lucha con las selvas, los ríos, las fieras y la naturaleza salvaje.
Don Segundo fué uno de los primeros en hacerse a una mejora, la que compró a Don Ezequiel Peña, situada a orillas de una quebrada que llamó, como a su heredad, "Versalles", y que es la misma que a inmediaciones de la ciudad, posee hoy el amigo Benicio Herrera.
Don Emilio Patiño, fiel testigo de la fundación de Calarcá, en sus memorias escritas al respecto, nos habla de la «poética mansión de «Versalles», a la que hace referencias bien simpáticas.
A la casa de Don Segundo, en Versalles, llegaba en sus venidas por acá, su muy amigo Don Román Ma. Valencia, quien hacía sus visitas a la región, en busca de mariposas, coleópteros y aves de hermosos plumajes, todo lo cual preparaba y empacaba en forma de exportar sin peligro de dañarse. Además venía Don Román Ma. con ánimo de buscar minas de oro, a lo cual era aficionado, y ya tenía él conocimiento de que en la región abundaban éstas y las guacas.
Don Segundo y Don Román, hombres de un talento natural poco común, de unas energías y de una buena voluntad para todo lo que indicara progreso en donde quiera que estuvieran, pronto se dieron cuenta de que era preciso provocar la inmigración en forma efectiva y práctica, al mismo tiempo que ayudar a los vecinos colonos en el sentido de que se poblara la región y al fin se pensara en fundar un pueblo.
Efectivamente, poco después fué cuando Don Román resolvió venir a radicarse definitivamente con su familia en terrenos de Calarcá, dejando sus negocios de drogas y abarrotes que tenía establecidos en Pereira, siendo ya poseedor de una no despreciable fortuna en esa ciudad, pues era (como nos lo dice muy bien el amigo Patiño) «un enamorado de la vida del campo y de la selva»
Ya veremos como surgió en los colonos la idea de fundar la ciudad de Calarcá, y quienes tengan la paciencia de leernos, conocerán con todos sus detalles, la historia fiel de la ciudad, para cuyo trazado se procedió por Don Segundo Henao y Don Román Ma. Valencia, haciéndo uso de un decámetro, un machete, un calabozo y un hilo de pabilo, rozando el camargal que existía en el propio lugar donde hoy se encuentra la plaza principal; colocando jalones improvisados en los puntos que indicaban los citados fundadores, trabajo este que ejecutaba el amigo Emilio Patíño, según sus propias palabras y en el que le ayudó Don Jesús Buitrago, otro de los fundadores y de quien mas adelante hablaremos con más oportunidad.

Oigamos al mismo Emilio, cuando nos cuenta algo relacionado con las primeras edificaciones:
«La primera casa -tienda, con encanados de madera redonda en el alero y en los corredores del interior, que tuvo cabida para salón de billar, cantina, habitación de familia y sancochería, la construyó para sí, José Ma. Londoño, anaimuno, analfabeto y viejo solterón con algún haber. Colocó en ella a su hermano Isaac con Ana Feliz Patiño procedente está señora de San Francisco (C.) pero que emigra de Anaime con su marido y algunas hijos, quizás tres, ya capacitados para ayudar a su madre a recibir comensales a quienes se sirve gratis, como se acostumbra entre antioqueños campesinos. A esta bondadosa señora se puede aplicar la definición que de algún sacerdote nos da el, así: «El cura del Pilar de la Horadada, como todo lo da, no tiene nada».
«Un buen número de casitas de guadua, la colosal gramínea, existía ya cuando se dió principio a la construcción de la iglesia. Como se dijo antes, nuestros fundadores señalaron temprano el punto para esta construcción teniendo en cuenta la presencia de los materiales de más valía para el caso. Un espeso bosque de arboles corpulentos, entre los cuales predomina el «Laurel Peña», fué derribado en una extensión no menor de cuatro plazas. Sobre largos y pesados aitinales de «Laurel, labrados cuidadosamente y enterrados lo suficiente para contener la enorme masa, se planta la armazón de la capilla. A muchas de aquellas estupendas columnas, no se les hizo otro beneficio que el de quitarles la corteza, para que luzcan así las nudosidades de su contextura fibrosa y que resiste el paso de los años. La armazón de la capilla entejada con astillas de «Aguacatillo» cubre paredes de bahareques y pavimentos de madera de «Arenillo».
Los originales que forman un legajo de documentos históricos que el H. Consejo Municipal ha coleccionado, referentes a los documentos escritos en la época de la fundación de esta ciudad, constituyen un valioso tesoro, pues en tal legajo, están contenidas y ordenadas metódicamente todas las actas de las distintas Juntas Pobladoras que se fueron sucediendo en dicha época, y los documentos más importantes.
Todas son piezas verdaderamente curiosas por su originalidad, que ponen de relieve la sana moral y patriarcales costumbres de los fundadores, ayunos de retóricas y nobles de corazón y de alma, que iniciaron y llevaron a felíz término la obra de la creación de un pueblo que -como CALARCA- ha sabido levantarse por su propio esfuerzo, y cuyo porvenir, apenas pudieron soñar los que se empeñaron en hacerlo surgir de entre las selvas, animadas por ese espíritu atrevido y conquistador innato de la raza antioqueña.
Al historiar la forma en que se fueron ensayando los primeros pasos encaminados a dar vida y desarrollo a la naciente población, preciso será que, tal como aparecen originales, se hagan figurar en este trabajo las providencias dictadas por los fundadores.
Ello en nada desvaloriza el alto concepto y merecida gratitud debida por todo buen hijo de CALARCA a los hombres que, luchando con la naturaleza del suelo, y a fuerza de un constante laborar, supieron engrandecer la Patria Común y crear LA PATRIA CHICA.
Cuando en 1811, que Medellín, la hermosa «VILLA» contaba apenas cinco mil almas, se hizo la recepción de los señores Diputados que iban al Congreso, como Representantes por Antioquia, que lo fueron entonces los señores Don Juan del Corral y el Dr. José Manuel Restrepo, se publicó la relación siguiente, de los gastos hechos en dicha recepción. Esta relación figura en el Nº 110 del «NUEVO TIEMPO LITERARIO», correspondiente al 8 de octubre de 1905, para que se vea mejor, que al publicar estas vejeces, se está bien lejos de pretender restar méritos auténticos, mientras que, por el contrario, son éstos valiosos documentos bien simpáticos que nos dicen muy claro de la pureza de costumbres, y nobleza de alma que caracterizó a nuestros viejos patriotas.

Dice así la relación citada, aparte de una descripción tan amena como ingenua:

A las señoras Rojas, por el refresco, el postre (Bocado de Reina) y los huevos chimbos.

C

18

-

T

0

A Ascención Piza, por las horchatas, ajonjolí y mistelas (Trescolares)

"

11

-

"

3

A don Juan Santamaría, por un frasco de su frasquera, que se quebró

"

2

-

"

0

Por luminarias y cortinas en las tres noches, en la casa del cabildo

"

4

-

"

5

A doña Petrona, por carnes, verduras y otras cosas más que compró

"

14

-

"

0

A Micaela, por el pisco

"

0

-

"

6

Al Cura y revestidos en la misa del Espíritu S.

"

6

-

"

0

Por pan, vino, cera e incienso

"

2

-

"

2

A los monaguillos

"

0

-

"

4

Al polvorero

"

5

-

"

3

A Pedro Delgado, por el violín y la tambora en el fandango que se les dió a los señores Diputados

"

4

-

"

3

Por velas en la luminaria de la casa de Juan Ardila, y a Mariana y el muchacho por su trabajo

"

3

-

"

2

Celedonio de Truxillo (Escribiente Público del Cabildo) «Medellín 5 de 1905. Alejandro Barrientos».

Estas vejeces pues, son apreciables documentos históricos dignos de conservarse siempre, y así, por ejemplo, los lectores de estas memorias verán publicadas algunas de las piezas a que hemos hecho referencia, tales como aparecen en los documentos que el autor de este folleto ha logrado conseguir; pues los fundadores, para todo lo que se necesitaba como elemento de progreso y de vida al nuevo caserío, se reunían en JUNTA, que llamaban «Junta Pobladora», verificaban frecuentemente y con suma actividad sus reuniones, conviniendo lo más prudente y acertado, con una consagración digna de admirarse, como se ve de las actas que figuran en el citado legajo.
A cada paso y a cada momento se presentaban nuevas empresas, con múltiples dificultades; pero, estos hombres de voluntad inquebrantable, y de un caracter excepcional, arbitraban recursos, y acometían sus empresas, en las que nada los detenía y jamás se dieron vencidos.
Cuando se trató de empresas como la de construir capilla y un local para la escuela, se repartieron contribuciones entre los pocos vecinos fundadores; se nombraron comisiones para colectar fondos; tesoreros que manejaran estos fondos, y que rindieran cuentas; se hacían rifas, bazares y cantarillas, o se apelaba al recurso de fiestas públicas, como las que por primera vez tuvieron lugar en enero de 1.888, según se ve del acta que se copia:
«En Calarcá, a 8 de octubre de 1887, se reunió la Junta que representa los derechos de esta población, con el fin de tratar el punto siguiente: Considerando que es de grande interés para esta población la construcción de la capilla y un local para escuela primaria; y que siendo una población incipiente, por cuya razón no cuenta con los elementos que para tan indispensables obras son precisos. 2º Habiendo necesidad de arbitrar recursos, y teniendo en cuenta que unos regocijos públicos bien ordenados, nos pueden proporcionar la ocasión de colectar limosnas para acometer a dichas obras, y que también pueden proporcionar elementos de progreso material, RESUELVESE: Destínanse tres días de la segunda semana de enero próximo para regocijos públicos de esta población. Dese cuenta al Señor Alcalde del Distrito para lo de su cargo, y al Señor Cura de la Parroquia, para que venga o mande quien deba colectar las limosnas.
Se deja al pueblo la libertad de celebrar los regocijos, como a bien tengan, sin afectar el orden y la moral. Siendo de común acuerdo la presente, y no habiendo más de que hablar por ahora, firmamos el acta el señor Presidente y los demás miembros de la Junta: Por ante mi, el Secretario Jesús Ma. Buitrago- Por Pedro Florez, Segundo Henao - Jesús Ma. Arias G.- Francisco A. Ospina (Srio.) »
Con resoluciones de esta índole, y al paso que la nueva población tomaba incremento, sus nobles fundadores procuraban en todo sentido, darle mayor vida, atrayendo al lugar, la inmigración, de tal manera que cuando lo estimaron conveniente y legal, solicitaron del alto gobierno la adjudicación de los terrenos que constituyen el territorio del distrito; haciéndolo por medio del memorial que más adelante publicamos.
Dicho memorial fué estudiado por una comisión de las Cámaras, la que convino en solicitar del gobierno departamental del ANTIGUO CAUCA, informara sobre la conveniencia y legalidad de tal solicitud.
La Gobernación, a su vez, comisionó al Sr. Prefecto de la Provincia del Quindío quien el 23 de Junio de 1.890, en asocio del Sr. Personero Municipal de Salento, y Dn. Heliodoro Peña, D. Primitivo Buenaventura, Dn. Manuel V. Estrada y otros, practicaron una Inspección ocular a estas regiones, y de las observaciones que hicieron y datos que tomaron dejaron constancia en una acta que aparece original en el legajo de documentos históricos a que se ha hecho referencia, y en la que hicieron constar su opinión favorable, fundada entre otras cosas en las siguientes razones:
Que la población ya estaba trazada, con sus calles de 10 varas; sus cuadras de 80 varas; demarcada su área de población; con una capilla destinada al culto católico; con un local para oficinas públicas y otro para Cárcel; con una escuela funcionando en buen local y con 32 alumnos; que la población la constituían ya 148 habitaciones, con otras tantas familias en el centro de tales terrenos, y 130 familias diseminadas en los campos, ocupando estas una extensión de unas mil hectáreas de terrenos cultivados, constituyendo un total de 2.228 almas. Que la topografía del terreno donde se pretendía establecer la población, se prestaba para ello; fuera de que el lugar era de un clima agradable y sano; con fáciles y abundantes aguas, y maderas de construcción; con más de cinco fuentes saladas y cuatro minas en explotación, y sin que ningún camino nacional, ni departamental cruzara el territorio.
Hechas las gestiones del caso, y después de una larga tramitación, vino al fin la ley 36 de 11 de Abril de 1.907, por la cual la nación cedió al ya distrito de Calarcá, los terrenos de que trata la solicitud aludida.
Mientras estas cosas se hacían, los fundadores se preocupaban por darle impulso y buen nombre al caserío, procurando, en todo caso atraer la inmigración, atendiendo bien a sus visitantes. Por eso vemos que el 24 de agosto de 1.889 se exhortó a los vecinos en general, para que contribuyeran en cuanto les fuera posible a la buena recepción que debía hacérseles a los RR. Padres Misioneros, que por primera vez visitaron esta población, de lo cual dejaron también constancia en el acta que a continuación copiamos:
"La Junta pobladora de este caserío, considerando: Que se tiene noticia cierta de que los RR. Padres Misioneros vienen a este lugar, con laudable objeto de hacer misión en él. Que siendo la totalidad de estos vecinos católicos y amigos de cumplir con sus deberes como cristianos, está también en la esfera de sus facultades hacer por todos los medios posibles atraer hacia nosotros a esos obreros de la caridad, para que en nombre de su Divino Maestro, nos evangelicen y nos enseñen el verdadero camino de la religión, y que los padres no exigen más que es la casa de habitación y los alimentos necesarios para su mantención. Que es preciso que les hagamos un recibimiento digno de esos representantes de aquel que todo era caridad y bondad, y que al separarse de nosotros, no tengan que cumplir con aquel precepto que dejó escrito, ordenándoles a sus discípulos: "A las ciudades donde entréis, sino os recibieren bien, sacudid el polvo de vuestros calzados y salid pronto de allí." ACUERDA: 1° Se invita a todos los vecinos de este caserío, para que den lo que cada uno tenga a bién, ya sea en dinero o en víveres, para la mantención de los RR. Padres, durante el tiempo que estén entre nosotros.
2°. Nómbrese al Sr. Jesús Londoño O. comisionado especial para que colecte todos los artículos y dineros que los vecinos ofrescan, con el fin antes expresado. El comisionado formará una lista de los individuos que den la cuota que se les pide, para que dicha lista sea publicada y los donatarios sepan cómo y en qué se le dió inversión.
3°. Se suplica a todos los vecinos, que lo puedan hacer, concurran el día de la venida de los RR. Padres, para hacerles el recibimiento todo lo más decente y culto que se pueda.

Dado en Calarcá, a 24 de Agosto de 1,889.
Marcelino Cardona.
El Srio. Antonio Ma. Gómez"
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NOTA: Fray Juán Capristán y Fray Bernardino, fueron los RR. PP. misioneros que en esa época hicieron su visita a Calarcá y quienes colocaron la primera piedra donde se edificó la Iglesia.
EL AUTOR

EI entonces, Comisario Mayor, o Alcalde, como lo titulaban los vecinos, dictaba también sus Decretos de Policía, que siendo -como son- tan originales y empíricos, tienen un verdadero fondo de sana moral, pues, a pesar de su poca ilustración, los inspiró siempre el más noble, puro y altruista celo de buen patriota. Por razones de cierta índole, y que por fuerza hemos de aceptar, los lectores de estas memorias tendrán que desconocer (Tal como de ello se dejó constancia) ciertas providencias que se dictaron por dicho Comisario, y la forma en que se llevaron a feliz término iniciativas patrióticas y generosas, encaminadas al adelanto moral y material del naciente pueblo. Mas, para que ello sirva en adelante como fuente de información histórica, citaremos algunas fechas relacionadas con asuntos de importancia, copiando algunas de esas piezas, y quizás sea oportuno reproducir aquí el reportaje concedido por uno de los fundadores de Calarcá, a quien escribe estas memorias, cuando en el año de 1.924 pretendimos publicar un folleto por el estilo del presente, lo que no nos fué posible hacer en tal época.

Hablando con Dn. Jesús Maria Buitrago, uno de los fundadores:

«En el extremo sur, de la calle Real (Calle de los Pijaos) tiene su casa de habitación Dn. Jesús Ma. Buitrago, quien me recibe con su acostumbrada amabilidad y franca simpatía, cuando le digo, al entrar:
Vengo, mi Dn. Jesús, con el fín de que me suministre algunos datos históricos referentes a la fundación de esta ciudad, y algunos otros relacionados con su persona.

«Con mucho gusto señor, me contesta el anciano, y ¿qué daticos serán? »
Pues mire Ud.: Pienso publicar un folleto que contenga la historia de la fundación de Calarcá; es decir, la forma como fueron desarrollándose los acontecimientos, y los detalles más importantes que dieron vida a la idea de fundarlo; que contenga además, la lista de los principales fundadores; algunos datos biográficos de ellos; con algunas vistas y retratos; con los datos estadísticos más necesarios, que digan de su prosperidad y vida propia; de su comercio; sus principales industrias; y en fin, con todas aquellas cosas que Ud. sabe interesa conocer a sus habitantes de hoy y aún a los de más pueblos.
«Muy buena, cosa señor, yo estoy a sus órdenes; puede Ud. preguntarme, que yo haré memoria. »
Dígame: donde nació usted; quienes son sus padres; cuantos años cuenta, y cuanto hace que vino a estas tierras?
«Nací en Sonsón, hace 76 años, soy hijo de Emigdio Buitrago y Eduarda Castaño; hace 44 años llegué a estas montañas, ya casado con Cecilia Morales. Como buenos antioqueños, hemos tenido 11 hijos y contamos con algunos biznietos. La pobreza nos arrancó de la tierra natal, y vinimos a dar por aquí en busca de tierras nuevas y de mejor porvenir. Nos instalamos en la montaña, donde hoy se llama el paraje de "Aguacatal", donde planté una pequeña mejora, y al fin nos quedamos por aquí».
¿Quienes mas habitaban esta región?
«Por los lados de «Llanitos» vivía Don Andrés Naranjo; en «El Mangón» vivía don Cruz Peña; por Versalles vivían don Ezequiel y don Tobías Peña; don Praxedes Marín vivía en Santodomingo, donde está hoy la trilladora «La Adelina»; don Pedro Florez, en «La Pradera»; don Sixto Tabares, en «El Pescador»; don Jesús de la Pava, cerca de «Puerto-Rico»; don Pedro Osorio, en «Santodomingo» donde tiene hoy sus propiedades don Martín Beltrán; don Segundo Henao como que tenía unas mejoras por los lados de «Versalles»; y don Gabriel González, que era mi vecino mas inmediato, por los lados de mi mejora, en Aguacatal. Don Román Ma. Valencia, quien fue uno de los individuos que más se interesó en la fundación de este pueblo, vino precisamente cuando estábamos en la empresa de fundarlo, pero no recuerdo por el momento en que época se estableció definitivamente con su familia en esta población pues lo que si recuerdo es que El vino de Pereira, donde estaba establecido, como tampoco recuerdo propiamente en que casa vivió sus primeros días aquí»
«De seguro que se me olvidan por el momento algunos de los que tenían sus mejoritas por estos contornos, pero como según entiendo, en la oficina del Concejo deben estar los papeles de la junta que formamos para fundar el pueblo; allí deben estar las actas y las firmas de todos ellos, y hasta la mía»
Efectivamente, le digo, aquí tiene usted los papeles de tales juntas, los que el honorable Consejo Municipal, noblemente preocupado por todo lo que al distrito interesa, resolvió coleccionar, formando este legajo, para la historia de Calarcá, que ustedes fundaron y cuya importancia está bien definida por la categoría que ocupa entre los pueblos del departamento de Caldas y aún en la Nación.
Yo, aunque no soy hijo de esta ciudad, vivo en ella hace ya largo tiempo y a ella me vinculan caros afectos.
Aunque escaso de aptitudes, he tenido la idea de dar a la publicidad el libro de que antes le hablé, con la única esperanza de que así se conserve mejor su historia, y se aprecie su efectiva riqueza, a la vez que se mida su futura prosperidad.
Ahora, dígame: ¿como nació en ustedes la idea de fundar a Calarcá?
"Nos quedaba muy retirado Salento, el más vecino pueblo, de donde nos surtíamos de los más importantes elementos para la vida de colonos cultivadores, teniendo que transitar una mala trocha, y con el inconveniente del río «Nabarco», que muchas ocasiones nos atajaba el paso, dejándonos de este lado sin recursos. A mediados del año 86, nos pusimos de acuerdo la mayor parte de los individuos que le he nombrado antes, y resolvimos fundar un pueblo, pensando desde luego ponerle el nombre que hoy tiene, por haberse llamado así el jefe indio que poblaba estas regiones en la época de la Conquista.
«En un principio pensamos fundarlo en donde está hoy el caserío de «La Bella», y allí estuvimos estudiando ese lugar Dn. Segundo Henao, Gabriel y Baltazar González, Ramón Franco, Antonio (mi hermano) y yo; pero, al fin resolvimos no ocupar ese lugar, debido a lo dificil que sería llevar allí el agua, y fue entonces, cuando Don Ramón Franco, quien tenía unas mejoras, en cañeros, donde está hoy la población, nos ofreció vender esos terrenos por la suma de cincuenta pesos chiquitos. Como no teníamos modo de pagárselos, convino en que se le dieran dos solares, donde él lo indicara»
A los ocho días, nos reunimos por primera vez, y nombramos la Junta Pobladora, de lo cual quedó constancia, en un papel que firmamos, reunidos en donde es hoy la plaza principal, y sobre un tronco de «Arenillo», firmamos tal papel».
Aquí, abro la primera página del legajo, y le leo a Don Jesús:
"El 29 de junio de 1886, se reunió la junta de entusiastas, para nombrar cinco individuos, para fundar una nueva población, en terrenos baldíos de la Nación. Esta fundación se hará en el punto denominado «Calarcá». Esta junta compuesta de los señores: Pedro Osorio, Jesús Ma. Buitrago, Baltazar Gonzalez, y Segundo Henao en presencia del señor Alcalde Luis Tabares, y como secretario de esta Junta, el señor Francisco Velasquez R. Y para constancia de lo dicho, firmamos: Pedro Ma. Osorio, Jesús Ma. Buitrago, Baltazar Gonzalez, Segundo Henao, Luis Tabares»
Terminada la lectura le digo al buen anciano: Por qué dice en esta acta "En presencia del Alcalde Luis Tabares".
Nosotros le decíamos ALCALDE, aunque no era más que el Comisario de la fracción, encargado de citar para Salento, a los vecinos de esta región, a quienes necesitaba allá el verdadero Alcalde, y porque él dictaba sus Decretos y hacía hacer las cosas, interesándose siempre mucho en que fundáramos el pueblito. »
Y, ¿cómo se procedió a la demarcación de plazas, calles y demás?
«Don Segundo Henao era hombre muy entendido en eso de medir terrenos. El hizo el trazado de las calles, y los solares se fueron midiendo y entregando a medida que los vecinos los reclamaban a la Junta Pobladora, la que los vendía a peso oro, cada uno».
Abro entonces de nuevo el legajo y leo:
«El día 7 de julio de 1886, se reunieron Esteban Morales, Claudio Valencia, González Gabriel, Jacob Bermudez, Leobigildo Ospina, Joaquín Tabares, Cipriano Florez y Tomás Moná, Abdón Robayo, Aniceto Arango, Felix Londoño y Román Ma. Valencia; estos individuos, cumpliendo con la ley en el caso, han procedido a nombrar una junta, compuesta de los señores siguientes: Como presidente, Segundo Henao; Vicepresidente, Francisco Ospina, y Secretario, Arango. Vocales: Pedro Ma. Osorio, Baltazar González. Suplentes: Jesús Ma. Buitrago, Pedro Florez, Juan de J. Herrera, Manuel Ocampo; suplente del secretario, Francisco Velásquez. Artículo Unico: Todos los individuos, están en el deber de respetar y hacer respetar la autoridad, en cumplimiento de la moralidad pública. La Junta de Calarcá, haciendo uso de las facultades que la ley concede a los colonos cultivadores, ACUERDA: La plaza de dicha población, tendrá 100 varas, las calles 10 varas, y las cuadras 80. Los solares serán entregados por el valor de un peso de Ley. Los individuos que reciban solares, quedarán en la obligación de cercar el solar, rozarlo y ponerle casa de habitación, en el prefijo término de cinco meses. El que no cumpla con lo estipulado en dicho artículo, perderá el derecho, y se le entregará a otro que pueda edificar. Artículo - Las hijuelas de seguridad de mejoras, en los solares las dará el señor Segundo Henao, quien tiene la escritura que el señor Ramón Franco otorgó para la nueva población de Calarcá, haciendo gracia y donación de la porción de terrenos que hoy se van a repartir», Artículo: Nómbrase como agrimensores a los señores: Ramón Franco y Juan de Jesús Herrera. El Presidente, Segundo Henao, El Srio. Francisco Velasquez R. »
Si señor, me dice el anciano, así fue la cosa, y agrega: «Vea, Ud. de aquel alto (indicándome el alto de «El Chagualo», en una ramificación de la cordillera «Central») se ve todo este valle de el Quindío, y como por allí pasaba la trocha que teníamos para ir a Salento; pocos días antes de reunirnos en la tal junta, estuvimos en ese alto mi hermano Antonio y yo, mirando el hermoso valle, y le decía yo a mi hermano: «Ya hay muchas finquitas y muchas familias en esa tierra. Esos terrenos son tan fértiles y tan buenos para trabajarlos; ya debíamos pensar en fundar allá un pueblito. Donde tiene Ramón Franco esas mejoras en cañeros, donde están pastando los bueyes de mi padre, si que se presta para fundar el caserío. Me acuerdo que se lo decía, como si hubiera sido ayer, como si de veras se tratara de una cosa tan trivial, y ya ve usted, donde va el pueblito».
El anciano se reía, con esa sonrisa franca y expontánea de los viejos joviales y francos, a la vez que me miraba como queriéndome decir: ¿Y es que tiene mucha gracia fundar un pueblo? pues, luego agregó: «Para nosotros los antioqueños, eso de fundar poblaciones, no es cosa tan dificil, pues cuando llegamos a tierras como estas, ya ve usted como don Segundo después de fundar con nosotros este pueblo, como se fué y fundó a Génova, que ya parece que se cría, y luego se han fundado Caicedonia, del lado del Valle y Sevilla, que ya es otra ciudad, todos fundados por antioqueños. Mire lo viejo que estoy, y de pronto alzo el vuelo a fundar otro, porque a pesar de todo, siempre estoy muy pobre».
Oiga mi don Jesús: Ud. me tiene que suministrar una fotografía de su persona, para publicarla en mi libro. ¿Le gustaría?
«En mi vida no he convenido en que se me retrate, pero por tratarse de lo que usted me dice, quizá lo haga, aunque un viejito como yo, ya no debe pensar en eso de publicar su retrato».
No diga eso don Jesús: Ya verá Ud. que con ello no se trata sino de hacer que en la memoria de los hijos de esta ciudad, se cultive y mantenga vivo el recuerdo de los fundadores que, como usted, se merecen bien de la Patria, a quienes se debe gratitud y veneración. Al hacerlo, no se hace mas que cumplir con un deber.
Repitiendole mi agradecimiento por la atención que me ha dispensado, me despido del buen viejo, estrechando su noble y encallecida mano, que descuajó las montañas, y a cuyo poder se desplomaron los robustos y milenarios ejemplares de esa salvaje vejetación quindiana tornando a la vez en populosa ciudad, y en campos de cultivos la vírgenes montañas que apenas hace 40 años, poblaban estas comarcas con su exhuberante frondocidad.

Como antes decíamos, el Comisario Mayor, dictaba también sus Decretos, de los cuales copiaremos textualmente el que se verá a continuación, para que se vea la forma en que estos señores fueron dándole cierta rigidez y seriedad a las disposiciones de la Junta, asesorada del dicho Comisario.
«El Comisario Mayor, en el caserío de Calarcá, en virtud de las facultades legales concedidas por el Alcalde del Distrito Municipal de Salento, y en virtud del Decreto Nº 152, de 17 de marzo de 1.888, expedido por el Gobernador del Departamento del Cauca, DECRETA:
Art. 1º - Prohíbese el cargar armas dentro de la población que se está fundando, los domingos y días festivos. El individuo que se opusiere a lo dispuesto en este artículo, incurrirá en una multa de 40 centavos.
Art. 2º - Prohíbese a los dueños de cerdos y caballos sin castrar, que los tengan sueltos en la población; los dueños de estos animales, pagarán por cada vez que se vean vagar por la calle, la multa de 40 centavos. Este artículo comenzará su cumplimiento dentro de 8 días, contados de hoy en adelante.
Art. 3º - Los individuos que por estar en embriaguez cometan faltas contra la moralidad, y las buenas costumbres, serán llevados a la Cárcel, de donde no saldrán hasta que no paguen, al pasarles la borrachera, la multa de 40 centavos. Con los fondos que resulten por multas, se harán los gastos de administración de justicia en el pueblito. Calarcá, Mayo 27 de 1.888 Publíquese y ejecútese. José de la C. Cardona».
De acuerdo con el mismo Comisario, la Junta Pobladora, el 24 de Agosto de 1.886, había dictado ya el Acuerdo que hace relación con el anterior Decreto, y el cual reproducimos, en la misma forma y con igual fin.
«Art. 1º El mercado o feria en esta población, será los días lunes, y todos los que traigan víveres, los pondrán en la mitad de la plaza; 2º Todo individuo que intente hacerle mal al pueblito en materia de intereses o en la inmoralidad pública, no tendrá derecho a reclamar solar, ni gozará de las garantías que goza todo hombre honrado y laborioso. 3º Nadie tiene derecho de sacar o extraer maderas, piedra ni otros elementos de las fincas ajenas, sin el permiso del dueño. 4º Prohíbese salir a la plaza o calles públicas en los días de reunión, con armas de fuego, peinillas, machetes, garrotes, etc. El Comisario tendrá el deber de vigilar esto y quitar las armas, cobrándole al dueño 4 reales por su devolución. 5º Todo individuo que en su juicio, o por embriaguez, se encontrare cometiendo faltas o provocando riña, será, prendido por el Comisario, y puesto en el cepo por 12 o 24 horas, y no saldrá hasta que no pague 50 centavos de multa, que se distribuye así: Para ayudar a las obras publicas 40, y 10 centavos, para el Comisario que vigila por el orden público. 6º El individuo que reciba solar, no puede venderlo ni empeñarlo, sin ponerle casa de habitación, quedándole al comprador la estricta obligación de cumplir con lo estipulado en el Art. 3º de la primera reunión de esta Junta. Igualmente quedará el vendedor, sin derecho a reclamar otro solar. 7º Queda resuelto por esta Junta, la apertura de la calle Real que gira para Salento, por las medidas agrarias de esta población, quedando en favor del pueblo una pequeña faja de tierra, que el señor Pedro Herrera regaló como gracia y donación que le hizo a la nueva población».
En 8 de diciembre de 1.886, la misma, Junta Pobladora verificó una reunión, en la que dictó el siguiente Acuerdo:
«Art. 1º Todos los individuos que hayan recibido solares en este caserío y que hayan pagado derechos, quedan obligados, dentro del plazo de 15 días, para limpiar lo que les toca de calle, desarraizándoIa, que quede a satisfacción de la autoridad; El que no lo haga así, cumplido este tiempo, perderá el derecho y se le entregará a otro. Esto en los solares que estén sin edificar, cumpliendo con lo mandado en otro acuerdo. Los que tienen solares encargados y que no han pagado derechos, en este plazo, los pagarán y cumplirán con lo dicho, y si no, quedarán los solares vacantes. 2º Todos los individuos dueños de solares, quedarán prevenidos de los trabajos de la echada de el agua a esta plaza, para el día primero del año que viene, para trabajar de cada semana un día, cada individuo, hasta concluir esta obra Publíquese y ejecútese».
Copiamos a continuación el acta de la reunión habida el 2 de febrero de 1.887, que a la letra dice:
«En Calarcá, a dos de febrero de 1887, se reunió la Junta, y como en las anteriores, para trabajar en favor de este caserío; ACUERDA: Nómbrase como Secretario en propiedad, de esta Junta, al Señor Tomás Cardona. Para esto se le nombre en pago de su trabajo, cuarenta centavos por toda reunión que se haga. 2º Decrétase como vía de comunicación, y de utilidad del caserío, la dirección de la esquina donde va a quedar la iglesia, hacia el Sur, pasando por "El Mangón", del señor José Mª Chica, a bajar al río de "Santodomingo" 3º No se permitirá en el área del pueblo vagando, en materia de animales irracionales, sino a bestias de silla domésticas, caballos, bestias mulares y yeguas que no estén criando; los demás animales quedan excluídos de andar por el pueblo. El que contraviniere a lo expuesto en este artículo, y que la autoridad cumpliendo con su deber cogiere algún animal de los que no se permiten, el dueño pagará 40 centavos de multa. 4º Se advierte a los individuos que traigan cadáveres, que queda destinado el punto para el panteón, al lado de abajo de las partidas de "La Paloma", por el camino que va para "La Elvecia". Publíquese y ejecútese».
Como todas estas providencias, era de rigor remitirlas a la Alcaldía de Salento, cabecera del Distrito, siempre se cumplió con ello, para, que después de visadas por el Alcalde, fueran devueltas para su ejecución. Como se ve de la nota que a continuación copiamos, tal empleado puso al pie de dichas providencias, la nota de rigor así:
«Alcaldía Municipal del Distrito de Salento, marzo 17 de 1887. En vista de los trabajos hechos en la nueva población de Calarcá, y no teniendo que objetar, esta Alcaldía RESUELVE: Aceptar y apoyar dichos trabajos, por estar de acuerdo con las disposiciones de la Ley. Juan de la C. Cardona G. -Aguirre (Srio.)» Al pretender poner en ejecución algunas disposiciones de la Junta o del Comisario de Policía, los fundadores llegaron a caer en la cuenta de que tales disposiciones se hacía imposible hacer cumplir; por lo cual procuraban corregir y revocar, una vez reconsideradas, tal como aconteció con la referente a la vagancia de animales domésticos por las calles, según consta del acta que se verá en seguida:
«En Calarcá, a 28 de mayo de 1887, la Junta de esta nueva población, vista la necesidad que hay, y según el reclamo de algunos vecinos, en tener sus vacas sueltas en el área de población, la Junta RESUELVE: Que cada familia puede tener una vaca dando leche; exceptuándose las vacas ladronas, y al resultar alguna de esta clase, basta con dos testigos para, hacerla quitar inmediatamente. El que contraviniere a lo dicho, pagará por multa 50 centavos, y esta misma multa pagará el comisario o Jefe de Policía que no haga cumplir lo mandado, haciendo sacar inmediatamente los animales que no se permiten en el pueblo. Pásese al Alcalde de Salento para su publicación. Publíquese y ejecútese».
Esta -como la anterior y demás resoluciones- tienen la misma nota copiada antes, y que ponía la Alcaldía de Salento, aprobándola en todas sus partes.
El 24 de agosto de 1888, se renovó la Junta Pobladora, en la forma que veremos en seguida:
«En Calarcá a 24 de agosto de 1887, se reunieron los vecinos de esta población, para poder nombrar la nueva Junta Pobladora, porque los que hay quieren retirarse, aunque siempre seguirán ayudando, y quedando así aprobado por la mayor parte de los vecinos, quedo la junta nombrada de los señores: Presidente Jesús Ma. Buitrago, Jesús María Arias C., Pedro Florez, Angel Giraldo, Marcelino Cardona. Suplentes Isaac Londoño, Joaquín Tabares, Francisco A. Ospina, Leovigildo Ospina y Ezequiel Peña. El Presidente de la Junta Anterior, que he cumplido con mi período, firmo aprobando el nombramiento de esta nueva junta. -Segundo Henao».
Así laboraban estos servidores de la Patria. Así hacían todas sus cosas, con una sencillez y una armonía apenas comunes en esa época.
Ya la Junta saliente había tomado la iniciativa a fin de proveer de agua potable al caserío, pues con fecha 25 de marzo de 1887, aparece una acta, aun más curiosa y original, que textualmente dice:
«En esta fecha se reunió la Junta de esta nueva población y vista la necesidad de echarle agua a esta plaza, y viendo que esto es un vehículo indispensable, tanto para el uso común, como para construir los edificios. Esta Junta RESUELVE: Que quedan gravados todos los individuos que tengan recibidos sus solares, con la obligación de ayudar con un peso sencillo, para acometer a dicha empresa, que se va a hacer por contrato. Para recaudar la suma hemos resuelto poner dos meses de plazo. Los individuos que quieran adelantar su cuota, se entenderan con el señor Angel Giraldo, quien queda recomendado por la Junta para la recaudación. Confiados en la buena armonía, esperamos en todos los vecinos, en que ninguno se hará remiso a ayudar, porque de lo contrario, el individuo que se niegue, perderá el solar, que se le quitara para dárselo a otro que si cumpla con este deber. Se advierte al pueblo que hay un individuo con el que se ha contratado la echada del agua, por la suma de 66 pesos de ocho décimos, siendo responsable a ponerla a satisfacción.
Publíquese y ejecútese, y pásese al Alcalde de Salento para su aprobación».
Efectivamente, se había contratado ya con el Sr. Roque Moná la construcción de una acequia o zanja por donde debía venir el agua a la población, y para que los lectores aficionados a esta clase de documentos, se formen una mejor idea de la índole de los fundadores, publicamos a continuación, el contrato celebrado con Moná, quien lo cumplió al pie de la letra.
Estos hombres de esa época, tenían una tan alta idea del cumplimiento de la palabra empeñada, que para ellos bastaba la fé de caballeros, que siendo tan rústicos, siempre supieron respetar sus compromisos, máxime cuando se trataba de asuntos de interés general, y por eso no se preocupaban ni de que los contratos fueran o no suficientemente dotados de las condiciones que las mismas leyes los hacen hábiles para su efectividad. Dice asi, el curioso documento, el cual está escrito en papel común:
«Ramón Moná, mayor de edad y vecino del caserío de Calarcá, estoy comprometido con los señores Segundo Henao y Jesús Buitrago quienes representan el vecindario, para un contrato público que se ha celebrado y es a saber:
La echada del agua, que debo entregar en la partida del camino de «Los Planes» y de «Chagualá». El Plazo para poner el agua en este punto es de tres meses, sin perjuicio de tomar mucho interés en que sea antes (Que ojalá esté para el 20 de julio de este año) Este trabajo debo ponerlo a satisfacción de los señores ya dichos y de otros dos mas
Este contrato ha sido celebrado por la suma de 66 pesos de 8 décimos, de los cuales tengo recibidos a mi entera satisfacción 9 pesos de ocho décimos, para los cuales doy un fiador y principal pagador, al Sr. Santiago Parra, quien responderá por la suma dicha, y en caso del no cumplimiento. Para lo dicho firmo el presente, con mi fiador obligando para dicho comprometimiento, mi persona y bienes en general. Renuncio las leyes que me puedan amparar, las de domicilio y vecindad, y hago valer mis derechos bajo mi firma reconociendo ésta, como si fuera en papel competente, y firmamos yo, y mi fiador, el presente, en Calarcá a 22 de mayo de 1887, ante los testigos. A ruego de Roque Moná, y como testigo, Angel Ma. Giraldo, Santiago Parra testigo, Tomas Cardona. »
De la forma o fórmula adoptada para la entrega de los solares nos da idea la siguiente copia de acta de fecha 8 de septiembre de 1887, por medio de la cual se hizo entrega de varios solares.
En la fracción de Calarcá, a 8 de septiembre de 1887 reunida la Junta compuesta de los ciudadanos señores: Marcelino Cardona, Jesús Ma. Arias C., Angel Ma. Giraldo, Pedro Florez. miembros principales, siendo presididá por el Señor Presidente Isaac Londoño, teniendo por secretario al señor Tomás Cardona, y como hubiese quo-rum legal, el señor presidente declaró abierta la sesión y se ocupó de los negocios siguientes: 1º Se presentó ante la honorable Junta el señor Arnoldo Bernal, el cual hizo la siguiente proposición: Que se le entregaran 3 solares en terrenos de esta población, uno para él, otro para su hermano Eleuterio y el otro para una hija del señor Arnoldo, siendo obligación de este rozarlos, teniendo ya dados la suma de tres pesos sencillos, los cuales entregó a la mencionada junta. En tal virtud por unanimidad de votos se resolvió le sean entregados dichos solares al Sr. Bernal, los cuales serán entregados por los agrimensores de esta localidad. Y no hay otra cosa de que ocuparse. El señor presidente levantó la sesión. Para lo que se firma la presente acta, con el infrascrito secretario. El Presidente, Isaac Londoño. El Secretario Tomás Cardona.»
Ahora veremos la forma en que se procedía a reclamar de los vecinos, los solares que por cualquier motivo debían volver a poder de la Junta, o venderse a otras personas. La copia que sigue habla de uno de estos casos, y nos dice de la seriedad y energía con que se procedía cuando tal ocurría.
«Calarcá, diciembre 18 de 1887.
En esta fecha se reunió la Junta, para cumplir con los deberes a que está obligada; como representante de este caserío, y en cumplimiento de su deber dispuso: Llamar a los señores hijos del finado Ramón Franco, para interrogarlos de palabra, en plena reunión, para que digan, si el señor Ramón Franco (su padre) les dijo, que él le había regalado un solar en esta población al Señor Daniel de la Pava, a lo que contestaron que de esto no tenían ningún conocimiento, y que esto mismo podían declarar en juicio o fuera de él. En tal virtud, la Junta RESUELVE: Que el solar que el señor Daniel de la Pava reclama, se venda, cuyo valor quedará aplicado en favor de la construcción de la capilla. Quedando así terminado el trabajo de la Junta en esta reunión, firmamos, El Presidente Jesús Ma. Buitrago. A ruego de Manuel Franco, Joaquín Duque, -A ruego de Paulino Franco, Santiago Parra. A ruego de Antonio Franco - Rafael Martínez.»
Como día a día aumentaba la inmigración de colonos, que de Antioquia, Tolima y Cundinamarca especialmente, acudían con ánimo de instalarse en el caserío o sus alrededores, a, la vez que muchos venían atraidos por la merecida fama que tenía la región como rica en minas y guacas, no escasas del codiciado metal, fuera de que a otros los atraía ese espíritu novelero y quijotesco que todos tenemos; se veían pues ya bailes y parrandas, que las mas de las veces degeneraban en camorras y guachafitas; como también se jugaba públicamente a los dados y demás juegos prohibidos. Los fundadores, siempre alerta, tubieron en cuenta que ello de ninguna manera convenía a los intereses del pueblo, y por eso, reunidos en junta el 3 de mayo de 1887, resolvieron:
«En esta fecha se reunió la junta que representa los derechos de esta población y haciendo uso de las facultades que le confiere la ley ACUERDA:
1º El individuo o individuos que quieran hacer bailes, tendrán que traer el previo permiso de la Alcaldía de Salento, después de haber consignado allá los derechas que el Cabildo haya impuesto allí y pagando también aquí, a mas de eso, un peso de ley, por impuesto.
2º Prohíbense del todo los juegos de suerte y azar; la casa donde se encontraren dos o mas individuos jugando, pagará por vía de multa tánto el dueño de casa, como los tahúres, de diez a 25 pesos.
3º Prohíbense las carreras de caballos en los días de ferias en la población. El que contraviniere a este artículo, pagará 50 centavos de multa.
4º Los individuos que corten maderas para edificar los edificios la conducirán inmediatamente al lugar donde han de hacer la casa, esto, porque muchos cortan la madera y la dejan podrir en el monte, donde no debe dejarse por mas de 8 días. Pase al Alcalde de Salento. »
Existen varias otras actas de la Junta Pobladora, entre las cuales algunas empiezan así:
«En el gran caserío de Calarcá.......................... »
En otras se dice:
«La Junta, para el efecto de cumplir estrictamente con sus deberes y los que le han impuesto los laboriosos y buenos colonos......etc. etc...
Cuando fué nombrado el primer Comisario Mayor, Sr. Don Marcelino Cardona, éste trajo de Salento, para mostrar en el caserío, la credencial que le entregó el Sr. Alcalde de Salento, la cual dice así:
«Alcaldia Municipal del Distrito. Salento agosto 23 de 1887. Por decreto de esta misma fecha, ha, sido nombrado el Sr. Marcelino Cardona, Comisario de Policía para la fracción de Calarcá; y a la vez, se le han sugerido las facultades siguientes. Primera: Dar cuenta inmediatamente a esta Alcaldía del individuo que desobedézca sus órdenes, empleando los medios necesarios para hacerla cumplir de conformidad con las órdenes que dicta esta Alcaldía.
El Señor Cardona empleará y podrá hacer uso de la fuerza, cada vez que sea necesario, y esta Alcaldía le promete, por su parte, darle los auxilios y proteccion necesaria, para que obre con el ejercicio de sus funciones, sin extralimitar sus deberes».
El Alcalde, J. de la Cruz Cardona.
El Secretario, Juán Bata. Pulgarín.»
El 12 de septiembre siguiente, recibió el Sr. Comisario Mayor el oficio que en seguida copiamos:
«Alcaldía Municipal del Distrito de Salento.
Señor Comisario Mayor de la fracción de Calarcá:
Como Ud. sabrá, en esa fracción se nombró de tesorero al señor Eleazar Herrera, y Ud. está en el deber de entregarle lo recaudado perteneciente al Tesoro, llevando cuenta separada de todo.
Por ahora unicamente se decreta un gasto para la chapa del cepo, que se sacará de los fondos sobre contribuciones subsidiaria.
Le acompaño una orden para la cita de Santiago Parra.
No deje degollar res ni cerdo, sin que primero se paguen los derechos al Tesorero.
El Alcalde, J. de la Cruz Cardona».

La vida de esta ciudad, bien podemos dividirla en tres épocas distintas y que son:
Primera-De 1887 a 1890 en que por Acuerdo del Consejo Municipal de Salento, se le dió al caserío el carácter de corregimiento; la que habremos de llamar: EPOCA DE LA FUNDACION.
Segunda-De 1890 a 1905, en que de corregimiento, pasó a ocupar la categoría de Municipio, y que habremos de llamar, la EPOCA DEL CORREGIMIENTO, y
Tercera-De 1905, a la fecha, la que asi mismo podremos llamar, DE VIDA MUNICIPAL.
En cada una de estas épocas, Calarcá ha tenido sus hombres que se han distinguido, y que han sabido imprimir en la fisonomía del nucleo social, la característica de su idiosincrasia moral, patriótica y laboriosa.
Sus hombres que con sus aptitudes y en el medio en que vivían o aún viven, han contribuído a darle a Calarcá el prestigio que hoy tiene y el puesto que ocupa, haciéndolo uno de los municipios más importantes del llamado «DEPARTAMENTO MODELO»
Imposible sería hacer la interminable lista de los hombres a que nos referimos, con relación a las distintas épocas señaladas. Mas, como hay que ser siempre gratos con quienes han puesto el aporte de sus iniciativas y capacidades al servicio del distrito, para lograr el progreso alcanzado, citaremos algunos nombres, en orden y relación con tales épocas:

DE LA FUNDACION

Segundo Henao Román Ma. Valencia
Ramón Franco Cruz Peña
Jesús Ma. Buitrago Pedro Flórez
Baltazar Gonzalez Manuel Ocampo
Esteban Morales Ezequiel Peña
Claudio Valencia Juán J. Herrera
Gabriel González Francisco Velásquez
Jacobo Bermudez Pedro Herrera
Leobigildo Ospina Emilio Patiño
Joaquín Pérez Ciprian Flórez
José Ma. González Tomás Moná
Andrés Robayo Aniceto Arango
Félix Londoño Francisco Ospina
Pedro Ma. Osorio Santiago Parra
 

DEL CORREGIMIENTO:

Andrés Arango José D. Chica
Tomás Cardona Antonio Buitrago
Rafael Correa Toro Jacinto Correa T.
Isaac Londoño Marcelino Cardona
Belisario Ospina Jesús Ma. Londoño
Santiago Giraldo G. Benicio Herrera
Antonio Herrera Rogerio Gómez (P.)
Juan J. Valencia Erasmo Herrera
Rudesindo Herrera Juán J. Giraldo
Aristóbulo Ibáñez Diego Bermúdez
Juán Bta. Angel Bibiano Ospina
Silverio Bermúdez Jesús Arango Ch.
Juán Silva Marco Correa

DE VIDA MUNICIPAL:

En cuanto a los hombres de esta época; es decir de 1905 a la fecha, habremos de limitarnos a citar unicamente aquellos nombres de los que ya no existen, y que se distinguieron siempre, como ejemplares patriotas, de espíritu público y laboriosa actividad en provecho de los asociados.
Entre estos, tenemos por ejemplo, a un Pío Agustín López; espíritu de selección, cultivado, caracterizado y noble.
A- Benito González; el tipo del hombre austero, sobrio, trabajador, ecuánime y modesto.
A- Catarino Cardona; el que pudiéramos llamar entre nosotros «El Hombre de las Leyes»; gran talento, cultivado en las paginas de los libros del Derecho; nutrido cerebro de grandes conocimientos en esa dificil ciencia social. Culto. Caballeroso, pulero y consagrado a las fuertes disciplinas del cerebro.
A- Benjamín Palacio; de muy semejante índole a la del viejo Benito Gonzalez: patriota, metódico, práctico en ciertos achaques de semi-ingeniéría, bien oportunos en su época y que dejaron imperecedero recuerdo de su nombre, vinculado a ciertas obras municipales, de la clase.
Luis Ma. González; el hombre del campo y la ciudad; luchador incansable por el progreso calarqueño; sin mayor ilustración, pero de un sentido común y amplio criterio, en achaques de administración pública municipal.
A-- Pedro Pablo Valencia; el diplomático alcalde de mas de 12 años consecutivos en Calarcá (Caso único en la historia de Colombia), que supo interpretar la idiosincrasia de este medio. Diligente, activo, jovial y democrático.
A - Ricardo Ortiz; talento preparado para las luchas cívicas; ejemplar ciudadano: ilustrado en asuntos de administración pública, en casi todos sus ramos; cultísimo, de aquella, cultura, sin zalamerías, y con un carácter templado al rojo matiz del acero que corre.

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De los demás hombres de valía, y que son y han sido elementos de progreso efectivo, nos dan una mejor idea las páginas de este folleto, que hablan de las actividades a que se dedican los hombres de hoy, en un medio propicio a todas las ramas del saber y de las industrias, las artes y oficios humanos.

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COPIAMOS EL MEMORIAL DIRIGIDO AL SEÑOR MINISTRO DE HACIENDA.

En solicitud de los terrenos que constituyen el municipio de CALARCA, y a que hemos hecho referencia.

Los lectores habrán de admirar esta manera de pedir a las altas autoridades, en forma tan clara, tan razonada, tan sencilla y respetuosa, que imposible hubiera sido el que no se consiguiera lo deseado.
«Los suscritos, naturales indistintamente de los diversos distritos del departamento de Antioquia, residentes hoy en las montañas vírgenes del «Quindío», territorio baldío de la nación, perteneciente a la provincia de «El Quindío», en el departamento de «El Cauca», por conducto, de ese ministerio, al Gobierno Nacional, exponemos muy respetuosamente:
Que agobiados por la inesperanza de adquirir propiedades en territorio antioqueño, y pensando en el porvenir de nuestros hijos, abandonamos resueltamente, a pesar del sentimiento natural que produce la separación del suelo donde se nace, aquellos lugares, para, venir a poblar estas regiones incultas.
Sin mas elementos que la salud y la fuerza, sin mas capital que el hacha, y sin más apoyo que el de Dios, hace ya para veinte años que hemos ido entrando diseminadamente a formar hogar en estos bosques con risueña esperanza de fundar propiedad para nuestros decendientes.
Hoy formamos ya un grupo de mas de 500 habitantes que componen mas de 150 familias, y hemos formado en el valle del rio «La Vieja», al pie de la cordillera Central una hermosa población denominada Calarcá, nombre del ilustre avorigen que, esquivó la conquista, hasta obtener su muerte natural en estos lugares. Aqui, señor Ministro, tenemos cementerios agrestes sobre-agrestes, bellas y bajas colinas y a la sombra de árboles seculares, donde se destacan multitud de cruces de madera, que cada una de ellas señala el sepulcro de un compañero, de un deudo, o de un amigo: Aquí hay hombres que cubren con una faja negra la copa del sombrero, insignia de luto y de dolor porque han perdido sus esposas, dulces y resignadas compañeras de nuestra inmigración: Aquí hay viudas y hay huérfanos que se consuelan en su dolor, con la herencia que han recibido de amor al trabajo y la pequeña apertura de montes que sus antecesores les dejaron, con casa y sementeras que sostienen contentos con su trabajo, porque estas facilmente los sustentan, y alimentan su esperanza de que la propiedad adquirida será trasmisible: Aquí hay una agrupación de mas de cuarenta casas, que forman la base de nuestra población, bien ordenadas, formando calles y plaza, la cual se denominará «Plaza de Ricaurte», en conmemoración del héroe que sacrificó su vida por la independencia Nacional.
Calarcá, héroe invencible que luchó durante su vida en defensa de este suelo. Ricaurte, héroe sacrificado en defensa del suelo patrio y ambos contra las huestes españolas, son dos nombres que con placer y orgullo, les consagramos su recuerdo: Aquí hay locales destinados para casa Municipal, escuelas primarias e iglesia, donde tenemos una capilla en construcción, pues siendo el pueblo antioqueño esencialmente cristiano y católico, el primer edificio de su pueblo, es la iglesia parroquial.
Como el señor Ministro ve, estamos animados de buenos propósitos, pero hay algo que contrista nuestras almas, y nos llena de angustia: y es el ver que nuestros hijos se crecen sin educación. Estamos en el corazón de estas montañas, lejos de los centros de civilización, y fuera de los límites de nuestro suelo natal, donde el gobierno tanto propende por la educación, y aunque pertenecemos a este departamento, su territorio es muy inmenso y el Tesoro no alcanza.
Solicitamos del Gobierno Nacional, que es nuestro padre común, una subvención o auxilio para la educación de nuestros hijos, mientras la sostenemos a nuestras expensas, pues hoy sólo contamos con recursos para alimentarnos.
Conocemos en oidas algunas disposiciones de la Ley,o leyes sobre baldíos, y si bien vemos con gusto que éllas en parte fomentan la inmigración; también vemos con temor que la propiedad de éllos puede pasar a empresarios y a negociantes, y, es por esto que elevamos este memorial a nuestro gobierno, para que hoy que el Congreso, augusto y soberano cuerpo de la Nación, se halla reunido dicte un acto legislativo especial, que nos favorezca en la propiedad de una faja de los inmensos baldíos que aquí tiene.
Una conceción, como a nuevos pobladores, según las reglas del Código de Fomento, talvez será mas difícil que dictada por ley especial, y en este caso, emplazando medida, pero designando cantidad, ésta podría hacérsenos dentro de los que demarcan estos linderos:»
«Nacimiento del raudal Nabarco o Cumbarco»; siguiendo el curso de sus aguas, hasta la dirección «Alto del Castillo» (límites con el distrito de Salento); siguiendo esta línea, que fija el plano de este distrito, hasta el raudal «EI Roble»; siguiendo el curso de sus aguas, hasta el desemboque de éste en el río de «La vieja»; éste arriba, hasta la afluencia del «Quindío»; éste arriba, hasta la confluencia del «Rioverde»; por éste a sus nacimientos en la cordillera, (límites con el departamento de "El Tolima") por la línea con este departamento, a buscar la dirección del punto de partida.»
Esta demarcación comprende, poco mas o menos, un territorio de doce a 14.00Ü hectáreas, que es el número que por la presente solicitamos, como conceción en favor de esta nueva población y para los nuevos pobladores que vengan en lo sucesivo.
Estamos seguros y ciertos de que una disposición favorable, atraerá millares de familias, y pronto, esta agrupación será erigida en entidad de las que reconoce la Constitución y de tanta consideración, como es hoy la de Pereira, la mas pujante de todas las que ha formado la inmigración pacifica de Antioquia en esta provincia del "Quindío"
Esperamos de su Señoría, que acogerá y protegerá favorablemente esta solicitud, dándole el curso legal, la cual firmamos en Calarcá, el domingo nueve de septiembre de 1888 Es copia Por Román Mª Valencia." Va con doscientas treinta y una firmas."

Es de admirarse de veras, el talento natural y extraordinario alcance del noble y entusiasta fundador, Sr. Dn. Román Ma. Valencia, para apreciar el porvenir que se auguraba al pueblo de Calarcá, si leemos las profecías escritas por él en noviembre de 1886, en Pereira; es decir, desde el mismo año en q' se inició la fundación de la ciudad, y despues de que este patriota incansable, hizo su primera excursión por estas regiones. Se necesita un talento como el de este patriarca, para profetizar así el futuro de una región selvática y desconocida, apreciando desde ese entonces, y solo atravesándola por una vez, las condiciones que la hacían apta para la empresa que desde un principio acometieron con empeño y con cariño.
Publicamos a continuación el artículo en referencia, publicado en la imprenta «La Luz», por considerar que es de un gran valor de la actualidad.
«Calarcá: Con este nombre se intenta fundar una nueva población, al pié de la cordillera Central, en el hermoso valle del rio «La Vieja» y en medio de los ríos «Quindío y Santodomingo»; lleva este nombre en conmemoración del célebre cacique CALARCA, jefe de los indios «Pijaos» y las tribus que poblaban dicho valle.
Este intrépito caudillo sostuvo la guerra durante la Conquista, sin dejarse vencer ni pisotear sus dominios; por lo que los naturales pudieron librar su territorio del saqueo y pillaje de los españoles.
Hoy se han descubierto asientos de poblaciones inmensas donde sacan el oro de las guacas por arrobas; bellísimos obrajes de barro, y otras mil preciosidades de la industria de aquellos inteligentes aborígenes.
Mas de quinientos guaqueros hay hoy diseminados en esas inmensas selvas, extrayendo el oro de los sepulcros. A juzgar por las figuras de oro y de barro que sacan, de tan variadas y distintas formas y dibujos, puede decirse que eran de las tribus mas adelantadas en el arte de la escultura, la pintura y el dibujo.
No hay nada mas simpático para el hombre laborioso, que ese territorio tan privilegiado por Dios, de tan asombrosa feracidad y riqueza en productos vegetales y minerales.
Hay actualmente 10 fuentes saladas descubiertas, y de ellas, 6 en elaboración; así como 5 famosas minas de veta, fuera de varias otras descubiertas, y para descubrir, sin cuento; porque las faldas de la cordillera en esta extensión, todas son auríferas.
Dede las márgenes del río «La Vieja» hasta la cima de la cordillera, se encuentran todos los climas apetecibles, y son generalmente sanos.
ANTIOQUEÑOS: A las hachas, los que vivís sin patrimonio, a voluntad de un rico feudad. Aquí, donde podéis dejar a vuestros hijos el fruto de vuestro trabajo y un terreno en propiedad; aquí, donde las selvas seculares con sus robustos y corpulentos árboles, desafían vuestras fuerzas titánicas; aquí a gozar del placer del antioqueño, en descuajar las montañas vírgenes y convertirlas en campos cultivados y hermosas poblaciones.
AMBICIOSOS DEL ORO: Aquí, donde hay inmensos veneros y donde Calarcá y sus súbditos, lo dejaron por quintales sepultado en las entrañas de la tierra.
Los que pensaís en inmensos potreros de pastos artificiales, para dehesa y cría de ganados; aquí, en el inmenso valle de "La Vieja".
Los que soñáis en terrenos fríos para el cultivo del trigo, la papa y otras empresas análogas, teneis las faldas de la cordillera, donde encontrareis el clima que os acomode.
Venid todos, que aunque nuestros vecinos nos miren con ánimo prevenido, les probaremos que no venimos aquí con miras siniestras, sino con el solo fin de trabajar en estos terrenos libres e incultos, y de aumentar la población y riqueza de este suelo agradecido, hermoso y fecundo.
Si no os gusta la nueva población, encontraréis a Salento en las faldas de la cordillera, rico en minas y trigo; a Circasia, bellamente situado en un hermoso valle, rodeada de terrenos fértiles y abundantes; a Filandia, aunque en terreno muy desigual, que goza de una temperatura agradable, y de terrenos magníficos; a Pereira, población importante, y ventajosamente situada, donde el comercio antioqueño ha hecho escala y centro de operaciones, para sostener a las nuevas poblaciones.
Todos estos pueblos ofrecen al inmigrante comodidades y grandes ventajas para el porvenir.
Y, no será tan extraño suponer que si la canalización del itsmo se lleva a término, la puerta de la República, será Buenaventura, y el ferrocarril a Cali un hecho consumado, y de alli, la necesidad del ferrocarril a la capital de la República, el cual sólo tropezará con el paso de la cordillera; porque de Cali, pasando por Palmira, Buga, el terreno de Burila, y Calarcá, hasta el río Quindío, casi está de tender rieles; lo mismo que de los nacimientos de Combeima, pasando por Ibagué, hasta Girardot.
Antes de concluir; nos permitimos indicar, para lo que convenga, a los hombres progresistas de Colombia, que hay un camino explorado, el cual, partiendo de El Zarzal, pasando por el territorio de Burila y Calarcá, sale a Anaime, poniéndolo en directa comunicación con Ibagué, la vía mas corta para el camino nacional, de Bogotá a Buenaventura.

ROMAN MARIA VALENCIA

Pereira 10 de noviembre de 1886»

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Es pálido nuestro concepto anterior, si hemos de considerar que hoy son una realidad: el canal de Panamá; Buenaventura uno de los mejores puertos de Sur América, y realmente LA PUERTA DE LA REPUBLICA; el ferrocarril del Pacífico hasta Armenia; se construye el tunel en la cordillera; llega hasta mas acá de Ibagué el ferrocarril que viene de Bogotá; se hace el paso de la cordillera por la carretera nacional, y se cumplen al pie de la letra, las profecías de este clarividente patriota, valioso ejemplar de una raza.
N. del A.

Hasta el año de 1926, CALARCA contaba con una extensión territorial, aproximada, de 1.200 kilómetros cuadrados, y dentro de ese territorio había 4 corregimientos, de los cuales sólo le quedaron los de Barcelona y Córdoba, pues la Ordenanza Nº 11, de 27 de Marzo de 1.926 erigió en municipio los corregimientos de Colón y Génova, segregando el territorio que ocupan, y con cabecera en Colón.
Se calcula en 680 kilómetros cuadrados la extensión territorial que ha quedado al distrito, desde el 1º de Enero de 1927, en que empezó Colón su vida de municipio, por razón de la citada ordenanza.
Los límites actuales del distrito de Calarcá son: «Del puente de hierro sobre el rio «Barragán», vía Caicedonia; por este rio abajo, hasta donde le desemboca el río «Quindío»; este río arriba, hasta ponerse en frente de donde termina la cuchilla de «El Cusumbo» ramificación de la cuchilla de «El Castillo» y dependencia de la Cordillera Central de los Andes; por la cuchilla de «El Castillo» hasta el alto del mismo nombre; de aquí, en línea recta, que pasa por la finca de Benicio Herrera, sale al camino viejo que gira hacia el Tolima; por este camino hasta la cima de la cordillera Central, en el punto denominado «La Línea»; por la cordillera dicha, hacia el sur y por su cima, hasta el alto de «El Diamante»; de aquí línea recta y por montaña, a buscar el nacimiento de la quebrada de «Rancho de Cáscara», que es de las que forman, con otros afluentes, el «Riolejos»; por este río abajo, hasta donde le desemboca por el lado norte la quebrada de «El Tigre»; por esta quebrada arriba, hasta su nacimiento; de allí, línea recta, a la cuchilla de «El Carnicero»; de aquí y hacia abajo, al alto del mismo nombre; de aquí, siguiendo hacia abajo y al occidente, hasta ponerse en frente de los nacimientos de la quebrada mas alta que desciende de la misma cuchilla; siguiendo la corriente de dicha quebrada, que con otras forman la quebrada de «Sardinero»; por ésta abajo, hasta donde desemboca en el «Rioverde»; éste abajo, hasta el puente de hierro, sobre este mismo río, vía Caicedonia; de aquí, y por el camino Nacional que gira hacia Caicedonia, hasta el puente de hierro, sobre el «Barragan», punto de partida.»

NOTA:
Desde que en la anterior relación de linderos, se nombra el «ALTO DE EL DIAMANTE», hasta volver al punto de partida, se trata unicamente de los linderos con el nuevo municipio.
Estos linderos son todo lo mas absurdos que se pueda imaginar, sin que pueda uno explicarse, observándolo bien, cómo es que se inventaron una tan complicada línea, que forma un verdadero ziszás; lo que un buen observador puede apreciar en el mapa del distrito, que se acompaña a estas páginas, en el cual se ven bien claras las quebradas, ríos y camino que constituyen dichos linderos.
Los terrenos en donde se encuentra edificada la ciudad (como ya lo hemos dicho) pertenecían al Sr Don Ramón Franco, en el año de 1886, cuando los fundadores empezaron la edificación; terrenos estos que don Ramón cedió a la ciudad, por escritura pública de 8 de septiembre de 1887, otorgada ante el Notario Público del distrito de Salento, Sr. Cesar Mata, y marcada con el Nº 118; a favor de Jesús Ma. Buitrago, en carácter de Presidente que era, de la Junta Pobladora, en tal fecha.
El trazado de las calles y plazas lo hicieron don Segundo Henao y don Román María Valencia, como con muy nimios detalles nos lo relata don Emilio Patiño, testigo presencial y activo ayudante de los viejos fundadores, quien es, en verdad, uno de los que en esa época conoció mejor a los hombres y hechos en referencia.
El caserío se elevó a la categoría de corregimiento por Acuerdo del Concejo de Salento, el 26 de febrero de 1890; es decir, a los 4 años no cumplidos, de haberse empezado a fundar, y le correspondió a don Belisario Ospina, ser su primer Corregidor.
A don Benito González le correspondió ser el primer Juez municipal, por Decreto de 15 de diciembre de 1890; siendo que la mayor parte de los que ejercían tales funciones, trabajaban ad - honoren.
El 23 de octubre de 1890, empezó para Calarcá su vida de Viceparroquia, bajo la, dirección del Pbro. Dr. don José Ignacio Pineda, a quien correspondió la bendición de la capilla, en el día de su inauguración con la primera misa que se decía en élla. En el mismo año y el mismo sacerdote, bendijo el cementerio católico, en la fecha 11 de noviembre.
La primera escuela que funcionó, empezó el 1º de junio de 1890, a cargo de don Juan de J. Herrera, y a ella concurrían 32 alumnos de ambos sexos.
El 23 de junio de 1903, se instaló la oficina telegráfica, y es de anotarse que al frente de dicha oficina se colocó al ciudadano Sr. don Ismael Zapata, quien ha venido desempeñándola hasta la fecha; es decir durante 27 años. Esta oficina fue dotada de un ayudante, en julio de 1920, al ser elevada a la categoría de oficina de traslación, y en septiembre de 1929, se le dotó de un oficial de recibo.
El cuadro que indica el movimiento de esta oficina, en el año de 1929, que verán los lectores de este folleto, nos da una idea de la importancia de élla, y de la categoría que ocupa entre las de su clase.
EI mismo 23 de julio de 1903, se instaló la oficina de Correos, la cual tiene anexa la de Giros Postales, y cuya importancia se deja ver también, si se observa el cuadro a élla correspondiente.
En 1912, se creó la oficina de la Inspectoría Municipal de Policía, la cual dejó de funcionar a fines de 1913, pero que se creó nuevamente en 1917.
El 28 de Junio de 1928, se creó la oficina de la Inspección 2ª de Policía, con las funciones a la vez de oficina de Tránsito, y que aún funciona como tal.
La ley 18 de 1917, creó el Juzgado 1º del Circuito, compuesto de los municipios de Calarcá y Salento, que hoy lo integra también el de Colón (hoy Pijao) segregado del primero de ellos.
La Ley 68 de 1925, creó el Juzgado 2º de este circuito de Calarcá, viniendo a llenar un gran vacío, pues se hacía imposible la rápida administración de justicia con un solo Juzgado. Por los cuadros que mas adelante se verán, conoceremos mejor la importancia de esta medida, pues en ellos se ve el movimiento de un cúmulo de negocios incapaz de atenderse por un solo Juzgado.
La oficina de Registro de Instrumentos Públicos, empezó a funcionar el 13 de mayo de 1915, y en el año de 1905, funcionó ya la Recaudación Municipal de Hacienda Nacional.
La Inspección de Sanidad, o Higiene, fué creada en 1927, dejó de funcionar en febrero de 1928, y ha sido nuevamente creada en Abril del año en curso.
La oficina de Agricultura y Estadística Municipal, se estableció en enero de 1918, y quien escribe estas memorias ha estado al frente de ella de 1920 a 1925, y en lo transcurrido del año que corre.
Cuando en el año de 1890 (23 de julio) se efectuó una excursión dirigida por el entonces Prefecto de la Provincia del «Quindío» Sr. Don Francisco M. Delgado, en comisión del Gobernador del antiguo Cauca; comisionado a la vez por el Congreso, a fin de que informara sobre la conveniencia y legalidad de ceder por la Nación los baldíos solicitados, enfermó durante dicha excursión el citado Prefecto Sr. Delgado; quien murió en el desempeño de su cometido.
Si nuestra memoria y la de los individuos que galantemente nos han suministrado algunos datos al respecto, ha de ser fiel, la lista que publicamos en seguida en la que figuran los individuos que en la época que llamamos de LA FUNDACION; en la que denominamos DEL CORREGIMIENTO, y en la VIDA MUNICIPAL, han desempeñado los más importantes puestos en su administración parece ser la más completa hasta la fecha.

COMISARIOS:

ALCALDES:

Luis Tabares-

Benjamín Palacio.

Marcelino Cardona

Antonio Herrera-

 

Quintiliano Bueno-

INSPECTORES de POLICIA.

Ricardo Ortiz-

Belisario Ospina-

Teodosio Naranjo-

Pablo Castaño-

Diego Molano-

Luis Jaramillo E.

Eliseo Tobón-

Belisario Marín-

Jesús Ma. Quintero-

Gral. Aristóbulo Ibáñez-

Laureano Uribe-

Eusebio Medina-

Apolinar Fernández-

Eleazar Herrera-

Pedro P. Valencia

Benicio Herrera-

Fernando Villegas-

Emilio Patiño-

Felix Botero J.-

Segundo Henao-

Francisco L. Gallo-

Juan J. Valencia.

Ramón Aristizábal O.

Marco Fidel Jaramillo-

JUECES MUNICIPALES:

Miguelánguel Franco-

Benito González-

Miguel Garrido-

Luis Ma. Henao.

Jesús A. Idárraga-

Ramón Sierra.

Luciano Echeverri G,

JUECES DEL CIRCUITO:

Ricardo Ortiz.

Francisco Restrepo Z.

Eduardo Isaza y A.

José Miguel Jiménez.

Jesús Mejía

Julio C. Henao-

Francisco Restrepo Z.

lsmael Morales.

Manuel Buitrago.

Daniel Betancourt.

Jeremías Rico G.

Isaac Ramírez.

Pedro Valencia-

Luis Dávila.

Norberto Ossa

NOTARIOS PUBLICOS:

Abelardo Restrepo V.

Pompilio Palacio A.

Luis Martinez M.

Carlos R- Hoyos

Gonzálo Uribe.

Ignacio Buitrago

Benjamín Buitrago.

Miguel Muñóz.

Registradores de I.I. P.P.

Ismael Zapata.

JEFES DE LA INSPECCION 1ª de P. M.

Jesús Ma. Quintero-

Luis Jaramillo-

Félix Botero J.

Francisco Elejalde-

Antonio M. Aguirre R.

Apolinar Fernández-

Gonzalo Alzate L.

Eduardo Alvarez R.

Ramón Alzate-

TESOREROS MUNICIPALES

Benjamín Botero-

Alejandro Jaramillo-

Carlos Tobón

F. Mario Patiño.

Alejandro Villegas B.

Juan J. Giraldo.

Jesús Ma. Orozco Z.

Francisco Restrepo.

Salustiano Sabogal-

Benjamín Botero E.

Horacio Ceballos-

Humberto Herrera.

Miguel Muñoz.

Germán Valencia D.

Joaquín E. Gómez

Jesús A. Idárraga

Hernando Acevedo-

Pedro Mejía.

Rafael Jiménez-

Carlos Mazuera

TELEGRAFISTAS:

Gilberto Cadavid-

Ismael Zapata. (Jefe)

Felix Giraldo A-

Bernardo Restrepo (Of.)

Carlos A. Díaz (id.)

2ª de P. y Transito

Pedro Fayad-

INSPECTORES DE HIGIENE

Enrique Paneso O.

Juán Bta. Buitrago.

Juan P. Osorio-

Francisco Pareja-

Antonio J. Restrepo.

Arturo Valencia-

Directores de Agricultura y Estadística Municipal. Pedro Vicente Cuellar - Eduardo Hernández - Juan B. Buitrago - Miguelángel Franco - Eduardo Isaza y A.

CURAS PARROCOS

Pbro.

José I. Pineda: De 1889 a 1894.

"

Ismael Valeneia: De 1894 a 1901.

"

José Ma. Arias: De 1901 a Septiembre del mismo.

"

Sacramento Jiménez: De 1901 a 1905.

"

Ismael Valencia: De 1905 a 1909.

"

Francisco A. Botero: De 1909 a 1913,

"

Luis Gonzaga López: De 1913 a 1922.

"

José A. Marín: De 1922 a la fecha.

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El plano de la iglesia parraquial, es copia del de la iglesia de la Inmaculada (de Manizales) y el primer libro parroquial de bautismos lo abrió el Pbro. Dr. José Ignacio Pineda, en 1889. La primera partida de nacimientos, aparece con fecha 20 de ctubre de dicho año.
Los datos anteriores, nos han sido galantemente suministrados por el actual Cura Párroco, Dr. José A. Marín.

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Lista de los individuos que viven o han sido vecinos de Calarcá, por largo tiempo, y cuyo grado militar se ha reconocido; aunque no sabemos, si oficialmente, a todos ellos:

Gral Aristóbulo Ibáñez id. José Ma. Echeverri
Coronel, Juan de la C. Sánchez id. Marco Barrera
id. Marco Hincapié id. Uladislao Restrepo
Comandante, Nemesio Peña id. Juan de la C. Ospina
id. José Castro Alferes, José Bermúdez
Capitán, Antonio Gallego id. Andrés Toro
id. Crisanto Ruiz id. Jesús Ma. Arias
id. Francisco Ospina id. Nicolás Jaramillo
id. Eliseo Tobón id. Andrés Tabares
id. Isaac Londoño Teniente, Segundo Henao
id. Bibiano Toro id. Silberio Bermúdez
id. Faustino Valencia Sargento Mayor, Honorio Henao.
id. Pío Agustín López    

 

Don BENITO GONZALEZ

Cuando en el año de 1924 tuvimos la idea de publicar un folleto por el estilo del presente, y que por causas que no son del caso citar, nos fué imposible hacerlo, escribimos esta página, inspirados en el recuerdo del noble anciano, a quien nos correspondió conocer bien, y a quien Calarcá debe gratitud.
Bien sabemos que nuestra pluma no está lo suficientemente preparada para hacer el panegírico de este o de ninguno de los hombres que, como Don Benito, fueron verdaderos exponentes de patriotismo y grandes virtudes cívicas.
Aprestigiaban la nobleza de su alma y su carácter jovial, su humilde vestir y sus maneras sin pretenciones de índole ninguna; su característico andar pausado y lento, con las manos cruzadas hacia atrás, mirando siempre al suelo, como en constante cavilar, cuando recorría las calles del poblado.
Este buen anciano, hombre sin máculas y fíel exponente de esa raza de patriarcas antioqueños; que jamás supo de malas artes, y que siempre estuvo listo a prestar el valioso contingente de sus oportunas indicaciones; que tánto bien hizo y le procuró a este pueblo, fue uno de los hombres a quienes Calarcá, si es grato, les debe consagrar el culto de un cariñoso recuerdo.
Nació Don Benito en «El Retiro», (Antioquia) en eI año de 1849, y contrajo matrimonio en Aguadas con Doña María Jesús Palacio, en el año de 1876.
De grande espíritu novelero y emprendedor, tuvo noticias de la bondad y riqueza de estas tierras, lo que lo invitó a conocerlas, llegando a Calarcá en el año de 1889; es decir, a los tres años de haberse empezado a fundar la población, y cuando apenas existían unas pocas casas de techo de astilla, y hacía de autoridad única, el Comisario de Policía.
A Don Benito le correspondió ser el primer Juez Municipal de Calarcá, y luego le tocó desempeñar por largo tiempo y en distintas épocas los empleos de Alcalde, Personero Municipal, Juez Poblador y otros de importancia, distinguiéndose en todos ellos por su nunca desmentida honradez, actividad, consagración y acierto. Vástago de una noble estirpe, supo siempre conquistar el cariño, la confianza y estimación de cuantos tuvimos el honor de conocerlo a fondo; de estrechar con frecuencia su mano de amigo cariñoso, de pulcro anciano, de trabajador incansable, de luchador invencible en las regias luchas de su vida de acción fecunda.
Era de verlo en sus últimos días, cuando ya su organismo debilitado por el rudo laborar de toda hora; cuando ya las fuerzas decaían minadas por la cruel dolencia que lo llevó al sepulcro; era de verlo, repetimos, sentado a la vera de su cristiano hogar desde antes que saliera el sol, hasta avanzadas horas del día, interrogando a las gentes por las últimas noticias; por las empresas del distrito; por las obras en construcción o en proyecto, y en fin, por todo aquello que fuera de interés general, y de provecho al buen nombre y adelanto de su pueblo. Porque Don Benito quería mucho a Calarcá. Exagerando me decía alguna vez, para manifestar su cariño a Calarcá: "Jamás he pensado en irme a morir a otra parte. Aquí he de dejar mis huesos: Tengo ya comprado el puesto para que me entierren a mi solito. En la guerra pasada me daba verdadero horror que me llevaran a morir quien sabe donde, lejos de mi pueblo querido. Afortunadamente ya la otra no me alcanzará y, pronto, pronto me les voy".
Así sucedió efectivamente. Antes de los dos meses siguientes a esta charla, ya el buen viejo estaba en el cementerio que de antemano se había improvisado.
No fué Don Benito de los que tomaron parte en la iniciativa de fundar a Calarcá, pero si llegó precisamente cuando se daba impulso a la tarea de levantar el caserío. Tomó empeño especial en todas sus obras y, sin lugar a duda, fue para Calarcá uno de los principales elementos activos de progreso en todo sentido.
Murió Don Benito el 24 de febrero de 1924, dejando sumida en la más profunda tristeza a la matrona virtuosísima que, con cristiana resignación y elevado espíritu, compartió con él las horas felices, como las crueles y amargas de su vida.
Los hombres como Don Benito, son por cierto bien escasos ya, y Calarcá tiene que ser grato con todos ellos, consagrando su memoria y reconociendo los muchos servicios que desinteresada y oportunamente le dispensaron, los que como él, supieron consagrar sus energías al servicio de este pueblo.
Hay que ser gratos, y hay que dignificar las voluntades que, como la de esta clase de varones, consagraron sus aptitudes a darnos ejemplo, legándonos a la vez, el buen nombre alcanzado por Ia Patria chica que habitamos.
Descubrámonos ante la tumba solitaria de este varón ennoblecido por el trabajo, y ejemplar ciudadano, digno de imitarse.

 
 

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