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 ADÁN ENGAÑA A EVA

¿Casa quindiana?Por José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

Sorprende el inusitado interés de los armenios por la polémica suscitada alrededor de la escultura Casa Quindiana, del señor Duván López, que reemplazó la figura de un desangelado camello en una glorieta de la ciudad. No pensé que tanta gente quisiera opinar, desde diversos saberes, sobre un artefacto instalado en un espacio público.

Me llegaron, después de mi columna ¿Casa Quindiana?, decenas de mensajes que comentan esa pieza. Me preguntan muchas cosas a la vez. Opto por responder a través de mi correo personal la mayoría de esas inquietudes.

Dice alguien que la obra en sí misma, como lo expresé, no le causa emoción alguna, excepto el pesar por el dinero público gastado en ella.

También me dice una amiga que esa estructura presenta errores técnicos de perspectiva y composición y que nos quieren meter gato por liebre a los ciudadanos cuando se habla de que la obra clasifica como arte cinético; Ella pregunta ¿dónde está la ilusión óptica?

Otra persona me escribe que esa estructura no es una obra inteligente. La mayoría de mis corresponsales cuestionan la escultura. Esa obra, estimo, es producto de una visión bidimensional de la realidad, con lo que traza sus propias fronteras. Otro mensaje acusa al artista de acudir a la mitomanía para engañar nuestros sentidos. Adán engaña a Eva en el paraíso.

Más allá de la obra, me preocupan las limitaciones de nuestro arte, su precaria propuesta estética y, obvio, los mecanismos de selección de las obras públicas.

Así como el concepto de belleza cambió después del romanticismo, el arte objetual —la pintura y la escultura tradicionales— se transformó en los pasados cincuenta años.

El arte deconstruye, ahora, la idea excluyente de las bodegas de pinturas, de una museografía cuadriculada, y explora las artes relacionales, expandidas, como un regreso a la esencia del hombre. Lo asemejo con la inocencia prístina del arte precolombino.

Se habla a partir de Joseph Beuys de conceptos como la "escultura social" que inauguran otras visiones de mundo. El perfomance, por ejemplo, más que una vanguardia, es una expresión que hace al ser humano trascendente en su cotidianidad: obra de arte por sí mismo. Marina Abramovic, serbia, o la misma María Teresa Hincapié, quindiana, son gestoras de una transformación que no excluye otras miradas, pero que sí las critica.

El asunto con la Casa Quindiana, en otros ámbitos, ni siquiera daría para una polémica porque nadie se atrevería a tratar de engañar de una manera tan protuberante. Es como si aquí en Armenia la historia no hubiera pasado y fuéramos aún una ciudad encerrada en sí misma.

Nos menosprecian el artista y sus áulicos. No perciben los nuevos vientos. Lástima: todos perdemos.

 NOTAS ANTERIORES
¿Casa quindiana? | "Yo tengo un sueño" | El camaleón | Las traiciones del liberalismo |

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