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 ARTES VISUALES

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Los guaduales y las palmas de cera fusilan nuestra fantasía"

Los pueblos, como los niños, necesitan aprender a mirar más allá de la imagen que perciben sus ojos. Los niños pequeños no entienden el riesgo que significa la punta o el filo de un cuchillo, como los pueblos no intuyen el precipicio que se avecina cuando deciden tomar el camino trazado por un líder daltónico. Ambos no saben que el primer peligro está en el candor de la mirada.

No se puede saber que hay detrás de un muro si no se aprende a ver la metáfora del vacío —del color, de la oscuridad—. Cuando en el siglo dieciocho Francisco de Goya inventó una mirada, trascendió la idea del arte decorativo y religioso, y fundó la militancia de la crítica en la modernidad de la plástica, hizo de España una nación que observaba más allá de las vergüenzas de la Santa Inquisición.

Esa es la misión del arte en la sociedad: descubrir los valores de su conciencia, de sus instintos volcánicos, crear símbolos que exhiban esas certezas y dudas, elevar la autoestima del clan y, claro, hundir el dedo en las llagas del alma colectiva.

Goya pintó dos extraordinarios cuadros: El dos de mayo y Los fusilamientos del tres de mayo y grabó en sus láminas Los Caprichos la historia de una España dominada por las perversiones del clero y de la aristocracia. Denunció las lacras de esa sociedad.

En el Quindío recibimos tarde esa influencia, porque siempre copiamos sobre el sepia de la melancolía. Nos queremos parecer tanto a otros, es de tal dimensión nuestro arribismo, que olvidamos explorar caminos propios; terminamos obnubilados por el reflejo de la realidad que nos circunda. Nos traga la aséptica cuadratura del paisaje: los guaduales y las palmas de cera fusilan nuestra fantasía, anulan nuestro pasado campesino y aniquilan el deseo de crear otros universos.

Recuerdo un relato de Marguerite Yourcenar, en Cuentos Orientales, cuando Wang- Fó, condenado a muerte por el emperador de la provincia de Han, pinta un lago en un cuadro, luego una barca, sube en ella, rema sobre las olas de la ficción y escapa de la cárcel. Realidad y fantasía se funden para desdecir de la razón pura.

Aprender a ver: "Wang-Fó advirtió la forma delicada de un arbusto, en el que nadie se había fijado entonces, y lo comparó a una mujer joven que dejara secar sus cabellos".

Llegó la hora de entrenar la mirada con los relatos de diversas culturas, sin olvidar que somos hijos de esta tierra. La creación del Programa de Artes Visuales, en la Facultad de Ciencias Humanas y Bellas Artes, en la Universidad del Quindío, desbroza caminos para otras estéticas en la región.

La loca de la casa, la imaginación, toca a nuestra puerta. Llegó para quedarse en el Instituto de Bellas Artes.

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