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 CAMINAR ES SAGRADO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"La performance es el arte de la acción"

Las sociedades, en cada época, tienen un modo de hablar, mirar y caminar. Hablan desde su experiencia fonética y semántica de siglos, haciendo uso de un legado que deconstruyen o afinan de acuerdo con su necesidad de comunicación. Otro tanto sucede con la manera de ver, que nace de un equipaje cultural, como una forma de escudriñar la realidad en el espejo de la imaginación. Caminar, su aceleración o lentitud, dice también qué somos y anuncia la naturaleza de nuestros deseos.

Los poetas, como Luis Vidales, muestran en sus versos que la realidad tiene otro rostro visible. Y los pintores como Goya o Picasso enseñan que en sus obras cabe el ser humano de su tiempo, con sus alegrías pero también con las afugias cotidianas y, también, con sus disensos frente a los poderes verticales.

En el Quindío nos acostumbramos a mirar desde la óptica parcial de vanagloriar solo el paisaje, como si el entorno natural nos mutilara la necesidad de contarnos en las artes, de indagar los entremeses de la angustia por vivir en un paraíso inexistente. Tal vez de esa noción barata, por simplista, huyó a los dieciséis años la más importante artista visual que haya nacido en el Quindío, Maria Teresa Hincapié.

Y siento la necesidad de invocar de nuevo de Maria Teresa Hincapié, porque así como desconocemos su importancia en el mundo de las artes —divulgada desde hace años por la gestión de Martha Alicia González, a través de la Fundación Calle Bohemia— es notable que los integrantes de esa fundación persistan en una cátedra en algunos colegios de Armenia, con el empeño de recuperar la visión de mundo de esa mujer excepcional. Su vida es un ejemplo de dignidad personal y de logros artísticos.

Maria Teresa Hincapié indagó en las artes escénicas como actriz, y en las filosofías y prácticas orientales para vislumbrar, con la performance, el punto de encuentro del gesto estético y la vida diaria, de tal manera que el cuerpo y la acción, fusionados en un significado completo, fueran por si mismos la obra de arte.

Las obras de Maria Teresa, quien murió en el 2008, son estremecedoras por su fuerza y sinceridad, por su oposición constante a la estulticia de una sociedad como la nuestra, incapaz de mirarse, excepto, claro, por la versión de artistas que viven al margen de un establecimiento que no los reconoce.

Para ella la performance es el arte de la acción. Obras como Divina Proporción, ganadora del XXXVI Salón Nacional de Artistas, Dulce Compañía, El espacio se mueve despacio, Caminar es sagrado, Una cosa es una cosa, premiada por Colcultura, y muchas otras expresiones de arte conceptual, determinan unos significados solo entendibles por su naturaleza poética, yuxtapuestos al delirio consumista de la edad contemporánea.

Maria Teresa fue una caminante silenciosa, una mujer incómoda y dulce, sencilla y profunda, que muchas veces calló, en medio del estrépito de artistas borrachos de megalomanía.

Ahora que los jóvenes pueden hacerse profesionales del arte en la Universidad del Quindío, en el Instituto de Bellas Artes, en el pregrado de artes visuales, Maria Teresa es un buen ejemplo de la ética personal y social de una creadora.

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