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JOSÉ NODIER

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CONFLICTO: PRINCIPIO DEL FIN (II)

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Terminará el conflicto armado, y ese será el momento de reconstruirnos"

En la pasada columna me referí, con evocaciones de mi familia paterna en La Virginia, al principio del fin del conflicto armado en Colombia, y de alguna manera en cómo la reyerta de 1948, con 200 mil muertos, deformó el carácter de una nación que, a pesar de ello, nunca comprendió de manera cabal que vivía una batalla inacabada.

El hecho de que el señor gobernador Carlos Eduardo Osorio se haya posesionado en ese centro poblado, en La Virginia, me hace pensar que el círculo de la muerte, por cuenta de esa violencia partidista, que luego se complicó con el combustible de la exclusión social del Frente Nacional, el narcotráfico, en fin, se empieza a cerrar en el 2016.

Es simbólico que además de pensar en la zona rural, como lo expresó en su discurso de posesión, un gobernador, como representante del Estado, regrese para tomar su investidura a unas veredas que fueron escenario de persecuciones y asesinatos, pero en especial de marginalidad social.

Bien que mal el actual gobierno de Santos avanza en su propósito de desactivar un conflicto, que además perfiló de qué estamos hechos los colombianos, cuáles son nuestros imaginarios y nuestra interpretación de la realidad.

Para muchos es mejor una negociación imperfecta, un mal arreglo, sin doblegar el espinazo de La Constitución de 1991, que mantener una guerra que la sufren, en particular, los campesinos de Colombia. Para otros, la mayoría con intereses de por medio, sería necesario arreciar el combate, cercar a la guerrilla y rociarla con el plomo de nuestro odio.

Los que obtienen utilidades de la guerra, con sus huestes en el ejército y sus negocios en el Ministerio de defensa, y con la concentración de la propiedad de las tierras, se niegan a cualquier pacto, porque entienden que su tiempo también se empieza a acabar, y que su influencia, como la de los heraldos de la muerte, se vuelve mustia y fenece ante sus propios ojos.

La ultraderecha de Colombia, con sus portavoces en los gremios y en los medios masivos de comunicación, muestra su cara, trémula de dolor, si, pero también de afán de venganza. Patética, por decir lo menos, pero en exceso peligrosa, esa facción nos quisiera sumir en una guerra eterna, que además sus miembros no pelean porque están parapetados detrás de sus lucros, inmersos en sus privilegios o vociferando desde micrófonos o columnas de opinión.

Terminará el conflicto armado, y ese será el momento de reconstruirnos y de pensar qué país queremos, porque aún no lo definimos, y eso se advierte en las incongruencias interesadas del sistema de salud, en la perversión del sistema político y en la incompetencia del sistema de justicia, para no profundizar en el odioso centralismo de Colombia.

Será oportunidad de reinventarnos a partir de la cultura, la ética y la estética, como rasgos propios y sobrevivientes a la masacre de los años pasados.

PD: EL señor alcalde Carlos Mario Álvarez, como sus antecesoras Luz Piedad Valencia y Ana María Arango, menosprecia a los artistas y gestores Culturales de Armenia. Así nos lo hace saber con el nombramiento en la Dirección de la Corporación de Turismo y Cultura.

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