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CONSULTA ANTICORRUPCIÓN

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Quedaremos inválidos y estultos, y a merced de esos mercenarios del erario público

La corrupción nos carcomió. Se nos comió la mano derecha, parte del cerebro y casi toda el alma.

Ya lo vimos en ese claroscuro de la semana pasada: César Gaviria se escondió tras las cortinas de un hotel para entregarle a Iván Duque –un tecnócrata ladino y ecualizable– el rescoldo de lo que era un partido político.

El Director del Partido Liberal, sin sonrojo alguno, hizo un negocio con la historia de una institución creada en el siglo diecinueve, sembrada por el santandereano Aquileo Parra, cultivada por Rafael Uribe Uribe, llevada a su máxima expresión de gobierno por López Pumarejo, y luego abonada por las cenizas de Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán.

César Gaviria Trujillo, quien ya había traicionado a las bases de su partido con un gobierno neoliberal, ahora le dio por rematar lo que quedaba de dignidad en ese partido. Por conveniencias personales de coyuntura, se vendió por un calado.

La corrupción –como la fiebre por el oro, el caucho, el bitcoin, o por cualquier cosa fácil– ya nos empezó a mordisquear la cintura. En poco tiempo, además de desquiciados, quedaremos inválidos y estultos, y a merced de esos mercenarios del erario público, los mismos que intentaron reelegirse indefinidamente en la Presidencia de la República, mientras se repartían el botín mayor.

Como la corrupción nos desaparece la ilusión y nos invade, similar a lo ocurrido en la Casa Tomada de Julio Cortázar, solo nos queda saber quién está de parte de esa anomalía espiritual y quién en contra: en otras palabras quién votará, con premeditación o engañado, por la caterva de corruptos que se unieron con la ultraderecha de Uribe, Ordóñez, Morales y Pastrana, y quién, sin ambigüedades, votará por la esperanza de reconstruir una nación varada en medio de la historia por causa de intereses y vanidades personalistas.

La consulta anticorrupción, su significado, está atada a lo que pase el 17 de junio en Colombia.

Acaba el Congreso de la República, un parlamento gris y enmarañado como casi todos en los últimos 16 años de gobiernos derechistas, de aprobar la consulta anticorrupción. Y si bien su aprobación es un logro del partido Verde, poco quedará de ella si el 7 de agosto, como parece previsible, entran a la Casa de Nariño quienes ya sabemos qué harán: fusionar las Cortes judiciales para garantizar la impunidad de sus crímenes y entregar el país a la onerosa confianza inversionista de los monopolios.

Bien decía Luis Carlos Galán, quien murió por vociferar a una parte de los colombianos su proclividad a los torcidos en el erario público o su alianza macabra con los narcotraficantes: "La fuerza del pueblo está en la conciencia de sus derechos. En la conciencia de sus deberes. En la comprensión de que Colombia está iniciando otra época histórica, y que para que en verdad haya un salto cualitativo en la interpretación del país, en el conocimiento de sus realidades y posibilidades, todo colombiano tiene una tarea por cumplir. Al más modesto de nuestros compatriotas, lo necesitamos en esta hora de cambio."

La verdadera consulta anticorrupción se hará el 17 de junio. Cada uno de los colombianos, por sí mismo, podrá elegir de qué lado de la historia se pone, o si deserta de esa decisión con la anuencia callada de un voto en blanco.

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