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JOSÉ NODIER

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¿CUÁL RESISTENCIA CIVIL?

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Los fantasmas del odio recorren el país para meterle miedo a los colombianos"

Nos acostumbramos en Colombia a los fantasmas. Seres cargados de ubicuidad y ambivalencia, que recorren nuestro país para alterar la conciencia, pero también para atemorizarla, para intentar derrotarla al final con sus premoniciones fatalistas.

Así pasa ahora con la increíble propuesta del senador Álvaro Uribe Vélez de hacer resistencia civil a los pactos que se firmen con las Farc. Cuando él fue Presidente de la República, casi que firmó un pacto de impunidad con organizaciones paramilitares, y muchos lo entendimos, además, como la oportunidad de desactivar un conflicto, como en efecto lo fue, aunque ahora el reciclaje de esos grupos reaparezca en diversas zonas del país.

Es claro que un acuerdo de paz con las Farc, por la historia y la dimensión de esa guerrilla, no puede hacerse sobre la gratuidad y, menos, sobre la idea ortodoxa de la justicia penal. Y si bien se entiende que la firma de un acuerdo es tan solo un primer paso para alcanzar algún día la paz, se hace necesario que hagamos ese esfuerzo colectivo.

Mal se puede entender, por sectores retardatarios de la ultraderecha, ese llamado a la resistencia civil. No podemos olvidar, como lo sabemos todos, que de menos empezó el genocidio contra la Unión Patriótica, consecuencia de la acción de grupos de autodefensa, de una parte de la fuerza pública, que apoyó ese exterminio y de algunos ganaderos y empresarios, unidos como falange para resistir el supuesto avance de los comunistas.

Si bien en Francia la resistencia civil fue un modelo de cohesión de la sociedad en contra de la invasión nazi, que liderada desde el exterior por el General de Gaulle se oponía al Estado colaboracionista del Mariscal Philippe Pétain, ese movimiento se configuró para expulsar fuerzas extranjeras.

En nuestro caso, como bien lo repiten los negociadores del gobierno en La Habana, no se ha puesto en tela de juicio el modelo económico, ni siquiera se ha discutido la pertinencia de la propiedad privada y la libre empresa, y la misma fuerza pública sigue intocada por los diálogos, lo que garantiza que el Estado mismo, desde la inquietante noción actual, está blindado contra las pretensiones revolucionarias de los subversivos.

La resistencia civil es la expresión de un movimiento social y cultural, como se ha construido en algunas regiones del país. Y es desde la cultura, desde el significado de las palabras en nuestro contexto, que debemos entender lo peligroso que es ese llamado del Centro democrático.

Patricia Ariza, actriz, y dirigente de la Marcha patriótica, muy bien lo expresa: "Las y los artistas hemos dicho una y otra vez que el conflicto en Colombia no es solo armado y social, es Cultural porque tiene que ver con el odio construido a través de decenas, de centenares de artículos, de comentarios perversos, de telenovelas que presentan a la izquierda como 'el enemigo interno'. Necesitamos, desde la cultura y el arte -que nunca se nombra- transformar el imaginario del odio, en pasión por la diversidad del pensamiento, en memoria".

Los fantasmas del odio recorren el país para meterle miedo a los colombianos. Dicen medias verdades y mentiras completas. No podemos seguir aterrorizados por los espectros de nuestro pasado.

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