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JOSÉ NODIER

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¿CUÁLES BIBLIOTECAS PÚBLICAS?

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"No somos capaces de pensarnos en grande"

El que no sabe es como el que no ve, dice la sabiduría popular.

En el Quindío el sector cultural reclama, además de recursos para la gestión, que se destinen presupuestos para infraestructura física, es decir, apropiaciones económicas para construir o adecuar un teatro idóneo, salas de exposición de artes visuales y una biblioteca departamental.

Bien se sabe que el Quindío no tiene una biblioteca departamental, que la municipal es insuficiente, por su tamaño y por su limitado servicio bibliográfico, y que la instalada por la Edeq en el sector de La Estación de poco servirá, porque su ubicación y su entorno social amenazan de entrada su uso y disfrute. La única que funciona bien es la Euclides Jaramillo Arango de la Universidad del Quindío.

Hace algunos años se intentó comprar el viejo Club América para saldar esa deuda con la cultura. Las bibliotecas departamentales, además del préstamo de libros, son según la ley 1379 de enero 15 de 2010 un organismo vivo, que coadyuva la preservación del patrimonio documental de una región. Esa función, clave para la memoria de un pueblo, la pueden cumplir esas entidades del conocimiento, además del Banco de la República.

En esa época, en el gobierno de Julio César López Espinosa, excepcional para la cultura, no se pudo fundar esa biblioteca en el espacio del Club América, porque intereses politiqueros torpedearon esa iniciativa.

Ahora, después de un año de planeación y de trabajo de reagrupamiento del sector cultural, el gobernador del Quindío, padre Carlos Eduardo Osorio, pretende reactivar esta idea, y procurar que el Quindío, al menos, esté en regla con los mandatos de ley.

No podemos de nuevo atravesarnos a esa idea, porque perderemos mucho de lo avanzado en términos de contar con un espacio adecuado para la biblioteca, y para insertarnos de verdad en las políticas nacionales que pretenden promover la lectura y la escritura, como prácticas que permean de manera sistemática los hábitos de los niños y los jóvenes.

Por no contar con una biblioteca departamental quedamos por fuera del plan Colombia Crece Leyendo, en 2001, y del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas que invirtió 160 mil millones de pesos en dotación y construcción en 300 municipios, entre los años 2003 a 2010.

Desde ese año hasta ahora no jalonamos partidas sustanciales de los 109 mil millones que se invirtieron en el país. ¿Por qué? Simple: porque no tenemos la configuración legal y física de una biblioteca departamental. Por lo anterior, en la práctica, estamos por fuera de las inversiones del Presupuesto General, aplicadas en la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.

Embarcados como mantenemos en el Quindío en luchas fratricidas, en ominosas chismografías, en canibalismo cultural, no somos capaces de pensarnos en grande.

Seguimos, con insidia y contumacia, arrojándole piedras a la transparencia y continuamos hablando de los procesos según como nos vaya en ellos de manera personal, sin examinar los réditos sociales. No somos capaces de soñar con miras utópicas y colectivas nuestro futuro.

Necesitamos una biblioteca departamental, un plan de lectura y escritura activo, y una mentalidad que nos ampare de cierta condición humana, de aquella que se piensa a sí misma como autosuficiente y dominante. Requerimos un manojo de dulzura en lo que pensamos y hacemos.

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