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JOSÉ NODIER

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DECIR PALABRAS PARA LA PAZ

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

La literatura infantil es un surtidor de esas palabras

La tranquilidad de los seres humanos, en la cotidianidad, es la mayor porción de un ideal de felicidad. Un niño es como una esponja de nervios y músculos que absorbe conocimiento de su entorno. Las palabras, como equipaje precoz para la vida, alivianan o cargan sus hombros, modifican los pasos de su cuerpo y lo predisponen para afrontar el camino.

La literatura infantil es un surtidor de esas palabras, y el recipiente mágico de historias que los niños requieren para conocer la condición humana de los adultos o la imaginación volada de seres imaginarios que transmiten valores para la vida. El libro El Principito es un ejemplo reiterado, pero bien nos señala cómo un texto escrito desde la inocencia puede iluminar vidas, compartirnos un discurso ético y político sobre la humanidad.

De tiempo atrás, desde la Fundación Torre de Palabras y el Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, hemos creído en la necesidad de que la literatura intervenga el día a día de los niños y los jóvenes, y que en el aparato público educativo se propague que nuestros actos, como nuestras ilusiones, estén sustentados en la palabra y que, por lo mismo, debe crearse y circularse desde la buena fe y la dulzura.

Ya fuera Cruz Ángela Cardona, primera directora de la Fundación Torre de Palabras, o Catherine Rendón, ahora coordinadora de la Red de Bibliotecas, o con el apoyo del programa de Español y Literatura, y muy especialmente de Carlos Alberto Castrillón, y de los practicantes de pedagogía, se pudo avanzar en años pasados en la articulación con los colegios de Calarcá de la temáticas del Encuentro Nacional de Escritores, que este año eligió como foco de reflexión: Literatura Fespués de la Guerra. Clave ha sido en este tiempo la solidaridad de Arlés López en la Secretaria de Educación del departamento.

Ahora, con el respaldo del Banco de la República, de Luz Estela Gómez González, y Ana María Guevara, quien apoya la coordinación del ciclo pedagógico, se pudo organizar con el auspicio de la Gobernación del Quindío el mes de la literatura infantil en los municipios de la montaña, por medio del tallerista Cristian Daniel Patiño, concentrando los esfuerzos en reflexionar con los niños o los padres de familia sobre la sustancia del conflicto en la familia, en Colombia y en grandes devastaciones propiciadas por la humanidad.

Doce libros infantiles, provistos por las maletas viajeras del Banco de la República —y como continuidad del programa "La paz se toma la palabra", liderado por la Subgerencia de Cultura, orientada por Ángela María Pérez Mejía— permiten hacer un recorrido literario por contradicciones notables. Libros como Para el señor Genaro, con nuestros mejores deseos, de Elisabeth Steinkellner, o Camino a casa, de Jairo Buitrago o el libro Álbum Humo, de Anton Fortes, quien a través de un niño nos encamina por los campos de concentración de los nazis, rememoran dolores, sí, pero también conocimiento y formas de abordar la violencia y la muerte.

Un día después de sesenta años de mirarnos con recelo, por acto de magia, no amanecemos tolerantes. Se requiere que los padres de familia, todos en colegios y bibliotecas, en medios de comunicación y en redes sociales, propiciemos otro discurso, ese que se emita también desde los zapatos del otro, del que es diferente de nosotros.

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