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DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Ellas decidirían el futuro colectivo si solo defendieran su naturaleza y, claro, su dignidad

Se avecina la conmemoración del día de la mujer en el peor de los contextos: violencia desatada contra lo femenino. Y campaña política: infierno y cloaca. Pesadilla en la casa y en la calle.

Digo lo de la campaña política porque ya veremos la semana entrante a los aspirantes y las aspirantes -en su empeño por banalizar la vida colectiva- pasar por encima de los hechos con el fin de evitar la reflexión crítica.

El incendio en 1911 de la fábrica de confección de camisas Triangle Waist Co, en Nueva York, donde murieron 123 empleadas y 23 hombres, referencia histórica para recordar, y las altas tasas de homicidios, de violencia física, de acoso contra las mujeres, deberían ameritar más que una florecita en la calle o una declaración de apoyo.

Lo menciono porque ya veremos a los candidatos, rosa o chocolate dulce en ristre, buscar a las mujeres para halagarlas, sin mediar un sentimiento de solidaridad con sus derechos. Lo mismo harán casi todas las aspirantes mujeres.

En el Quindío, en la historia reciente, las mujeres que hicieron y hacen política se vuelven notables porque masculinizan su acción proselitista y sus gobiernos, y porque copian el modelo machista para actuar en el campo electoral o gubernamental.

Vayamos un poco atrás: los gobiernos de Amparo Arbeláez, de Ana María Arango, de Sandra Paola Hurtado, de Luz Piedad Valencia, o de Alba Estella Buitrago, minados de acusaciones y hechos de corrupción, lo que hicieron fue copiar el modelo que los hombres implantamos para gobernar: el contraterismo y clientelismo como formas para buscar y garantizar una administración fácil.

La actual aspirante a la Cámara de Representantes, Sandra Paola Hurtado, por ejemplo, fue más allá: se calzó las botas de los hombres rudos, apabulló a sus funcionarios de responsabilidades electoreras, metió mano en las entidades descentralizadas, obligó a sus empleados a cometer anomalías, los acosó en sus funciones, y convirtió las oficinas en un cerrado purgatorio de autoritarismo machista y patriarcal. Copió un modelo a ultranza, lo llevó al extremo, y aún cree, pobrecilla, que su manera de ver el mundo, su arrogancia masculinizada, se mantendrá impune y campante.

Ella, Sandra Paola Hurtado, es el mejor ejemplo de cómo no debe gobernar una mujer o de cómo no debe convertir su liderazgo en un proceso de avasallamiento del otro o de los otros.

Una mujer, sin perder su carácter, no roba como regla generalizada. Cuida la casa, su casa o el bolso o el Palacio de Nariño, como si esa custodia fuera su vida misma. Las abuelas, lo recuerdo, eran las mejores administradoras de un granero suficiente o precario. Ellas, encargadas de la economía doméstica, hacían milagros para sostener una familia numerosa.

El día internacional de la mujer es un día de luto, sí, porque recordamos a millares de mujeres ultrajadas y asesinadas, pero también es un momento para que ellas, en su fuero interno, piensen muy bien en quién votar el 11 de marzo y cuál es el candidato o candidata que mejor representa sus esperanzas de una Colombia mejor.

Ellas decidirían el futuro colectivo si solo defendieran su naturaleza y, claro, su dignidad. Si pensaran en la necesidad de que sus hijos, hombres y mujeres, no mueran de rodillas con sus sueños maltrechos y mustios.

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