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 DON NARCÉS

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"No es fácil actuar como gestor cultural en La Tebaida, porque su cotidianidad se ha convertido en un polvorín social"

En los cincuenta años transcurridos desde la fundación como departamento, los quindianos pasamos de un mundo campesino, idealizado por los amaneceres y los olores a fruta fresca, a la construcción de un universo con cimientos citadinos que tiende, a veces, a ahogarnos con sus desechos. Del olor de las guayabas y guamas en los potreros dimos un salto, casi epiléptico, a transvasar a los pulmones las emanaciones del aceite quemado y el hollín de los motores.

El primer mundo, el de veredas y poblados, el de nuestra infancia, se construyó desde la fe de hombres y mujeres que creían a pie juntillas en la asociatividad, y que hicieron del civismo una forma de vida. No entenderíamos a esta región, la fundación de sus pueblos, sin la influencia de esa caterva de emociones silvestres, enlazadas por personalidades sencillas que hacían de una idea, de un filamento de espíritu colectivo, una oportunidad de convivencia.

Así nació en La Tebaida el liderazgo de un hombre como don Narcés Beltrán Sáenz, hijo de padres fundadores de ese municipio, y en particular hijo de la vereda Las Chilas de Montenegro, y de un tiempo que exigió una militancia cívica sin precedentes, porque era una manera de configurar una identidad, de pensarse como orgánico en un proyecto común.

Don Narcés Beltrán, además de estudiar para profesor de Biología y Química en la Universidad del Quindío, hizo una maestría en administración educativa, y fue durante mucho tiempo docente en el municipio de Córdoba, y en las instituciones de La Tebaida, donde enseñó con más ahínco y donde pudo concebir con la señora María Melania Rojas Arias, su esposa, una forma de practicar el servicio público, más allá de los personalismos infectos, y en el mismo meollo de las causas comunes.

Como Secretario de gobierno de la apreciada Luz Mary Rodriguez Arias, entre 1996 y 1997 —mandato aún bien recordado entre la gente— marcó en su ejercicio ciudadano la impronta de su carácter tranquilo y creativo; luego, estimulado por la acción pedagógica como su norte, que lo es todavía, fungió como jefe de núcleo en Pueblo Tapao y Montenegro.

No es fácil desempeñarse como gestor cultural en La Tebaida, porque su cotidianidad se ha convertido en un polvorín social, desde el sismo de 1999, fenómeno que comparte con otros municipios como Montenegro, Quimbaya, Calarcá y la misma Armenia. La reconstrucción, insuficiente en lo cultural, inventó guetos sociales, consolidados y auspiciados por el desempleo y el microtráfico de drogas, comunidades marginales que no responden con facilidad a emprendimientos colectivos.

Sabe don Narcés que la cultura, a la par que el proceso pedagógico, puede servir de antídoto al veneno de la época, el consumismo extremista, y por ello desde la emisora el Edén Estéreo y desde la Casa de la Cultura, que dirige ad honorem, lucha a brazo partido por construir conciencia ciudadana sobre la importancia de verse y representarse en lo simbólico.

Es necesario configurar, desde la autoestima de lo estético, un ser humano que tenga sentido de pertenencia y pueda insertarse en el ámbito social. Así lo hace don Narcés. Y lo hace bien.

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