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JOSÉ NODIER

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DRAMA ANDINO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Es una cosmovisión que nos significa a la mayoría de montañeros"

Me preguntan sobre mi alusión repetida al drama andino ¿Qué es, dónde está, de qué está hecho y en quiénes se manifiesta? El drama andino es un tópico recurrente en mis columnas, porque es una práctica individual y colectiva que, con el paso de los años, se ha convertido en uno de los rasgos de las múltiples identidades que poseemos.

El drama andino es una cosmovisión que nos significa a la mayoría de montañeros, a aquellos que vivimos, para bien o para mal, circundados por esas paredes vegetales que nos definen y condicionan. Obvio: no es lo mismo para el carácter de un ser humano ver los mares verdes, verticales, que observar las playas o el océano azul, con sus brisas salobres, como si fueran un horizonte de sentido infinito.

Esa proclividad a sentir que la tragedia es inminente, propia de los habitantes andinos, es un rasgo cultural que fue marinando nuestros temperamentos, porque siempre el mundo parecía acabarse a la vuelta de la esquina, como una tendencia apocalíptica que aún ahora nos acompaña. Una visión pesimista, a veces mística, de que un castigo mortal ronda la existencia.

Es muy distinto, ya lo sabemos, el carácter individual de los habitantes del litoral a la forma de ser y parecer de quienes vivimos en la zona andina. Mientras los costeños bailan la tragedia, la cantan si es necesario, en nuestro caso la lloramos y padecemos con todas nuestras entrañas. La muerte no es una transición como lo piensan en distintas culturas sino un descuajamiento, una ruptura terrible que nos arrebata el futuro.

La tensión que hoy vivimos en el país, su grado inusitado de polarización, en buena parte se explica en el modelo para sufrir el llamado drama andino. Piensan algunos que este proceso de paz, nos traiciona: dará impunidad a unos subversivos, que ellos llaman terroristas, que se apoderarán del país. No consideran, quienes destrozan con su maledicencia el proceso de negociación entre el gobierno y las Farc, que la búsqueda es si se puede encontrar un equilibrio institucional entre la necesidad y la satisfacción de justicia.

Ante cada problema, por cuenta del drama andino, el país queda a las puertas de la disolución. La captura del hermano del ex presidente Uribe, por ejemplo, encubrió los móviles de la misma, porque en este caso la pregunta no es si era pertinente sino si era razonable y justa, frente a las indagaciones que se hacían, desde dos decenios atrás, sobre el caso de los Doce Apóstoles en Antioquia.

"Dolores hay donde no cabe el llanto: el llanto es blando para sus espinas. Mi dolor es cerrado como un huevo, un tambor, un olvido, una garganta donde se asfixia aleteando el miedo", dice Piedad Bonnett, en su libro Poesía reunida.

El objetivo de cambiar nuestro lenguaje de dolor, procaz o incendiario por unas palabras precisas, dulces de contextura, que ayuden a reflexionar y criticar la realidad hace parte de una actitud que nos permitiría entendernos mejor.

Ese hábito violento de disparar primero y después preguntar, de decir e imprecar y después averiguar, causa angustia y desazón. Y ya sabemos, lo dice también Piedad Bonnett: "Los hombres tristes ahuyentaron a los pájaros".

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