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DRAMATURGIA DE UNA ÉPOCA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Mara siempre será Mara; la nuestra: un ejemplo de entrega, una vida para contar"

La doble llama del teatro cuece el corazón humano. Su origen griego, en los grandes templos de la civilización y su contrapartida el desarrollo en la calle, en las barriadas, connota una marginalidad que pervive en su ejercicio moderno. Aún resuenan los magníficos coros, que vociferaban el rugido de la conciencia, en la misma raíz de la cultura occidental.

Después de 450 años del nacimiento de Shakespeare, y de 400 de su muerte, el teatro mantiene sus misterios. Del autor inglés, que hoy es celebrado en más de 140 naciones para conmemorar su nacimiento, decía Grotowski, el director polaco, que "la gente no cree en Dios, pero Dios existe, y es Shakespeare. Solo Dios podría saber tanto del ser humano"

La diferencia sustancial entre el teatro inglés y el hispánico marca una forma del arte: mientras Shakespeare escribía para entretener al pueblo, para mostrarle en las tabernas y en los teatros marginales su propio rostro, descarnado, en España las obras pasaban por el tamiz del poder, que podía desvirtuar las frases del autor.

En Colombia el teatro ha sido sustancial para entendernos un poco, porque en los años sesentas y setentas recreó al país que no deseábamos ver, que escondíamos debajo de la alfombra de nuestras comodidades. Los grandes teatreros de Colombia no le tuvieron miedo a señalarnos las lacras de una sociedad fragmentada.

En el Quindío, como lo retrata el nombre de un grupo, el teatro escondido, no hemos podido entender que la labor de Maria del Rosario Trujillo, con su Versión Libre, trasciende las limitaciones que le hemos impuesto desde la sociedad a una expresión que bien podría decirnos una buena parte de lo que somos. Lo mismo pasa con Leonardo Echeverry y Ximena Escobar, actores y gestores que dejan su vida en el escenario.

Hace pocos días, en una sesión nocturna del Encuentro Nacional de Escritores Luis Vidales, en el ciclo pedagógico, Marcela Carvajal, la actriz de teatro y televisión, contaba como anécdota que en el Quindío había encontrado para alguna de sus obras un público difícil, por lo inmune a discursos alternativos.

Lo que comprendemos es que personajes de la vida real como Maria del Rosario Trujillo, con su grupo y su denodado esfuerzo por mantener el "Festival Internacional de Teatro Calle Arriba Calle Abajo", preservan una pasión que debería permear las aulas de los colegios y las prospecciones académicas de las universidades.

Bien dice Libaniel Marulanda, el excepcional escritor quindiano, de Mara: "también está bajo sospecha; es sospechosa de abrazar el arte con una mirada crítica hacia una sociedad inequitativa, y cuestionar, con el recurso de la gestualidad, el maltrato y la exclusión de la mujer. Por eso, por su sudor, trayectoria y talento en la dramaturgia, Mara siempre será Mara; la nuestra: un ejemplo de entrega, una vida para contar"

El arte siempre será sospechoso. Y seres humanos como Maria del Rosario, con su honestidad personal y estética, nos dirán que el destino está en nuestras manos, como lo reveló Shakespeare en los detalles de su dramaturgia sobre la maldad.

Cincuenta años después tenemos, como sociedad, una deuda enorme con quienes hacen teatro.

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