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 EL ABRAZO DE LA SOMBRA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Desprecian así, por su engaño, la inteligencia y la sensibilidad del pueblo colombiano"

Nadie debe alegrarse del mal ajeno. Lo digo porque siento conmiseración por la familia de Bernardo Moreno Villegas, y tristeza por la suerte de Luis Carlos Restrepo, aún no condenado, y por su hermano Roberto, quien fuera mi compañero en el Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío, en el propósito común de preservar un patrimonio arqueológico e histórico.

Creo que Roberto Restrepo es más bueno que el pan. Su lealtad a Filandia, su pueblo, se expresa en un trabajo constante y silencioso de gestión cultural. Es un hombre cívico, que pone su pasión y su honradez al servicio de causas comunes. Sufre Roberto por el destino de su hermano, hoy evadido de la justicia, y ese dolor fraterno me conmueve.

No conozco a la familia de Diego Palacio Betancourt, pero creo que no debo alegrarme de las desgracias de un conciudadano. Ni más faltaba: no se puede arrojar sal a la herida.

Escribo lo anterior porque si bien es posible expresar solidaridad a las familias quindianas que hoy sufren por cuenta de sentencias condenatorias de la justicia a alguno de sus miembros, nada me hace pensar que sean inocentes de sus actos en el gobierno pasado.

Lo pienso en el contexto de lo que sabemos por los medios de comunicación, y porque la Corte Suprema de Justicia, después de un debido proceso, con integrantes diferentes a quienes fueron perseguidos por Álvaro Uribe Vélez, falló en su contra, como réplica de la sociedad frente a delitos definidos.

Algunos defensores de oficio del gobierno del senador Uribe, que existen en Armenia en cada esquina, lo que me avergüenza hasta los huesos, quieren tapar el sol con la mano grande de la impunidad. Dicen ellos, con desfachatez, que son víctimas de persecución política y judicial, con lo que lanzan una precaria cortina de humo sobre las conclusiones y disposiciones de la administración de la ley.

Nos estiman imbéciles los uribistas pura sangre cuando quieren hacernos creer que los delitos cometidos hacen parte de la gestión de gobierno, y que su acción fue de legítima defensa frente a amenazas contra la seguridad nacional. Desprecian así, por su engaño, la inteligencia y la sensibilidad del pueblo colombiano.

No hay respeto por la civilidad en quienes proponen, como si estuviéramos en un feudo decimonónico, la impunidad social y de clase frente a los delitos cometidos por élites que se estiman superiores al pueblo y, de contera, al sistema judicial.

Ahora, cuando en el Quindío se anuncian las candidaturas del Partido Centro Democrático, solo me resta imaginar que la ingenuidad política aún existe, y que todos, en algún momento, somos presa fácil de los embaucadores. Dice Shakespeare, a quien podríamos citar en todo acto humano, que "La voluntad y el sino nuestros corren tan encontrados que toda estratagema nuestra es derribada, son nuestras las ideas nuestras pero ajenos sus fines".

Nadie escapa, así lo desee, del hálito contaminado del jefe de marras: el abrazo de la sombra. Nadie puede eludir el tufo viciado de sus palabras. Todos sus amigos, adláteres y colaboradores terminan perdidos y enmarañados en la selva de sus oscuros intereses.

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