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 EL INQUILINO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"La universidad, con su rector a la cabeza, ha actuado con legalidad y generosidad"

Ya sabemos que nuestro país es maniqueo desde la colonia, por cuenta de ese cristianismo iracundo que nos fue introyectado por los españoles, quienes vinieron desde cárceles y tabernas de mala muerte, a arrasar las culturas que habitaban este territorio. Y ese maniqueísmo cruel, que divide la mirada en dos, que excluye y polariza por cuenta del pensamiento autoritario, no nos permite comprender las afugias del otro.

Esa misma forma de ser y parecer —propia del heredero de Felipe II, Carlos I, quien dijo que "el sol no se oculta en mis dominios"— configuró un alma de terrateniente y propietario desprovista de respeto por la dimensión de lo público, porque quien posee o detenta en Colombia algún poder económico o político entiende al Estado, per se, como un dispensador perpetuo de privilegios.

Obvio que lo digo por la manera como interpretan los particulares el poder político, si, pero me incumbe ahora pensar que es el mismo prurito que incita a los propietarios de Mister Pompy, un restaurante de Armenia, a tratar de apropiarse de una buena porción del Instituto de Bellas Artes de la Universidad del Quindío.

Hace cerca de cinco años los estudiantes y docentes del Instituto de Bellas Artes vienen —venimos— pidiendo a las directivas de la Universidad que necesitamos, por nuestros exitosos desarrollos académicos, contar con el espacio del edificio que fue arrendado a los dueños del restaurante.

En marzo de 1999 nuestra institución contaba con treinta y cinco estudiantes y ahora, con los once diplomados de música, los de artes escénicas y plásticas, más el laboratorio de danza contemporánea y el pregrado de artes visuales, el promedio es de cuatrocientos estudiantes, con lo que nuestro proyecto educativo ya empieza a sufrir por la restricción de espacios. En la actualidad, embarcados que estamos en gestionar el pregrado de Estudios Musicales, no podemos utilizar el edificio en actividades distintas a las educativas.

No obstante el señor Helio Fabio Villanueva, quien nunca entendió que sus fogones, asadores y olores afectaban nuestro entorno pedagógico, ahora pretende, a través de artimañas dilatorias y de gestiones políticas, aferrarse a un contrato que mantuvo por el pago de un canon de arrendamiento y, claro, también por sus influencias en el departamento, que nacen de su financiamiento de campañas políticas a la gobernación y a la alcaldía.

No puede nuestro inquilino posar, como lo viene haciendo, de mecenas del arte, porque no lo es. Y no puede ofrecernos dádivas o salidas alternas al problema que tenemos, porque los estudiantes entienden que el Instituto de Bellas Artes no se puede fragmentar por un interés privado.

Los dueños del poder económico deberían entender que la reconciliación de este país pasa por la eliminación de los privilegios obscenos de los particulares, pero, de manera especial, cruza por la posibilidad de construir un sentimiento colectivo de respeto por lo público, y ello incluye los bienes y patrimonios que son comunes.

La Universidad, con su rector a la cabeza, ha actuado con legalidad y generosidad. En nuestro caso, no queremos ahondar en un conflicto que no debería serlo.

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