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JOSÉ NODIER

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EL OFICIO DE MENTIR

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Engañamos, sí, porque utilizamos el comodín de la doble moral

Cada cierto tiempo los medios de comunicación acuñan términos para describir situaciones objetivas que se vuelven relativas para algunos. La posverdad, más que la palabra del año, como fue denominada por el diccionario de Oxford, es un eufemismo de los saltimbanquis de la propaganda, quienes casi siempre visten de lentejuelas la armazón de la realidad.

La mentira, como manera de relacionarse y de informar, es un camino elegido por el ser humano para mitigar la reciedumbre de realidades crueles, para engañar de manera deliberada por un interés específico o, como ocurre muchas veces, para intentar modificar a través de ficciones breves la contumacia latente en el planeta, es decir, que mentimos muchas veces para poder sobrevivir a poderes mayores y avasallantes.

Nadamos en el lodo de la mentira, claro, sí sacamos rédito de ella y por el abuso ético que cometemos cuando intentamos despojar al otro de su dignidad o de un bien suyo. Engañamos, obvio, porque utilizamos el comodín de la doble moral.

La posverdad, entonces, se ha convertido en la cabalgadura de los políticos tradicionales o de los comunicadores de oficio, quienes entienden que una mentira emotiva les entrega el efímero beneplácito de la muchedumbre.

Eliás Canetti (1905-1994), quien escribió el libro Masa y poder, decía "Todo el arte consiste en no engañarse a sí mismo: mínimas islas de rocas en todo un mar de autoengaños. Lo que más puede lograr un hombre es aferrarse a ellas y no ahogarse."

Monta en la posverdad el uribismo en Colombia, cuando ha hecho de la falsedad un arma de propaganda electoral. Sube a la posverdad el inefable Maduro, tiranillo tropical, cuando pone a Colombia de mampara para calmar la desazón que provoca el hambre en su país. Crea falsos imaginarios Trump, el badulaque gringo, cuando vuelve enemigos de su país a los inmigrantes.

El politólogo argentino José Nun (1936-), dice "En este clima, floreció una paradoja. La sociedad del conocimiento culminó en ese logro inmenso que es la informática, pero inesperadamente las redes sociales se han convertido en un colosal vehículo instantáneo de falsedades y fabulaciones que refuerzan los elementos más conservadores y dogmáticos de lo que Gramsci (-,Antonio, 1891-1937) llamaba el "sentido común vulgar", siempre ávido de certezas. Como solían decir los gauchos, anticipándose a Orwell (-,George, [Eric Arthur Blair], 1903-1950) difundir una mentira es como echar agua sobre piso de tierra: nunca se la puede recoger toda"

Se entiende que la posverdad es el derrocamiento de la razón como método de pensamiento dominante. Y que la ficción interesada, la media verdad o la mentira completa, o el significado comodín, todas las estrategias para entrampar al otro, configuran otras formas de usar de manera arbitraria el poder verbal.

Aquí en la parroquia, por ejemplo, un columnista del diario La Crónica del Quindío, Emerson Castaño, un hombre valeroso, acusó de corrupto al gobernador Carlos Eduardo Osorio Buriticá. Espetó, a partir de la palabra inmoderada, un dato falso en un escenario verdadero: la corrupción de nuestra sociedad.

Las palabras, y el monopolio de las imágenes, quieren manipular nuestra conciencia con estímulos simulados de verdad.

El asunto de la mentira dejó de ser moral, en exclusiva. Es un territorio minado por la prensa, por las redes sociales, y por quienes sacan jugosas ganancias de la superficialidad de nuestras miradas.

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