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JOSÉ NODIER

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EL PAÍS DEL NO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Un No por referendo es un embeleco regresivo

Uno de los grandes trances vitales para el ser humano es saber decir No. Decirlo a tiempo significa evitar malentendidos y dramas, prevenir que se malogren procesos y, de contera, establecer límites. Mojones que nos protegen de las audacias o abusos de los demás. También decir No, en particular para un pueblo, se convierte en una manera de mantener el statu quo, de intentar preservar y aquietar el destino frente a la deliciosa y perturbadora aventura de vivir.

En el siglo diecinueve, por ejemplo, supimos decirle No a Bolívar cuando quiso convertirse en un dictador más, después del Congreso de Cúcuta en 1821. Dijimos No a la intención de los radicales liberales de establecer un Estado Federalista, y nos enconchamos en la verdad única de la Constitución de 1886.

Hay negaciones proferidas por la carga del instinto, que nos inhiben del futuro. Hubo un No terrible en el siglo veinte cuando se intentó, a través de la educación, de la democratización de la tierra y de la modernización del país en 1936, abrir nuestra nación a ideas universales. De inmediato sobrevino una reacción pavorosa, de tierra arrasada, que aún no termina.

El hecho de conservar a nuestro país cerrado a la influencia de la civilidad, a las prácticas de la razón y la argumentación, fue un No que nos llevó a la infelicidad de pensar que la eliminación del otro nos podía vacunar contra el cambio. Una élite, que aún pervive, quiere perpetuar la venganza, el desquite y el atentado personal como expresiones de vida colectiva.

La muerte de Gaitán fue un No a la voz de los más pobres de Colombia. El asesinato de millares de defensores de derechos humanos, de José Antequera, de Jaime Pardo Leal, de Héctor Abad Gómez, de Bernardo Jaramillo, de Carlos Pizarro León Gómez, de Luis Carlos Galán, y del mismo Álvaro Gómez Hurtado, la desgracia de sus muertes, calló sus discursos civilistas y etiquetó un No en la frente de las nuevas generaciones.

Ahora de nuevo decimos No. No a la desactivación del conflicto con las Farc, por cuenta del enorme engaño del Centro Democrático a los electores, de los negacionistas pura sangre y de muchos colombianos de buena fe. Y quieren, los mismos que propalaron la mentira como si fuera una incontrastable verdad, que en Colombia a través de un referendo se prohíba la adopción de niños por parte de la comunidad gay.

Un No por referendo es un embeleco regresivo, que nos pone ante el ámbito internacional como un país de cafres que desea la guerra y que inhibe o excluye a las minorías, fundamentados en un discurso religioso y seudo científico.

Los derechos de los homosexuales, y de los mismos niños, no se pueden poner en el tablero del tiro al blanco, porque esta nación muchas veces avergüenza por sus bajas pasiones y por su capacidad para dividir y odiar.

Ese No, el de mantener segregado al país y por fuera de la democracia a vastos grupos humanos, ya nos cuesta en las regiones apartadas la muerte de 94 dirigentes sociales en este año, asesinados en buena parte por paramilitares.

No podemos ningunear, a sangre y fuego, y leyes, el pensamiento divergente.

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