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EL SÍ DE LOS CAFETEROS

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Una sociedad en desarrollo, como la nuestra, no puede preservar el No como una consigna"

La historia de Colombia está sembrada de la palabra No. Decir No, en muchas ocasiones, ha sido oportuno y útil, porque su significado contiene e inhibe de estulticias. Pero una sociedad en desarrollo, como la nuestra, no puede preservar el No como una consigna.

Lo digo porque hay un Sí, dado hace cincuenta años, que cambió para bien el rumbo del departamento del Quindío. En una sala de juntas del Banco Cafetero, un 5 de agosto, fue creado el Comité Departamental de Cafeteros, y con esa decisión estratégica se rubricó de verdad la autonomía del departamento.

En los cincuenta años de funcionamiento de ese organismo, que irrigó en buena parte los recursos derivados de la actividad del café, muchos Sí, comprometidos con esta región fueron proferidos, pero un No sonó rotundo durante decenios, espetado a la corrupción y sus prácticas; ese No determinó que los presupuestos rindieran más y, también, que casi siempre hubiera en bodega un acumulado de patrimonio moral, ético, para repartir entre los agremiados. Caso exótico en Colombia, sí, pero ello ocurrió.

El Comité Departamental de Cafeteros el 30 de abril de 1968 le dijo Sí a la reforestación, con el objeto de preservar de aguas. En esos mismos días dijo Sí al aporte de un 50% de recursos para la electrificación rural. Y el Sí más fuerte, el que cimbró la conciencia, fue el explícito por la educación en el Quindío, a través de la construcción de aulas y escuelas en todo el departamento. En ese mismo año, el Comité decidió que la concentración rural de La Bella llevara el nombre del poeta Baudilio Montoya, y publicó ese libro emblemático de nuestra literatura "Baudilio Montoya, Rapsoda del Quindío".

La construcción de acueductos rurales y de carreteras, después de 1970, por medio de convenios firmados con el Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo de Caminos Vecinales, fue determinante para mejorar la calidad de vida de los campesinos y, claro, para conectar el campo con las cabeceras municipales.

Lo interesante de la gestión del Comité de Cafeteros, recopilada por Óscar Jaramillo García, ex director ejemplar, en un libro notable por la precisión de sus datos, "Apuntes para la historia del Comité de Cafeteros del Quindío", es develar un método: desde un principio derrotó el Comité el prurito del personalismo o de la endogamia institucional, que no es otra cosa que la insularidad de propósitos. Casi todas sus obras fueron acometidas en compañía con otros organismos estatales o sociales.

Si alguien quiere decirle Sí a la paz de Colombia, a la reconstrucción de las zonas afectadas por la violencia, debe observar la historia de democratización de recursos del Comité, de atención en educación y salud, y encontrar en la sabiduría de su ex director Óscar Jaramillo García, en su honradez, una manera propia y paradigmática de configurar civilidad y tolerancia.

Como dice el padre Francisco de Roux, un militante de la paz de tiempo atrás, debemos recomponer la fractura humana que vivimos. Diría en mi caso que es necesario curar la demencia colectiva que nos perturba. Y ese ejemplo, el de los cafeteros, demarcaría bien el sentido de nuestro destino.

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