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JOSÉ NODIER

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ENERGÚMENOS: ¡SIEMPRE LISTOS!

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Este lodazal de odio no nos puede sepultar a todos"

Hace pocos días, al reverbero de las marchas contra La cartilla "Ambientes escolares libres de discriminación" que no fue otra cosa que la conspiración de tres políticos tradicionales, entendí por qué el país, en ciertos imaginarios, aún preserva intuiciones y pasiones del siglo diecinueve.

Esas marchas ocuparon la atención de los medios masivos de comunicación y fueron, como ya lo sabemos, inspiradas en la oposición a la instauración de una política pública, diseñada por la ONU a pedido del Ministerio de Educación y que apenas hacía tránsito a cumplir un fallo de la Corte Constitucional, en relación con la necesaria prevención que debe haber en los colegios contra el matoneo y la homofobia.

La cartilla de orientación sexual, por tanto, no existía cuando millares de energúmenos salieron a vociferar contra el prójimo distinto, en las calles de las ciudades capitales. Era un proyecto dirigido a directivos docentes e intentaba, como se supo después, permear las graníticas conciencias de algunos docentes, en el tema de la diversidad sexual, la tolerancia y el control a actitudes homofóbicas.

¿Cómo puede uno marchar contra lo que no existe?, es la pregunta que me hago y la respuesta me llega a chorro: porque construimos fantasmas, enemigos sociales que nos permitan desfogar ese carácter autoritario y patriarcal, rezago de una cultura machista, proclive al desprecio y al ninguneo del otro.

El hecho de que tres políticos centralistas, Vivianne Morales, Alejandro Ordóñez y Álvaro Uribe Vélez, se hayan unido para conspirar contra la Ministra de Educación Gina Parody, también por su condición sexual, con el aval de las confesiones cristianas y de los altas jerarcas de la iglesia católica, y con la anuencia colectiva, dice mucho de lo torpes que somos en relación con los contenidos apocalípticos emitidos desde visiones de mundo retardatarias.

En esos eventos, cuando padres de familia marcharon contra los mensajes de una cartilla inexistente, solo por sospecha, quedaron al descubierto las falencias de nuestra educación y, por lo mismo, de las creencias que hoy atraviesan el ser colombiano.

Se entiende que no estamos dispuestos a convivir con el otro, y que su diferenciación, por parte nuestra, lo estigmatiza. Fue, claro, lo que mató a Sergio Urrego Reyes y es lo que vulnera a decenas de niños y niñas que desde la infancia sienten en su torrente sanguíneo otra sensibilidad ante la vida y su inexplorada sexualidad.

Es una vergüenza que los colombianos no podamos buscar y definir términos de convivencia entre distintos. Y es una pena que los políticos, como en río revuelto, traten de pescar incautos para alinderarlos en contra del proceso de paz, como lo hicieron el Procurador y el señor Uribe Vélez.

Más de ocho millones de homosexuales en Colombia, y entre ellos miembros de nuestras familias y amistades más cercanas, no pueden mantener una condición de gueto, de encierro emocional, en un país que se estima como civilizado.

Y los niños y jóvenes, como si de verdad estuviéramos en el siglo veintiuno y en un mundo globalizado, no pueden recibir de nuestra parte, de los adultos, esta lección de estupidez y rechazo contra los mismos colombianos. Este lodazal de odio no nos puede sepultar a todos.

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