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HERENCIA MALDITA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Un Triángulo de las Bermudas de recursos públicos"

Nada es más inquietante, más oscuro y cenagoso, que la herencia recibida por el Gobernador del Quindío, Carlos Eduardo Osorio, y la alcaldesa de Calarcá, Yenny Alexandra Trujillo, de parte de la administración anterior, en relación con la ejecución de obras por regalías en Calarcá.

Y si bien alguien podría decir, de cualquier ente de control, que los procederes en esos contratos son legales, se entiende que la construcción de una pista de patinaje sobre una cancha antigua de fútbol en el sur; de una cancha de fútbol sintética, hecha sin estudios previos, sin alumbrado, zona de parqueo y sin graderías; y la adecuación de la Casa de la Cultura, las tres obras, constituyen la evidencia de lo que es desgreño administrativo y la falencia ética de los contratistas, que han aprovechado la situación para lograr adiciones al presupuesto inicial.

No se entiende que una simple reparación de la Casa de la Cultura, retrasada por intereses anómalos, tasada en un principio en 2.813 millones de pesos, luego reciba una primera adición por 1.400 millones, y una segunda por 1.800 millones, y que esa inversión final ni siquiera alcance para que ese edificio tenga un ascensor, y cumpla con los requerimientos de ley.

No se entiende por qué esos adendos modificatorios, y las tropelías cometidas, como ocurrió con la adecuación de la Avenida Colón, obra vergonzosa para los calarqueños, por su duración y por el abultado presupuesto final, fueron gestionadas desde ese agujero negro que fue la Promotora de Vivienda y Desarrollo del Quindío, un Triángulo de las Bermudas de recursos públicos.

De tiempo atrás los calarqueños -como si la resignación, la pasividad, fuera una virtud ciudadana- no levantamos cabeza, ya sea por los alcaldes que elegimos en la historia reciente, destituidos por sus acciones, o ya sea porque la ciudad fue avasallada por un autoritarismo dañino que no la respetó, y que cerró el año 2015 con la entrega a la Casa de la Cultura, sin mediar actas legales, como si hubiera algo que ocultar, de una dotación de tabletas, televisores, instrumentos de música, en fin, que por la forma de cesión, por sus omisiones, se perdió en buena parte.

¿Qué pasó en la Fiscalía General de la Nación con el robo descarado de parte de esa dotación de la Casa de la Cultura? ¿Quién compró en la Promotora de Vivienda esos elementos, y por qué aparecen con notables sobrecostos, y quién sustrajo estos elementos de su bodegaje, por un valor cercano a los 90 millones, y por qué nadie hizo en la gobernación un acta de entrega?

Todas serían preguntas que nos deberían responder los integrantes de la administración pasada, y sobre todo que nos deben dilucidar los entes de control, que tienen la competencia para evaluar y juzgar.

El Concejo de Calarcá bien lo ha hecho, como en el caso de sus miembros Guillermo Gómez y Wilson Castañeda, de averiguar las anomalías en Calarcá.

Si bien los actuales responsables de la Promotora de Vivienda y Desarrollo del Quindío han fallado por no contarnos qué pasó de verdad en ese cuarto oscuro, no podemos olvidar que la esencia del problema ético se heredó, como si fuera un legado maldito, de la pasada administración del departamento.

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