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JOSÉ NODIER

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INVENTARIO CULTURAL

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Los gestores necesitamos, señores gobernantes, dejar de nadar contra la corriente

El industrialismo del siglo veinte y el consumo en el veintiuno determinaron que las ciencias económicas eran el perro de caza para la persecución del bienestar común. Idealizamos a los economistas y a los comerciantes, intermediarios puros, y volvimos las ciudades cárceles de la insatisfacción infinita. Nada nos colma ni nos llena, porque el vaso siempre está casi vacío.

Nos pusimos la soga al cuello, y el nudo talla y ahoga. Definimos que los seres humanos fueran gobernados por aritméticas utilitaristas y no por las ideas ni por la belleza. En el Quindío, especializamos la dinámica económica en el comercio, y eso no está mal. Lo que sí es difícil de entender es cuando convertimos a la cultura en subordinada de una hirsuta sobrevivencia o del golpe seco de una caja registradora.

En este sentido, mucho trabajo tiene el Estado, las gobernaciones y las alcaldías para preservar la esencia humanística y para hacer, más allá del mercado, lo requerido por la sociedad para no perder del todo el sustrato espiritual.

Por ello duele mucho la indiferencia de algunos gobernantes en relación con la gestión cultural. Lo digo con claridad: mientras la Alcaldía de Armenia entregó el trámite de la cultura a la politiquería, y el Alcalde Carlos Mario Álvarez se lavó las manos con la poquita agua de los problemas presupuestales, en otros ámbitos, como la gobernación del Quindío, las alcaldías de Calarcá y Quimbaya, comprendieron que el arte y los procesos culturales requieren la atención de los mandatarios.

En la Gobernación el padre Carlos Eduardo Osorio, con el liderazgo de James González Mata, incrementó el presupuesto ya invertido de 500 a 1.750 millones, y le dio libertad a la Secretaría para tramitar sus procesos. Antes de este gobierno las convocatorias para el programa de Concertación se hacían por 350 millones de pesos. Este año que termina se aplicaron 600 millones, y se destinaron 180 millones nuevos para Estímulos, y se abrieron líneas tan interesantes como Emprendimiento cultural y Escena itinerante para grupos de danza y teatro, circulantes por todos los municipios del Quindío.

¿Y la Alcaldía de Armenia? Casi nada. Su negligencia es preocupante, y sus inversiones son dudosas por su escaso impacto en la ciudad.

Importante para el Quindío fue la continuidad que le dieron al programa de la Biblioteca de Autores Quindianos, y a la Ruta Literaria, que es un esfuerzo enorme de la gestora cultural Catherine Rendón, quien coordina los programas de la red de Bibliotecas, y ha sido alma y nervio de los programas de lectura y escritura. Vale la pena destacar la activación de la Sala Roberto Henao Buriticá, usada en otros periodos como espacio de bodega.

Termina un año muy difícil para la cultura por el tiempo que se perdió en la pugna jurídica en el Fondo Mixto para la Cultura y las Artes, y por las dificultades generadas por la reforma tributaria para las ongs culturales y, también, por los procesos kafkianos que todos los días entronizan en las oficinas públicas. A la precariedad organizacional y administrativa del sector, se suma la reglamentación excesiva que pretende neutralizar la ineficacia o la corrupción.

Los gestores necesitamos, señores gobernantes, dejar de nadar contra la corriente. Y seguir construyendo, a través del arte, una sociedad creativa y pacífica.

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