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JOSÉ NODIER

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INVENTARIO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Para inaugurar el carácter universal de una región montañera"

El cincuentenario del Quindío suscita muchas interpretaciones históricas. Algunos dicen, los que creen en ungidos por la divina providencia, que somos producto del ánimo de unos políticos astutos que se reunieron para repartirse una riqueza. Otros, quienes proclaman la voluntad del pueblo como un fogonazo decisivo, piensan que fue el resultado de un fenómeno social, imbricado a la economía y al ahogo del centralismo de los manizaleños.

Mucha tela queda por cortar sobre este tema, no solo porque faltan más investigaciones académicas, sino porque cincuenta años no son nada, solo una brizna de tiempo: un periquete en el río de la eternidad.

Con ese hilo narrativo, de que somos producto de una iniciativa ciudadana, fue elaborado el documental de la Academia de Historia del Quindío, cuya dirección estuvo a cargo de Jorge Hernando Delgado y de Hernando Muñoz.

Y cito el cincuentenario porque así como somos prolijos en decir lo que no hicimos en estos decenios, lo que nos faltó por vivir, es valioso mencionar, asimismo, lo que hoy entendemos como el inventario de nuestros bienes. Parto es obvio de mencionar que la consolidación de la Universidad del Quindío, como centro de educación superior, fue fundamental para ocupar las mentes de los jóvenes, para inaugurar el carácter universal de una región montañera y para profesionalizar una serie de oficios que transitaban el camino del ojo avizor y empírico.

En esa perspectiva considero como un patrimonio mayor de nuestra espiritualidad, la creación en 1993 del Programa de Filosofía de nuestra universidad. Nació, muchos lo saben, por la gestión de Nelson Duque Quintero, quien desde 1985, en el decurso de un Seminario de Epistemología, pensó que era necesario que nuestro departamento tuviera una programa para promover la investigación, la historia del pensamiento y que en este territorio la reflexión crítica contara con el rigor de un plan de estudios.

Pretendía la idea inicial formar profesionales comprometidos con el ejercicio de estudiar las escuelas de pensamiento y sus épocas, entre otras líneas temáticas, pero sustancial era imaginar que el profesional en filosofía pudiera responder a distintos desafíos regionales y locales, ya fuera vinculado con la educación, con la producción académica e investigativa o con las mismas dinámicas culturales.

Difícil fue, como para casi todos, la ocurrencia del sismo de enero de 1999. Y la participación de Filosofía, basada en el análisis y apoyo a los procesos de reconstrucción de los municipios cordilleranos, fue registrada en publicaciones de la Fundación Cinep en Bogotá.

No podemos ignorar, entonces, que la reciente declaratoria de Filosofía como un programa acreditado de alta calidad, atributo reconocido por el Ministerio de Educación, tiene en Nelson Duque Quintero un origen, y una maravillosa continuidad en Gregorio Posada y en Isis Vélez, quienes, acompañados por docentes como Rubiel Ramírez, José Reinel Sánchez, Carlos Arturo Serna Jaramillo, y Jairo Urrea Henao, entre otros, mantienen activa la proclividad de pensar lo que somos y lo que podríamos ser.

Podemos reprochar muchas de nuestras acciones, obvio, pero no soslayar que existen logros primordiales del espíritu en estos primeros cincuenta años de vida colectiva. Podemos decirnos del acuerdo o el repudio en el fragor de la vida ciudadana, pero sustancial es argumentarlo: explicarlo con el rigor del pensamiento.

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