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 LA ALEGRÍA DE LEER

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"la belleza de la palabra, su equipaje de esperanza, aún existe"

Ningún placer se parece al de la lectura. Se practica cuando uno desea conocer qué existe detrás del mundo visible del alfabeto. En ocasiones es por el paroxismo que genera el conocimiento por sí mismo; otras, porque esta realidad es tan dura, tan cruel, tan frágil y a la vez tan compleja que, a través de la imaginación, esperamos escapar de la celda que compramos con nuestra identidad. Entonces acudimos a los libros y la vida se hace tolerable, con la ilusión de que la mentira —así define Vargas Llosa a la literatura— nos alivie de tanto dogma.

La ficción se hace necesaria porque si bien está basada en el engaño, todos sabemos sobre qué arenas movedizas caminamos. No ocurre lo mismo con otros discursos, como el relato de los políticos, de los publicistas o de las farmacéuticas, en los que la mentira esconde o enmascara la versión primordial de una verdad.

No obstante existen "enemigos cordiales" de la lectura, como dijo William Ospina en el VI Congreso Internacional de la Lengua, en Ciudad de Panamá, y en su caso se refiere a la academia y a la industria editorial.

Cuando un niño de cinco años sube a la nave de la educación empieza a marearse por los bandazos de un sistema que está diseñado para lanzarlo por la borda. Nuestros docentes, pagados a medias y convertidos en profesionales marginales de una sociedad que glorifica el exitismo y la competitividad, a veces no saben cómo afrontar los distractores y el derrumbamiento de prácticas de disciplina en los hogares, con lo que extravían su brújula y no encuentran, en los demás puertos de ese viaje —los padres, el Estado, los medios— soporte para sus incertidumbres. Arrojamos a nuestros hijos al vientre de una ballena que los devuelve escépticos y desorientados.

La industria editorial poco ayuda, porque en su afán de vender libros llena sus bolsillos de dinero, exacerba el ego de los autores y deja por fuera las necesidades del lector. Entrar a una librería sobresalta porque uno puede salir esquilmado de ilusiones.

Las estadísticas exhiben guarismos desalentadores. Se dice que el 67% de los colombianos no lee y que dos de cada 10 compran 1.6 libros. Pero otra historia se escribe en muchas partes de Colombia, y existen testimonios de la inquietud de los niños por la lectura. Pregunten a docentes como Ana María Moreno, Francy Lady Rojas, Maria Luisa Mahecha, Rubiela Guevara, Gloria Amparo Gaitán, entre otras, profesoras que en el Quindío investigan en el aula.

"De los diversos instrumentos inventados por el hombre, el más asombroso es el libro; los demás son extensiones de su cuerpo... Solo el libro es una extensión de la imaginación y la memoria", dijo Borges.

Y así es: la belleza de la palabra, su equipaje de esperanza, aún existe.

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