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JOSÉ NODIER

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LA FARC DE FRAC

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Se frotan las manos los cazadores profesionales de incautos

La realidad es demasiado cruel con los seres humanos. Es dura, a veces filosa y nos vuelve, a muchos nos pasa así, vulnerables y precarios. Cuando digo la realidad es el entramado de relaciones sociales y de poderes que configuran una entidad superior a la individual. Algunos, como es mi caso, nos tornamos ilusos y, puede ser, vulnerables. Otros, vengativos y mezquinos, como si el mundo estuviera siempre en déficit o en deuda con ellos.

Digo lo anterior porque lo que nos ocurre a los sujetos, a los particulares, le pasa a los grupos o comunidades. Se vuelven algunos pueblos, como lo vocifera el antiguo testamento, hordas inclementes, mezquinas, movidas por el miedo a lo que viene, que tal vez no venga, y a lo que fue, que ya pasó.

A Colombia, le quedó grande el proceso de paz por mezquindad. La actitud de ese partidito de bolsillo de Vargas Lleras, Cambio Radical, con el trámite en el parlamento de la Jurisdicción Especial para la Paz, es evidencia de oportunismo politiquero, sí, pero también de una profunda sordidez, basada en el odio y en el revanchismo.

El miedo, emoción preponderante en nuestro país, salió a flote cuando la Farc, convertida en partido político, como debe ser en una democracia seria y camino a la modernidad, anunció con una torpeza infinita -la que nos debería alegrar- el nombre de sus candidatos a la Presidencia y al Congreso de la República.

Dicen ellos, criminales de la peor laya en el pasado, que debemos elegir a Rodrigo Londoño, y a su caterva de trogloditas a las grandes dignidades del país. Y se equivocan, porque el hecho de que vayan a elecciones sin haber concurrido a los estrados judiciales, dice bien lo que piensan ellos mismos del Estado, y dan la razón a los cavernícolas del otro lado, a esa ultraderecha horripilante, antiética y antiestética, que aglutina a una parte de la opinión pública del país.

Ahora, ellos mismos, la Farc vestida de frac electorero, entregan leña húmeda a sus adversarios del otro lado: el humo farragoso del terror a la irrupción del lobo, del socialismo obtuso del siglo veintiuno, esa expresión de populismo democrático que se tragó la cordura, y la riqueza, en Venezuela.

Se frotan las manos los cazadores profesionales de incautos. Hace muchos años, no tantos para olvidarlo, el M-19, guerrilla aplaudida por ciertos sectores urbanos, entregó las armas y fue a elecciones. La gente la premió con casi un millón de votos, al principio, y luego la castigó hasta hacerla desaparecer como movimiento político.

Erró la Fuerza Alternativa Revolucionara del Común al postular a quienes postuló, y nos equivocamos los colombianos cuando cuestionamos que puedan participar en elecciones, cuando ese es el horizonte normal para los antiguos subversivos.

Retrocederán, ahora, bajo la avalancha de votos e indignación que el recuerdo de sus crímenes, su temeridad, y su infinita soberbia, producen en el corazón de los colombianos que sentimos repudio por su pasado, contradicción con sus postulados ideológicos y alegría por su dejación de armas.

No habrá contemplación para decirles, con votos, que les damos la bienvenida a la civilidad, claro, pero que sus imaginarios y sus ideas deben estar lejos del erario público, sobre todo en el ámbito ejecutivo.

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