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LA HOJARASCA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Que dicen mucho porque significan poco"

La semana pasada se debatió en los medios de comunicación sobre lo ocurrido en la Feria Internacional del libro con la aglomeración humana ocasionada por la presencia del youtuber German Garmendia. Los escritores opinaron, opinamos, para descalificar casi todos al youtuber como productor de literatura seria, y los jóvenes, en la otra orilla, no comprendían el por qué se les decía que su ídolo apenas era un creador oportunista de contenidos de consumo.

Hace parte esta polémica de las confrontaciones suscitadas por la irrupción de formas de expresión que, por el formato, se vuelven innovadoras, es decir, que el empaque casi puede configurar el contenido. Y los videos que montan estos nativos digitales en la red, que dicen mucho porque significan poco, manifiestan una estética poderosa y de moda, y en particular tienen una empatía única con los modos de sentir de las nuevas generaciones.

No deberíamos rasgarnos las vestiduras frente al fenómeno en sí mismo sino pensar en contraste cuál es la explicación para que esos discursos, los que nacen y mueren en los intríngulis de las redes, tengan tanto impacto sobre nuestros hijos y nietos. ¿Qué de lo que decimos y hacemos no les gusta y por qué? ¿En dónde está la clave para entender la sensibilidad de los niños y jóvenes? ¿Qué de nuevo sienten ellos que nosotros no podemos experimentar en nuestras vidas?

Recuerdo que en mi infancia y juventud el Ministerio de Educación mandaba leer, por obligación, La rebelión de las ratas, y algunos otros libros de Fernando Soto Aparicio, el escritor que, terminada la feria, murió en Bogotá, a sus 83 años.

Hace parte la obra de Soto Aparicio de una literatura hecha con el molde clásico, cuya formulación narrativa acudía al inicio, nudo y desenlace, con una carga testimonial y romántica muy propia de un costumbrismo que relató buena parte de la vida rural del siglo veinte. Es una literatura valiosa, porque desde el drama humano dice bastante sobre cómo era nuestro país, las afugias de la gente en regiones marginales.

La muerte de Soto Aparicio, y en contradicción la fogosidad de esos discursos de la liviandad, que nada dicen pero que dicen todo sobre la egoadicción y banalidad de una época, simbolizan, ambos hechos, la necesidad de tratar de entendernos en medio de la diferencia y de comprender que los tiempos han cambiado, sí, pero que no podemos dejar de advertir la superficialidad de unas imágenes que llenan la pantalla por un momento, la cargan de emociones efímeras, pero que al final poco contribuyen a la formación personal de los internautas.

Nunca sentí adhesión por lo escrito por Soto Aparicio, ni me aficioné por sus libros pero creo que él hacía un gran esfuerzo por escribir y contar a nuestro país, por encontrarle un sentido histórico y social a sus vivencias, y eso procura una diferencia notable en relación con las estridencias que encontramos a la vuelta de un clic en el computador.

Italo Calvino habló de la levedad como un rasgo de nuestra época, del nuevo milenio. De seguro no imaginó que su teoría, basada en la estética, fuera deconstruida por la hojarasca que hoy acolcha los puentes de lata que caminan nuestros hijos.

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