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 LA MUJER DESNUDA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Un pueblo es un ideal colectivo"

Cincuenta años no son nada. Y para comprobarlo solo que hay que leer Ciudades Invisibles de Italo Calvino, inventadas en su relato de viaje por Marco Polo a Kubai Klan, emperador de los tártaros. Son pueblos de fábula, invocados por la memoria, el deseo, los signos, la sutileza de sus habitantes, el hedor de sus muertos o el aroma de sus comercios.

No hemos sido muy imaginativos en nuestros primeros cincuenta años. Heredamos del Viejo Caldas una agricultura que ahora se derrumba, a pesar de los subsidios del gobierno para el café, entre otras causas, por el tránsito de los campesinos a los ambientes citadinos. Nos faltó la audacia de los idealistas para romper la receta neoliberal dictada desde un escritorio en Bogotá.

Heredamos, y los mayores lo sabemos, unos colegios públicos que eran nuestro orgullo, como el Rufino José Cuervo en Armenia o el colegio Jorge Robledo en Calarcá, y después de medio siglo, los mismos se han convertido en instituciones frágiles en la ejecución de sus planes de estudio. La calidad de nuestra educación pública es tan baja —excepto el Casd, maravilloso ejemplo— que las estadísticas nos instalan en el podio del patetismo.

El civismo, añorado por románticos bien intencionados y generosos, nunca fue reemplazado por una sociedad de derechos ciudadanos, deliberante y proactiva que nos permitiera, en vez de intentar sustituir al Estado con las bondades del convite, hacerlo fuerte y resolutivo desde la participación democrática.

Y qué decir de la dirigencia política y empresarial del Quindío. Nada. O si, mucho se puede decir: que convirtió al Quindío en una burbuja política, social y mediática, en cuyo interior solo hay complacencia, elogios recíprocos, condecoraciones vergonzosas y privilegios económicos para unos pocos, mientras en las calles el desempleo y la drogadicción carcomen la convivencia.

La clase política, aupada por el sistema electoral colombiano, cada día interpreta menos lo que ocurre en la sociedad y más su mezquina lógica de camarilla, que comparte solo las migajas con la clientela. Los gremios, por su parte, se atornillaron a sus ideas, algunas obsoletas, otras anodinas, como es el caso de convertir al Quindío, con el aporte sustancial de recursos públicos, en un destino turístico sin vocación planificada y estratégica, soportados ahora en la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero. No entendieron el mensaje de la Unesco: se definió como patrimonio a esta cultura porque, por acción u omisión, está amenazada.

Y no quisiera hablar más de la cultura en el Quindío, pero es prioritario hacerlo. Poco a poco hemos destruido lo mejor que teníamos y es una nimiedad lo avanzado. No tenemos Biblioteca departamental, ni teatro adecuado, ni sala de exposiciones digna, y menos formación escolar en arte y creatividad.

En las Ciudades Invisibles, Calvino cuenta la fundación de Zobeida, la ciudad blanca: "hombres de naciones diversas tuvieron el mismo sueño, vieron a una mujer que corría de noche por una ciudad desconocida, la vieron de espaldas, con el pelo largo y estaba desnuda. Soñaron que la seguían". Ellos no la encontraron, pero decidieron construir una ciudad como en el sueño.

Un pueblo es un ideal colectivo. Después de cincuenta años deberíamos empezar a entenderlo.

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