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 LA OTRA MEJILLA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Beberemos de las aguas salobres de la frustración"

Alguna vez pensé que la única diferencia entre el Partido Social de la Unidad Nacional, de la U, y el de Cambio Radical, estaba en que en el segundo había terraza de fumadores. Y lo digo por la conocida compulsión de su jefe por el cigarrillo, como una adicción que configura, si se quiere, una metáfora del apego que tienen las familias bogotanas al poder, a su descarado centralismo.

Las dos colectividades fueron creadas para resolver los problemas de Uribe y Vargas Lleras, toda vez que ambos estaban incomunicados con ese piélago de microempresas electoreras que proliferan en Colombia. El partido de la U, además, había instalado un tobogán, en sus inicios, para que la derecha más visible del liberalismo cayera en la piscina uribista, y se uniera a algunos políticos de provincia que ya eran investigados por sus nexos con el paramilitarismo.

En Bogotá, el partido de la U se alió con la Anapo para esculcar el erario público. Así lo hizo. En las ciudades intermedias, desconectados como estamos de un corpus ideológico que nos legitime, fuimos aceptando que la intermediación política de las regiones fuera realizada por una agrupación como la U, que se parecía a todo y a nada y que tenía, como dicen algunos politólogos, vocación de poder.

En Calarcá, la U hizo y hace de las suyas. Ahora, avalado por la ley absurda que permite que ese partido siga al frente de la Administración municipal, designa a Jesús Maria Zuluaga, para mantener y profundizar el desorden social que impera en esa ciudad.

Lo digo porque la administración está, y así lo confirman los primeros actos políticos del nuevo alcalde, maniatada a unas lógicas burocráticas que dicen, desde ahora, de un continuismo nocivo, el mismo que erosionó las ilusiones ciudadanas.

Lo primero que ha hecho el Alcalde actual, desde antes de posesionarse, es consultar su gabinete, y condicionarlo, a las fuerzas políticas del Concejo que llevaron a Calarcá a la actual debacle administrativa. No se advierte, como si lo hizo la pasada alcaldesa interina Carolina Cárdenas, un mea culpa administrativo, que nos diga de la existencia de otra mentalidad y de otro liderazgo en ese municipio.

Lamento la torpeza política del Alcalde cuando respeta algunos enclaves políticos de la pasada administración, con lo que manda un mensaje directo de burla y desdén por la ciudadanía.

No podrá, como es obvio, liderar los temas fundamentales de ese municipio, que pasan por la revisión de tarifas de Multipropósito, la ampliación del pie de fuerza policivo, el ordenamiento urbano que contradiga la privatización del espacio público, el fortalecimiento del servicio educativo de Calarcá, la gestión rural y, claro, no podrá contrarrestar la voracidad contratera de los líderes locales y departamentales. No tendrá soporte político y autoridad para contraponerse a los males endémicos de nuestro pueblo.

Beberemos de las aguas salobres de la frustración. La voluntad del alcalde es mantener lo que existe, perpetuarlo, porque su enroque político es moverse hacia la endogamia de su familia política.

Pido a todos que en el 2015 pongamos en Calarcá la otra mejilla. El alcalde ya dijo lo que tenía para decir. Y no por su discurso: por sus actos.

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