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 LAS LÓGICAS DEL MANIQUEÍSMO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Es tan importante el conocimiento científico como el estético"

El ejercicio del poder, o su búsqueda, exhibe la condición humana de cuerpo entero. Las elecciones en la Universidad del Quindío expresan lo que ocurre en la sociedad: ideas interesantes y, también, prácticas de maniqueísmo llevado al extremo. El mundo en blanco y negro, de acuerdo con el imaginario de turno.

Decía de las elecciones en la Universidad porque su desarrollo significa un desgaste interno de enormes proporciones. De una parte, se propala la idea de que todo va mal y que tiende a empeorar. Del otro lado, en cambio, se manifiesta que la edad de oro va a llegar a nuestras vidas. Todo está enredado, los valores trastocados, y la maledicencia presente en muchas expresiones de campaña eleccionaria.

Hace pocos años, justo cuando terminó la administración de Julio César Victoria, interpretamos de su inventario que el retroceso había sido fatal, porque se había alquilado, al mejor postor de la politiquería y el clientelismo, la precaria autonomía que habíamos conquistado. Era increíble para propios y extraños: la Universidad había estado en manos del grupo político del inefable Emilio Valencia.

En ese momento, al borde del precipicio financiero, se requerían visiones conservacionistas que blindaran a la institución frente a los perversos movimientos políticos del exterior. Avances sustanciales se lograron, claro, como la misma sobrevivencia, pero el más importante residió en la restauración de una ética pública, que predominó en los actos públicos de la administración.

El momento actual de la Universidad es notable, en especial, porque ningún organismo en la región puede darse el lujo de tener, como se tiene, una triada de candidatos a la rectoría de los méritos académicos y la brillante trayectoria de los postulados, en este caso de William García, Patricia Landázuri y José Fernando Echeverry. Los tres, con talantes diferentes, hablan bien del grado de madurez de la institución.

Es importante reconocer que muchos rasgos de la modernidad aún no llegan a la Universidad, y que su implementación requiere, en este trance de la historia, un liderazgo audaz, dialógico, que comprenda la necesidad de concertar con los agentes externos desde la dignidad propia de la autonomía académica. No podemos volver al pasado, si, pero es clave, a través de proyectos comunes, romper la burbuja en la que hibernamos ahora.

La Universidad del Quindío necesita un timonel que avizore el futuro, y entienda la alta calidad como un camino, y no solo como un fin en sí mismo. Es una ruta que se recorre con docentes de planta y ocasionales, en procura de reversar la cultura neoliberal del minutero de las horas de cátedra; con personal administrativo bien pagado, motivado y asociado; que se aborda desde respuestas reales a los problemas locales y regionales; y claro, que se profundiza si se comprende que es tan importante el conocimiento científico como el estético.

Hace pocos días, Scimago, un portal de producción intelectual, clasificó a la Universidad del Quindío en el puesto 21 en Colombia, con lo que la incorporó en una mediana clasificación. No todo está mal, obvio, pero es hora de pensar en grande, sin complejos; es tiempo de imaginarnos, sin miedos, como una universidad de científicos, filósofos y artistas del siglo veintiuno.

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