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 LIBERTAD DE PRENSA

Claudia MoralesPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"La libertad es el derecho de decirle a la gente lo que no quiere oir"

Lo raro de nuestras instituciones democráticas, lo que expresan sus acciones u omisiones es que los colombianos no aprendemos lecciones.

Nos pasó en el siglo dieciocho, cuando Antonio Nariño fue condenado a diez años de cárcel en África, por cuenta de la publicación de Los derechos del hombre y de los ciudadanos, y nos ocurre ahora cuando, sin mediar orden judicial, la policía persigue a algunos periodistas y se conocen las interceptaciones ilegales y el acoso desatado contra Vicky Dávila, Claudia Morales, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Maria del Rosario Arrázola y Daniel Coronel.

Es paradójica esa permisibilidad de nuestro Estado, que dice defender la libertad de expresión, pero que durante años toleró los delitos del Departamento administrativo de Seguridad, al espiar a la Corte Suprema de Justicia, recuerden, pero que también intervino correos electrónicos, como le ocurrió a Ramiro Bejarano, a Hollman Morris, a Felipe Zuleta, en fin, a un conjunto de personas independientes, quienes nutren una tradición de periodistas que no se arredran frente a los desmanes del poder.

Algo similar ocurrió con la operación Andrómeda, cuando las fuerzas militares, además de sustraer información de los correos de los negociadores de paz, aprovecharon para vigilar a los periodistas que ellos suponían proclives al proceso de La Habana.

Las denuncias de los comunicadores ya mencionados, relacionadas con la red de prostitución masculina que opera en la Policía, según esos informes la denominada "comunidad del anillo", y los posibles enriquecimientos ilícitos de altos mandos, trascienden la anécdota infeliz para la prensa de Colombia, y exige un cambio radical en la fuerza pública.

Lo que no habían logrado las Farc, cuando pedían una transformación de la doctrina militar y policial, lo condicionan ahora las mismas acciones de los uniformados, y de su aparato de inteligencia, porque su abuso es contumaz y vulnera los derechos ciudadanos.

La burbuja de privilegios y corrupción de las fuerzas armadas hay que desinflarla, de tal forma que la sociedad civil convierta a esas instituciones en un objetivo de alto valor democrático.

Camus, en 1939, en Argelia escribió un maravilloso texto sobre la libertad de prensa. George Orwell reivindicaba que la libertad es el derecho de decirle a la gente lo que no quiere oir. Y nosotros debemos entenderla como una oportunidad de convertir este remedo de democracia en un organismo funcional y digno.

Los colombianos no podemos permitir que la fuerza pública, a través de actos ilegales, convierta la vida de una periodista como Claudia Morales, cuya inteligencia y ética son ejemplares, en un infierno diario, como si fuéramos todos cómplices pasivos de la delincuencia.

Nos concierne a los quindianos, como conciudadanos de esta valerosa mujer, rodear con afecto a su familia y exigir de la Fiscalía General de la Nación y de la Presidencia de la República resultados visibles que neutralicen a quienes ordenaron esa tropelía.

No podemos dormir en paz, pensar que no nos atañe cuando Claudia Morales y los demás periodistas miran con desconfianza el suelo que pisan y sienten, como consecuencia de su trabajo, que están desamparados.

Ahora nos dirán, como siempre, la teoría de las manzanas dañadas. Y nosotros pensaremos en que la cosecha entera hiede y está putrefacta.

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