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JOSÉ NODIER

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LO QUE SÍ TIENE NOMBRE

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Las enfermedades mentales siguen siendo un tabú para la sociedad contemporánea"

Muchas veces, quién no, caemos en agujeros negros existenciales. No sabemos cuándo, porque de un momento a otro la tarde oscurece y baja sobre nosotros el telón de la noche en forma de ansiedad o de afantasmados pensamientos. Perturbaciones que nos revelan cómo somos de verdad: débiles, precarios, una gota de agua en el océano de la eternidad.

Pasa en el trabajo cuando creemos que la seguridad cotidiana se desmorona; ocurre cuando en la familia una enfermedad azota el ventanal de nuestros ojos; sucede cuando sentimos que el planeta se hunde a nuestros pies por razón del amor o mejor del desamor, esa enfermedad del alma que nos hace añorar a la mujer perdida, casi siempre, por cuenta de las torpezas propias. En repetidas oportunidades, no lo sabemos a ciencia cierta, ese agujero negro se abre desde la agitación o la accidentalidad de nuestra genética, el río desconocido y turbulento, plagado de pirañas, que se agita en las arterias.

Y además, en un país donde la violencia es un hábito, explícito en la agresividad que percibimos en las diversas formas de relacionarnos en este territorio de desesperanzas múltiples, la salud mental discurre inadvertida, como si fuera natural el pozo de angustia o el granero de zozobra que contiene a nuestras estropeadas emociones.

Hace pocos meses, en la Encuesta Nacional de Salud Mental, elaborada por la Universidad Javeriana, Colciencias y el Ministerio de Salud, se nos reveló que 10 de cada 100 adultos, padecen, padecemos, algún tipo de trastorno mental, mientras que 12 de cada 100 adolescentes están signados por alguna enfermedad que los acogota o los exacerba en sus actos diarios.

En los adultos, entre los 18 y los 44 años de edad, predominan la ansiedad, la depresión y la sicosis. Y ese diez por ciento asegura padecer una enfermedad mental, con mayor incidencia este fenómeno entre las mujeres.

Aunque lo más llamativo de esta encuesta, que muestra a los jóvenes como los más vulnerables, es que la población entre los 7 y los 11 años, también reporta un 4,7 por ciento de niños o niñas que padecen estos trastornos, evidenciados en déficit de atención, ansiedad por líos familiares y ansiedad común o generalizada.

En el Quindío mucha agresividad es manifestada en la calle, y es frecuente que las noticias nos traigan la historia de un suicidio. Un joven, acosado por su frustración o un adulto herido por la vida, toma la decisión fatal, casi siempre con la indiferencia nuestra o de quienes no les interesa saber que los demás sufren de manera callada.

Las enfermedades mentales siguen siendo un tabú para la sociedad contemporánea. El sistema de salud las ignora por interés económico, y en nuestras casas pretendemos soslayar lo evidente: que muchos estamos atornillados a pensamientos obsesivos, y que sentimos pánico, ráfagas de incertidumbre y miedo, ante la realidad.

Es emblemático el libro de la poeta Piedad Bonett sobre el suicidio de su hijo, texto que ella tituló "Lo que no tiene nombre", porque es un dolor excepcional para una madre, claro, pero también porque entre todos tapamos lo que es visible pero innombrable.

No podemos ocultar, por vergüenza, que somos humanos, muy humanos.

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