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 METAL-RIFF PARA UNA SIRENA VARADA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"La música, como el amor, penetra o brota por cualquier orificio de la vida"

Algunos creen que la música es la prueba reina de la existencia de dios. La estiman como un arte superior, que al crear un código para sí mismo funda un universo aún más autónomo que el literario, el que por su naturaleza conjetural camina a la vanguardia de las demás expresiones del espíritu.

La música, como el amor, penetra o brota por cualquier orificio de la vida. Aunque cada día sea el amor una utopía menor, ya no soñada por ciertas tribus urbanas, que huyen por la noche enfundadas en sus camisetas de fanatismo, escondidas tras sus pasamontañas de lana o metidas en la bóveda sonora de sus audífonos. Si no fuera por la música, por su capacidad de simpatizar con el dolor de los jóvenes o de asimilarlo o de darle un sentido, no sabríamos qué hacer con los efectos de su crueldad prematura. Con sus tristezas y sus ansias de sangre. Tribus de angustiados caníbales que residen en torres de apartamentos.

La novela Metal-Riff para una sirena varada, de Omar García Ramírez es una obra clave para entender a una generación de colombianos que encontró en el rock una estética, un modo de renegar de esa sociedad agobiante, que obligó a muchos jóvenes de los años sesentas y setentas a soñar despiertos, alucinados por el descubrimiento de la ciudad y sus exudaciones químicas. Conmovidos por lo que denomina Rigoberto Gil Montoya, el escritor y profesor de la Universidad Tecnológica, como una poética del neón.

A pesar de que soy un ignorante de la cultura rockera, y del éxtasis del metal, y lo lamento, pude disfrutar a plenitud la novela por la belleza inquietante de su lenguaje y por la misma estructura, que a veces demuele los apretados corsés de los géneros literarios.

Es un perturbador relato que al contar una parte sustancial y desconocida de la historia musical, logra configurar sin lugares comunes un personaje como Salomé, quien canta en una banda, pero cuyo escepticismo frente al statu quo es de tal dimensión que inventa un mundo paralelo a la realidad con el objeto de negarla: de quemarla en el altar sicodélico de la noche.

Es Salomé, el personaje principal, hija directa del Frente Nacional, de ese pacto de las élites de Colombia que bajó la intensidad a la inacabada guerra civil de 1948, sí, pero que dejó por fuera de la sociedad a jóvenes que escaparon al monte, por excluidos y a otros que por diferentes se adentraron en la selva de cemento, en los pasadizos clandestinos de la ciudad. La salida para sus vidas, sin esperanza, era perderse en la maraña de vivencias alternativas y contraculturales de la época. Huir por las alcantarillas de una urbe que, sin aspavientos, los vomitó.

Metal-Riff para una sirena varada, novela publicada por la Biblioteca de autores quindianos, financiada por la gobernación y editada por la Universidad del Quindío, es la evidencia de que podemos ser ciudadanos del mundo, a pesar de nuestras inhibiciones provincianas, ya sea para experimentar culturas o, como en el caso de Omar García Ramírez, para contar con notable pericia una historia universal.

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