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JOSÉ NODIER

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MUNDOS PARALELOS PARA EL ARTE

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"La historia no se puede borrar de la pizarra de la memoria"

Vivimos en mundos paralelos en la gestión cultural. En tanto en los países desarrollados se habla de una economía naranja o de una economía de la creatividad, que fue definida por primera vez en una cuenta satélite por el Banco Interamericano de Desarrollo, en la provincia los artistas y gestores culturales no encuentran en el Estado, y menos en el sector privado, interlocutores estables para dialogar sobre los procesos estéticos. Es como si la premodernidad, el tiempo de la teocracia y del centralismo, nos carcomiera con la lentitud de sus tiempos.

El Dane y Planeación Nacional estiman desde 2012 que este sector aporta a la economía entre el 1,5 y el 1,7%, al PIB, lo que significaría, en especial en Bogotá, Medellín, Cartagena, Cali, Barranquilla, que la actividad de las industrias culturales pesan igual o más que la misma extracción del carbón o superior en sus guarismos al cultivo del café en el país.

La mayoría de los procesos educativos en arte y cultura, ya lo sabemos, están en las grandes ciudades de Colombia, y parece que los ministerios de educación y de cultura no se enteraran al respecto.

Por lo mismo la evolución que ha tenido durante 23 años el Instituto de Bellas Artes, de la Universidad del Quindío, es necesario destacarla. Fue creado por el rector Henry Valencia Naranjo y tuvo en el profesor Mario Ramírez Munar su primer director y su más apasionado defensor público.

Luego, su entusiasta gestora fue la poeta Laura Victoria Gallego Mejía, quien durante muchos años propició el cambio del Instituto hacia la universalización, es decir, que en su paso logró su transformación curricular, con el valor agregado de insertar los lenguajes y los métodos pedagógicos de la música, de las artes plásticas y del teatro. De su mano, además, surgieron los procesos de escritura creativa en el Quindío, con la creación del taller Carmelina Soto.

Pocos podrán olvidar, claro, que profesores como Luz Stella Fernández, María Fernanda López, Antonio Stalin García, Lwdin David Franco, y el maestro Alberto Gaitán Neira, para solo mencionar algunos, convirtieron a Bellas Artes en el lugar propicio para aprender arte y liberar el espíritu. El maestro Gaitán, desde su llegada, impregnó de rigor y calidad humana el proceso formativo en el Instituto.

Ahora, después de una serie de ires y venires, el Instituto, con la orientación de Sebastián Martínez Castro, y del rector José Fernando Echeverry Murillo, comienza un proceso de reinvención que pretende construir una nueva forma de sentir y enseñar las artes en el Quindío. Cada época trae sus propios frutos, si el árbol crece al aire libre.

Reforzar el componente teórico en música, mejorar el diplomado de teatro, profundizar las técnicas en artes plásticas, serán las variables que abonen la creatividad en el Quindío.

La historia no se puede borrar de la pizarra de la memoria. Ha sido el Instituto de Bellas Artes, con sus defectos y virtudes, un patrimonio de todos los quindianos. Allí nació el Programa de Artes Visuales y con certeza de allí brotará el ideal y la realidad de contar con un pregrado de música y, por qué no, de una Facultad de las Culturas y las Artes en el Quindío.

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