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JOSÉ NODIER

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NEGACIONISMO RADICAL

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Llegó la hora de pasar la página del horror"

Las revoluciones armadas de extrema izquierda y de extrema derecha, como sus protagonistas, se parecen. Inventan las mismas lógicas perversas. En Chile, el ejército, comandado por Augusto Pinochet, durante 17 años desapareció, asesinó y controló a una nación que, en buena parte desde la civilidad, tuvo que arrodillarse o se arrodilló por causa propia ante la indignidad y la muerte. Villa Grimaldi, por ejemplo, fue el centro de detención y tortura de esa dictadura. El 15 de agosto se conmemora en ese país, y en ese ominoso lugar, el día Internacional de los desaparecidos.

La insurrección de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, en mucho, se parece a ese patético retrato chileno. Aún hoy se habla de casi 700 secuestrados sin noticia alguna de ellos y de miles de desaparecidos de esa guerrilla, que llegó a perpetrar actos de terrorismo inauditos. Como la extrema derecha chilena, la subversión colombiana, con una soberbia inamovible en el pasado, acometió y justificó el asesinato, la desaparición de personas y la creación de campos de concentración en la selva. Nunca podemos, ni debemos, olvidar la ignominia de sus acciones.

Ayer en el teatro Colón de Bogotá se firmó el nuevo acuerdo de paz entre nuestro Estado y esa guerrilla. Luego de múltiples deliberaciones se llegó a un nuevo pacto que no es perfecto, pero que sí, después de cuatro años de negociaciones, es el punto de llegada de las conversaciones y el punto de partida para desactivar un conflicto de más de medio siglo.

La refrendación de ese acuerdo, después de haber escuchado a los distintos sectores del No, debería ser expedito y no el gesto democratero del pasado plebiscito que nos enredó. Lo digo porque ya habíamos votado, en contra del Centro democrático, para elegir a un presidente de la paz, como se autoproclamó en su momento Juan Manuel Santos.

Habría que analizar el origen del No a los acuerdos de paz. Hay quienes, desde una perspectiva moral, estiman que los guerrilleros por haber cometido crímenes atroces no deberían representar a la sociedad en el cuerpo legislativo. Hay quienes creen, con toda razón, que la guerrilla en las calles haciendo política es un riesgo para sus intereses personales. Hay quienes, claro, por mero cálculo político, como algunos en el Quindío, entienden el No, su representación, como un espectro político para sus aspiraciones individuales.

Hay muchos ingenuos que reciben aún la chupeta envenenada de las mentiras y medias verdades de algunos promotores, cuyo objetivo es boicotear el proceso. Hay defensores serios del No como la congresista Sofía Gaviria y el periodista Herbin Hoyos, que han dedicado su vida a defender a las víctimas de las Farc.

Y hay otros radicales, fanáticos de la vía armada, que utilizan su vocería, como el expresidente Uribe y el exprocurador Ordóñez, para aupar desde su trinchera de privilegios una solución militar al conflicto que ellos mismos desconocen desde lo político. Negacionistas puros.

Llegó la hora de pasar la página del horror, y no podemos escuchar más las voces ásperas de los negacionistas extremos, quienes seguirán parapetados en sus morbosos intereses personales, en sus odios reconcentrados, con la obsesión de vulnerar lo construido.

Llegó la hora de pasar la página del horror. Y avanzar.

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