Logotipo calarca.net

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 
Inicio     Escríbanos sus inquietudes    Lea nuestro Libro de VisitasCompartir esta página en FacebookRecomendar en Twitter

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 NOS PIDEN AUXILIO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"No encuentran un lugar en el mundo, no hallan sosiego en esta sociedad agobiante"

Bien dicen que el dolor de una madre es inenarrable. Sangra lo mismo su corazón cuando su hijo es asesinado en un falso positivo— las madres de Soacha—, como cuando este muere en una reyerta callejera, víctima de un atraco o de un acto de intolerancia.

Vi a la familia de Juliana Rendón Ríos, la niña asesinada en Calarcá, y no creo que una imagen de tristeza pueda ser mayor que la que se transparentaba en la plaza de Bolívar, el domingo, día oscuro y lluvioso. Los cánticos de la barra Artillería Verde hacían trepidar el piso, con la angustia propia de encarar, sin esperanza, el absurdo de la violencia.

Pensé, de tal dimensión era su desazón, que esos niños y niñas nos pedían auxilio, con sus letanías y gritos desgarrados.

Ese día proclamaban, con frenesí, su pertenencia a esta tierra, al supuesto paraíso de nuestros gobernantes. De sus labios brotaban la ira y el deseo de venganza, como bocanadas de ceniza caliente de un volcán a punto de estallar.

Calarcá, después del sismo de 1999, es un pueblo fragmentado, una especie de archipiélago de comunidades que no se miran entre sí: quienes viven en el norte no saben de los avatares existenciales de quienes sobreviven, con pobreza y dolor, en el barrio Lincoln. En esta nueva sociedad, que algunos no quieren ver, las categorías maniqueas —lo bueno y lo malo— no aguantan el efecto del alcohol y de la droga que campea en decenas de barrios o en la misma y antiestética plaza de Bolívar.

Calarcá, como botín de los políticos corruptos —del partido conservador, de la U, en fin— es un municipio extraviado en sus propias ambigüedades. Dice ser una ciudad cultural mientras la educación pública y el arte no son prioridad para los gobiernos locales; dice ser una ciudad deportiva, y su apuesta solo alimenta precariamente los intereses de los aficionados al fútbol; dice ser una ciudad musical, y su mayor esfuerzo es exhibir la frivolidad de unas bandas marciales quedadas en la historia; dice ser una ciudad de escritores, y ni siquiera tiene un plan de lectura; dice ser tierra de libre pensadores pero es un coto de caza de los manzanillos de otra regiones, quienes, por unos pesos, compran a la mayoría de los líderes del pueblo, como si la conciencia política y social estuviera en subasta pública.

El problema de los jóvenes de Calarcá no es que vociferen por la camiseta de un equipo de fútbol: es que ellos no encuentran un lugar en el mundo, no hallan sosiego en esta sociedad agobiante.

Las niñas no sólo lloraban por la muerte de Juliana: gemían por ellas mismas, porque no entienden los lenguajes, fríos y excluyentes, de sus mayores. Ellos están solos: es la razón de sus gritos, de sus cantos pero también de sus enconados silencios.

 NOTAS ANTERIORES
Bodas de sangre | La economía naranja | Los significados de Amparo | Los cruzados de la guerra | La alegría de leer | Artes visuales | Que nadie llore después | Nada es broma | Lobos al acecho | Adán engaña a Eva | ¿Casa quindiana? | "Yo tengo un sueño" | El camaleón | Las traiciones del liberalismo |

Quédate en Calarcá

Inicio        Escríbanos        Lea nuestro Libro de Visitas Compartir esta página en FacebookRecomendar en Twitter
 
YIPAO
IMÁGENES CALARQUEÑAS
Imágenes Calarqueñas
MONUMENTO AL CACIQUE
Ver Monumento al Cacique Calarcá

Ubicado en el Barrio La Huerta.