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 NOTICIAS DE GAZA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Castrillón es el mejor ejemplo de lo útiles y coherentes que podemos llegar a ser"

Uno queda anonadado con la bestia que crece y se reproduce en el cuerpo de un ser humano. Parece que la civilización no hubiera tocado del todo nuestros párpados, que el mundo fuera una fogata en medio de la selva y un graznido terrible en la noche. Lo que ocurre en el planeta nos llena de espanto. La muerte campea en la soledad de Palestina, ese pueblo, ahora en ruinas, que parece destinado a extinguirse.

Y lo más insensato que puede ocurrir es que miremos para otra parte, como si la suerte de otro ser humano no importara o al menos no nos hiciera pensar que la violencia en cualquier zona del planeta altera la proclividad al equilibrio que debería generar la cultura.

Lamento, por ejemplo, que los quindianos nos creamos ajenos al mundo. Que pensemos, como ocurría con nuestros escritores de otras épocas, que el mundo existía, como España en tiempos pasados, solo para solazarnos con sus formas de vida y sus estéticas, casi siempre preñadas por el oscurantismo del Medioevo.

Pensaba en esa aberración de nuestro carácter, el imaginar que somos una raza distinta —como pregonan algunos despistados— cuando encontré en mi buzón la prueba de que cuando se mira con el corazón se descubren universos alternos y diversos. Tropecé con la poesía en forma de haikú, de un escritor de Armenia, que llegó a mis ojos con la certeza de que mucho si hemos avanzado en cincuenta años de vida.

El poemario Noticias de Gaza, de Carlos Alberto Castrillón, me propinó un mazazo en la cabeza e hizo de mi tristeza por los niños de Palestina —cobijados ahora en la Franja por un cese al fuego, que ojalá no tenga fecha de vencimiento— un motivo de reflexión, si, obvio, por la solidaridad que suscitan las víctimas de esa masacre, pero también porque cuando el escritor dice nos dice, cuando llora nos desahoga y cuando protesta con la palabra sensible nos enaltece porque expresa mucho de lo somos como sociedad. Sus palabras también son metáforas de alguien mejor que podríamos llegar a ser.

Carlos Alberto Castrillón es un intelectual admirable. Sus palabras son finos estiletes cuando de crítica literaria se trata o verbos inquietantes y bellos cuando la poesía las embriaga; ellas nos hacen saber que, en medio de su exigencia para excavar en nuestra arqueología semántica, al recuperar con sus estudiantes y compañeros la memoria de autores ya desaparecidos, pervive un hombre que duerme con el ojo abierto a los destellos del universo.

El paradigma académico que configura Castrillón en el programa de alta calidad de Español y Literatura de la Universidad del Quindío, debería reproducirse en la región: trabajo, ética pública, humor, rigurosidad conceptual y la pasión por nuestra cultura, sin convertirla en la imagen del fetiche paradisíaco que algunos propalan.

Los poemas de Castrillón me llenan de orgullo como conciudadano. Comprendo su producción literaria y su tarea investigativa como la práctica de una sociedad que debe incorporar la crítica y el autoexamen a su personalidad colectiva. Castrillón es el mejor ejemplo de lo útiles y coherentes que podemos llegar a ser.

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