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 PATIO TRASERO

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Es la típica pelea de David contra Goliat"

Desde el siglo diecinueve, por los días de la fundación de los pueblos del Quindío, surgió una puja histórica entre los oriundos de Calarcá y los de Armenia. Intereses personales fragmentaron lo que era una vocación común, y auparon distintas visiones de desarrollo. Era, a mi modo de ver, una disputa parroquial y miope, que afectó las relaciones entre los dos municipios.

Armenia, más proclive al comercio, construyó su vida colectiva a través de la intermediación y los servicios, con lo que creció para convertirse en la ciudad bella y pobre que es hoy. Calarcá, durante decenios, configuró sus relaciones sociales a través de la educación, la cultura y el arte, con lo que fue un dispensador de hombres y mujeres creativos, dispuestos a deliberar y a inventar alternativas de vida común. Fue, ya dije.

No es gratuito, entonces, que la propuesta de un área metropolitana, debatida años atrás, no haya encontrado un escenario ideal entre los calarqueños, quienes pensamos en esa época y ahora que el centralismo político, en una región pequeña y dependiente en casi todo del Estado, es aún más nocivo. Además, la figura jurídica y administrativa de las áreas metropolitanas, como ya está visto en el resto del país, incrementa la marginalidad y el daño ambiental en las regiones periféricas, como lo serían los municipios distintos a la capital del departamento.

La arbitrariedad de algunos jefes políticos de Armenia transmutó en espectadores pasivos, en idiotas útiles, a los electores de los demás municipios, en donde votamos por emprendimientos ajenos a nuestros intereses municipales o zonales, como es el caso de los municipios de la montaña.

No se entiende, por lo mismo, que los líderes de Calarcá sigan en la práctica dadivosa de jugar gratis en el campo de la política regional. Además de entregar sin acuerdo alguno las candidaturas al parlamento, ahora, por decisión del alcalde Jesús María Zuluaga, para colmo, se le concede a un operador de transporte una posición dominante en el servicio, privilegiando sus rutas y su demanda, según una disposición suya que lesiona a empresas como la Cooperativa de Motoristas de Calarcá, Coomocal, y la Cooperativa El Cacique.

A través de los decretos 053 y 058, de abril de 2015 la alcaldía, sin estudio técnico propio, extendió al norte las rutas de Buses Armenia S.A, las intercaló con el transporte urbano y, como si fuera poco autorizó a esa empresa, representada por políticos del partido de la U, a estacionar sus móviles en el extremo sur, con lo que cruza a los distintos operadores y pone a competir, en desventaja visible, a las pequeñas empresas del municipio: es la típica pelea de David contra Goliat.

¿Por qué el alcalde no extendió al norte las rutas de las empresas del municipio que van a Armenia? ¿Tiene relación su jefe político, Libardo Taborda, quien lo postuló, con esta medida que vulnera el patrimonio de los calarqueños?

Luego de desguazar el alcalde la administración pública, repartiéndola entre los concejales, ahora convierte las calles en rutas ajenas a las empresas del municipio. Ya no somos el barrio nuevo de Armenia, como dicen con sorna algunos amigos, sino el patio trasero de sus políticos.

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