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JOSÉ NODIER

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PATRIA O MUERTE

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

Se comprende bien el amor de millares de venezolanos a la revolución

Lo ocurrido en Venezuela es un entierro de tercera a la utopía socialista en esta región del planeta. En ese país la irrupción de un militar como Hugo Chávez le dio nombre a un sueño, al ideal compartido de que los más pobres de los pobres tendrían un hogar en América Latina.

Chávez, con su liderazgo sin complejos, a lo caribeño, orquestó una transformación social sin precedentes en su país. Puso el dinero del petróleo, mares de dólares, al servicio de una causa que se estimaba a sí misma como socialista pero que al final por la idolatría que cultivaron alrededor de la figura del líder y, en especial, por la ausencia de una estructura productiva estable, convirtieron en una fantochada populista. Chávez, además, dejó después de su muerte una burocracia militarista a la cabeza, con Diosdado y Maduro, que terminó de enterrar lo poco que quedaba de la ilusión.

Mucho se dirá en el futuro de este gran fracaso del socialismo, a la antigua, mediado por las armas, como en Cuba, y por la represión política e informativa; bastante gemirán los camaradas, quienes con ingenuidad aún creen que la derrota del sistema socialista es producto de una conspiración de la nueva derecha internacional. Están equivocados de cabo a rabo: la derrota del socialismo del siglo veintiuno es producto de su propia incapacidad para resolver para todos el acertijo de una producción nacional, comunal, en un mundo globalizado.

Chávez y Maduro se extraviaron en su palabrería, en esa proclividad de los políticos improvisadores a utilizar el verbo como trinchera, como escondrijo de su ignorancia, de su incapacidad para comprender que más allá de la lengua, de las retóricas, se requiere una solución económica, una receta del bien común, para enfrentar el asedio voraz del libre mercado.

En la obra literaria Patria o muerte, de Alberto Barrera Tyszka, ganador del Premio Tusquets de novela se cuenta la historia de los últimos días del caudillo, quien detrás de su verborrea y de las pantallas de televisión se parapetó para defender un lugar personal en la historia. Un oncólogo jubilado, Sanabria, es el personaje de ficción que observa a distancia las consecuencias del cáncer en Chávez, y la manipulación que trató de hacer el dictador de su propia enfermedad. Ese personaje permite ver la degradación de una revolución que nos colmó de esperanza a muchos.

Cuenta Tyszka cómo se diluye la propiedad privada en las narices de los propietarios, sí, pero sin una alternativa organizada que sustituya al capitalismo de derecha que existía y que añoran los escuálidos o, mejor, los militantes de la oposición.

Dice de cómo dos niños, María y Rodrigo, víctimas de la violencia en Caracas, no encuentran un lugar en el mundo, similar a lo ocurrido con los millares de venezolanos que deambulan por las calles de Bogotá, que son vendedores ambulantes en Armenia o que buscan en la delincuencia o en la prostitución, los menos, un espacio arrebatado a ellos por la estulticia de un régimen corrupto.

En Patria o muerte se comprende bien el amor de millares de venezolanos a la revolución. Y a la vez se entiende el por qué, al ponerse en manos de una Cuba retrógrada, la burocracia militarista dilapidó la gran oportunidad de erradicar de su entorno la esclavitud y la crueldad ególatra del capitalismo salvaje.

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