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JOSÉ NODIER

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PAZ IMPERFECTA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Es lo que hace reseñable la actitud del alcalde de Quimbaya"

Existe un terreno común entre quienes deseamos la paz, así sea con un acuerdo imperfecto, y quienes quieren perpetuar la guerra. Creemos que la firma del acuerdo con las Farc, por parte del gobierno nacional, inaugura un tiempo insospechado, inescrutable, y que el país cambiará. A quienes queremos la paz, defectuosa cuando se defina, nos mueve la ilusión y a los otros, claro, los estimula la ingenuidad, un acerado juicio ideológico, el odio o el negocio que se deriva del conflicto.

No es cierto que una rúbrica traiga la paz. Firmarla es como abrir un resquicio de esperanza, que aspiramos deje entrar un torrente de luz que descuaje de raíz tanta oscuridad.

Cincuenta años después de la creación del departamento del Quindío, donde hemos vivido encerrados en una burbuja vegetal, mucho del pensamiento moderno apenas llega, y su irrupción cimbra las conciencias, apegadas a costumbres decimonónicas. En apariencia somos modernos: no hemos entendido y asimilado aún el espíritu de serlo.

La modernidad trae consigo una actitud de inclusión, que aún no vemos en Colombia y obvio en este departamento donde la suma de privilegios, piélago de intereses personales, no alcanza a promediar un mínimo sentido de equidad social. Tenemos una tendencia evidente a la privatización de lo público, y así sucede cuando organismos gremiales colonizan el ámbito de lo público. A muchos, casi a todos, les parece normal que entes privados dicten la política pública y, además, la ejecuten.

La modernidad trae consigo, en contravía de lo que ocurre en otras latitudes, una relación más clara con las experiencias religiosas porque, sin prohibirlas, determina unas reglas de juego para todos, en el sentido de que el misticismo, o sus prácticas, debe ser de carácter privado o desarrollado en iglesias, y el Estado, como lo dijo la Constitución hace 25 años, es garante, pero no promotor de nuestra relación crítica o afectiva con el más allá.

Es lo que hace reseñable la actitud del alcalde de Quimbaya, el señor Jaime Andrés Duque Cotrino, quien acaba, en el contexto del cincuentenario, de dar una lección de sentido común y de cumplimiento de la ley. Su decisión de transformar las fiestas del municipio, para centrar su acción en la cultura y el arte define un perfil administrativo distinto, alejado de las lentejuelas de la demagogia. No se requiere el drama de la música de despecho, su retórica lastimera, para darle gusto al pueblo.

Como no se requiere que Los aniversarios de las entidades territoriales sigan encerrados en los templos católicos, dejando por fuera a millares de cristianos o ateos, solo porque el gobernante de turno profesa esa religión. Es una falta de respeto, y un quiebre deliberado al espíritu de la Constitución de 1991.

Insulso si me parece que se haga un reinado gay, y lo digo porque los reinados son decadentes, y deben ser reemplazados por otro modelo de torneo, carnaval o de encuentro, donde las personas puedan contar o mostrar sus talentos, no importa su elección de tendencia sexual.

Necesita Colombia alcaldes comprometidos con una nueva sociedad: respetuosa de la ley y que nos incluya a todos. Abriríamos así las puertas para el arribo de los vientos frescos de la pacificación.

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