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PENSAMIENTOS EN VOZ ALTA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Las palabras dulces desmoronan los odios"

Desde hace diez años, cuando iniciamos en Calarcá con Gladys Sierra, Álvaro López y Jorge Humberto Guevara, entre otros amigos, el Encuentro Nacional de Escritores "Luis Vidales", adoptamos la conversación como formato preferencial de las sesiones.

No fue gratuita esa elección: pensábamos que conversar, una práctica de comunicación casi perdida, debía ser reivindicada, porque la historia dice que los seres humanos a través de la palabra afincan su ser, lo legitiman y lo hacen parte de la construcción de civilidad.

Conversar, su etimología, nace del latin cumversare: con, reunión, y versar que es dar vueltas o examinar, lo que configura un significado dialógico, clave para entender al otro y conocerlo. No nos atraía la palabra conversatorio, porque su acepción más que una práctica denota un lugar específico: locutorio, conservatorio, auditorio, como ejemplos. Conversar es la forma de una sociedad de comprenderse y, a la vez, es un acto de comunión entre seres humanos.

Decenas de escritores, músicos y artistas de todas las disciplinas han conversado bajo la mampara de la memoria de Luis Vidales, ese poeta rebelde que fustigó con poesía la injusticia social y se burló de la solemnidad del poder.

La idea es derrotar o menoscabar con la conversación esa proclividad al narcisismo en los tiempos contemporáneos, cuando los audífonos, las pantallas de videojuegos o la luminosidad artificial de los teléfonos nos aíslan en el ego farragoso de lo simultáneo e instantáneo, experiencias aislacionistas -contrarias al silencio, cuya delicadeza es un bálsamo- que nos invitan con su facilidad a perdernos en el vacío. Conversar nos reintegra a la solidaridad de los humanos.

Lo digo por dos hechos fundamentales para el Quindío. De una parte, ya sabemos que las conversaciones de paz de La Habana, promovidas por el gobierno nacional y por la insurgencia de las Farc, llegaron a conclusiones fundamentales y prácticas: cese bilateral al fuego, concentración de las fuerzas subversivas en veintiocho lugares, supervisada por las Naciones Unidas, y dejación de las armas.

Esa noticia histórica, después de las andanadas rabiosas y enfermizas del Centro democrático, que inocula odio en todo aquello que se mueva hacia la bondad, hace que la esperanza renazca y que pensemos en la pertinencia de hablar, intercambiar opiniones y decidir en conjunto que la vida, aparte de una escenografía de relaciones y poderes, es una brizna de luz en la eternidad.

El otro hecho conmemorativo es la edición especial del Encuentro Nacional de Escritores "Luis Vidales", Pensamientos en Voz Alta, que nos junta alrededor de la palabra. Enrique Santos Molano, prestigioso historiador y periodista, Eric Pennington, académico de Estados Unidos, Alister Ramírez, Esperanza Jaramillo, Heidy Guerrero, Carlos Alberto Castrillón, Martha Elena Hoyos, Elías Mejía, Martha Alicia González, Néstor Cuervo, y decenas de artistas y gestores ya empezaron a hablar sobre lo ocurrido en el Quindío, y en Colombia, en los cinco pasados decenios.

Inició el Encuentro en Teatro Azul, con un homenaje a Jorge Vergara Guzmán, Óscar Jaramillo y Carlos Alberto Villegas, como expresión agradecida a tres gestores culturales que han sido sustanciales en la historia del Departamento del Quindío.

Las palabras dulces desmoronan los odios. Las palabras juntan los ojos, excitan las manos y proveen de afecto y confianza a quienes se encuentran.

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