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JOSÉ NODIER

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POR QUIÉN NO VOTAR

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

En Calarcá vivimos una pesadilla cuando el Mira...

Habría que repetir para nosotros la lección en voz alta: La combinación de las formas de lucha y la mezcla de política y religión es perniciosa para los asuntos ciudadanos.

Desde la época romana, cuando los emperadores veían en el significado de los dioses una excusa para evadir la certeza de su mortalidad, para desdecir de sus flaquezas propias, era fácil observar que el precepto religioso dañaba la lógica de argumentación requerida para discernir sobre el bienestar colectivo.

Las formas de lucha, su amalgama, permitió a su vez que la extrema izquierda y la derecha radical pensaran, con cierta ingenuidad al principio y luego con sevicia, que se podía legitimar la fuerza, la revolución armada, en el proceso de hacer proselitismo con las ideas.

Una idea, una canana, un argumento, un fusil, estaban en el mismo nivel de importancia política. Así lo pensaron los comunistas –y se fueron al monte algunos– y así lo urdieron los ultraconservadores, y simularon ser demócratas mientras creaban y financiaban sus devastadores ejércitos de autodefensas y paramilitares. El dogma ganó en sus corazones.

Buena parte de la sangre y las lágrimas de la humanidad han brotado por cuenta de ideas religiosas en el trasunto de lo público. Pasó en las cruzadas, ocurrió en la Santa Inquisición, y lo vimos en la guerra civil de 1948 en Colombia cuando la iglesia católica –¿cuándo pedirá perdón por esas fechorías?– dirigió en buena parte desde el púlpito el exterminio y la muerte de millares de liberales, a quienes consideraban la encarnación del demonio.

Hace poco vimos que las iglesias cristianas modificaron el curso del plebiscito por la paz de Colombia cuando, parapetados en el pensamiento falso de la ideología de género, irrigaron la idea peregrina de la conversión del país en un estado gay. Ocultos tras esa falacia, los políticos profesionales de la extrema derecha empujaron a la grey de esos templos a la indignación grupal y alteraron, a punta de verdades sesgadas y mentiras de bulto, el destino de un asunto ciudadano.

Nada bueno queda de la militancia política de los pastores, cuando el dogma los saca de sus casillas. El ex procurador Ordóñez, por ejemplo, hoy candidato a la Presidencia de la República, persiguió sin desmayo a los que él consideraba una especie de lobos comunistas. A su vez, los ortodoxos de la izquierda, basados en los dogmas de su fe ideológica, estimaron, estiman que la religión es el opio de los pueblos.

Es tan nociva esa práctica que algunas iglesias intentan simular, y de entrada engañan a su gente, que no tienen brazo político, cuando desde sus sedes arman las listas al Congreso de la República o empujan candidaturas al ejecutivo. Sale entonces a bailar la doble moral cristiana.

En Calarcá vivimos una pesadilla cuando el Mira –apéndice político de la Iglesia Ministerial de Jesucristo Internacional– conquistó a punta de promesas falsas la Alcaldía del municipio. El alcalde, el señor Carlos Enrique López, intentó privatizar para los amigos de su iglesia los bienes del municipio, gobernó para su feligresía y al final se creyó, como ocurre con los absolutistas, por encima de la ley.

No podemos –engañados por el falso discurso de los elegidos contra los descreídos– seguir engordando las arcas de iglesias que mienten a su feligresía y que la manipulan: así hace el Mira.

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