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¿POR QUIÉN VOTAR?

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

La guerra de las chequeras y de las fruslerías nos ahoga en la impotencia política

Es desolador el panorama de la baraja de candidatos a la Cámara de Representantes y al Senado de la República en el Quindío.

Será difícil decidir por quién votar. El menú de opciones es tan pobre que los escépticos dormirán un sueño justo o poco estímulo tendrán para derrotar su proclividad a votar en blanco, en protesta contra este statu quo, grisáceo y pernicioso, y pocos pensarán que la abstención es un ejercicio inútil dentro de esta democracia formalista.

Al contrario, los abstencionistas mirarán hacia la misma parte y su actitud será proporcional a la ausencia de movimientos e ideas que muevan una pasión de cambio, de transformar el marasmo que empieza a caer de nuevo, como bruma espesa, sobre los ánimos colectivos.

Si alguien mira hacia los partidos, queda espantado. El Centro democrático, ese partidito de bolsillo del ex presidente Uribe, es el vivo ejemplo de la postulación de unas élites que, como su candidato al Senado, un señor Márquez Jaramillo, nada representan en lo político y social para los quindianos.

Ni una idea por frágil o baladí que sea se le escucha a ese candidato. Y si se mira entre sus postulados a la Cámara de Representantes, aparte de la honorabilidad y seriedad de Diego Javier Osorio –quien se equivocó de partido–, la candidatura de Libardo Taborda, como expresión de la más pura politiquería, dice bien de los intereses grupales o personalistas allí representados.

Y de Cambio Radical, el partido de la ex gobernadora Sandra Paola Hurtado, se puede mencionar que refleja en mucho la idea de Vargas Lleras: el fin justifica los medios. Significa que allí están entrelazadas las más oscuras intencionalidades, además de la arrogancia individual, en relación con la apropiación del erario público como botín personalista.

En el Partido Liberal no escampa. La pugna entre la candidata al Senado, Luz Piedad Valencia, y sus correligionarios de la Alcaldía de Armenia, y la entronización de un advenedizo cuestionado como el candidato Julián Bedoya, proveniente de Antioquia, expresan la escisión de un proyecto tradicional que, no obstante, presentaba avances en una ciudad como Armenia.

Dentro del partido liberal muchos se preguntan quién de verdad gobierna en el Centro Administrativo Municpal, y qué tan nociva es la intromisión desmedida de la primera dama, Luz Patricia Loaiza, en los asuntos de gobierno y de la política local.

En el caso del Partido Verde, el fiasco mayor es su candidato al Senado, el señor Jaime Alberto Martínez. Hace estridencia vacua por las redes sociales, y su novatada como candidato al legislativo es evidente en un discurso que expresa competencias del ámbito ejecutivo. Su idea de querer liquidar la Promotora de Vivienda, porque ha presentado hechos de corrupción, recuerda la ingenuidad propia del gracejo del marido cornudo; de quien prefiere vender el sofá donde se perpetraron los hechos de infidelidad. Es una bobería.

Su idea de desmembrar a Calarcá, en un visible engaño a los habitantes del corregimiento de Barcelona, al prometerles independencia administrativa, es un ataque feroz a los intereses ciudadanos. Mal haríamos en Calarcá al votar por un candidato que, además de sus fantochadas y frivolidades actuales, desea despedazar la integridad del municipio.

Triste el paisaje electoral del Quindío. La guerra de las chequeras y de las fruslerías nos ahoga en la impotencia política.

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