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JOSÉ NODIER

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¿QUIÉN ANDA POR AHÍ?

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"Encerrarnos entre las montañas, como en el pasado, ralentiza nuestro desarrollo sostenible"

En el gobierno de Julio César Turbay Ayala, el mandatario del Estatuto de Seguridad, que recortó libertades públicas, se consultaba a Lucrecia Victoria Gaviria Díaz, bruja de Fredonia, para tomar decisiones de Estado. Luego, en el cuatrienio de Belisario Betancur, los consultores, si bien eran intelectuales como Otto Morales Benítez o Bernardo Ramírez, eran hombres poco pragmáticos e idealistas que no entendieron, en especial en la desgracia del Palacio de Justicia, que la fuerza pública mantenía unas lógicas de tierra arrasada, que contradecían el valor de la civilidad.

Digo de los asesores, claro, porque cumplen un papel de consultores y conectores dentro de la administración pública. De la época de Virgilio Barco, que tuvo el agregado político de hablar y poner en práctica el esquema gobierno - oposición, se cuenta que el asesor Germán Montoya, al perder facultades mentales el Presidente, tuvo el respaldo de su entorno para terminar el mandato de su jefe. Perdió la memoria el Presidente, como si fuera una metáfora cruel de lo que somos como nación.

En el gobierno de César Gaviria, por su parte, los asesores eran jóvenes tecnócratas, el llamado kínder, que habían accedido a sus títulos en universidades prestigiosas del exterior y que creían, como todavía piensan algunos, que modernización estatal es sinónimo de privatización y apertura económica lo es de entreguismo a las multinacionales.

Un asesor calificado y leal es un consultor idóneo, y no un ascensor de intereses individuales o parciales, como a veces se entiende por parte de algunos de esos personajes. Los asesores, si quieren la eficacia en el gobierno, además de la lealtad, necesitan actuar con prudencia y discreción, y no entrometerse en la línea de mando de su jefe con el gabinete. No pueden los asesores convertirse en el corto circuito del conducto regular, en detrimento de la institucionalidad.

Ya sabemos que el poder obnubila e interna a sus practicantes en una burbuja, en un lugar cálido, cómodo pero ficticio, y que muchos mandatarios se relacionan con el mundo real solo través de sus asesores. Ellos, por diversas razones, se vuelven mensajeros o amables carceleros de su jefe.

En el Quindío, por influencia de un asesor bien intencionado, se construyó un teleférico inservible en Buenavista, por el que destituyeron a una ex gobernadora. En La Tebaida, por ejemplo, se construyó un museo que aún no tiene una misión acorde con su origen, y muchos pensamos que los dineros invertidos en la Estación, en Armenia, al final no tendrán el impacto social y cultural que se prevé.

No podemos estigmatizar o rechazar, por chovinismo puro o por consejas, a quienes vienen al Quindío a trabajar por nuestra región. Representan ellos, los asesores de otros lares, una mirada necesaria y que no tenemos. Cerrarnos, encerrarnos entre las montañas como en el pasado, ralentiza nuestro desarrollo sostenible: es una práctica de monocultivo conceptual.

Es prematuro aún juzgar a los asesores del gobierno departamental. Y es peligroso, porque le hacemos el juego a quienes le apuestan, por intereses personales, a mantener un statu quo pernicioso. Hay que dar tiempo para la gobernanza.

Ya llegará el tiempo de la evaluación de acciones. Todo tiene su tiempo: dejemos gobernar.

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