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 RESERVORIOS DE VIDA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?"

Votaré el 25 de octubre por quien me prometa —y le crea— que gestionará la construcción de un embalse de agua, de donde podría beber mi hijo y, tal vez, su descendencia. Ese candidato, a mi manera de ver, no podrá darse por vencido ni acogotado si el gobierno nacional, por cualquier razón burocrática, le dice que no a su proyecto de garantizar el futuro de nuestra región. Y votaré también, por quien aspire a que el Quindío, con las obras de infraestructura y competitividad que requiere, proponga la construcción de una biblioteca departamental, con teatro incorporado, cuyo criterio operativo trascienda el conocimiento global y aterrice en el patrimonio cultural de la región.

Digo lo del agua, porque no podemos los quindianos, parapetados en intereses de corto alcance, dudar de la importancia de contar con un embalse que responda a los interrogantes que han planteado diversos estudios sobre el estado de los recursos hídricos del departamento.

En el año 2011, en un diagnóstico de los ingenieros Pedro León García Reinoso y Nelson Obregón Neira, en "Elementos para formular una Gestión Integrada del Recurso Hídrico", se registraba una preocupación técnica de la misma Corporación Regional del Quindío: "se estima que para el año 2025 el 41% de la población no contaría con disponibilidad de agua para el consumo. En este escenario se establece un conflicto entre el uso del agua para atender las necesidades del hombre y el agua necesaria para mantener la salud del Ecosistema".

Y no me refiero al agua solo porque haya visto, asombrado, la película Magia Salvaje, de observar en la pantalla lo que en poco tiempo no existirá, sino porque la evidencia lastima el ojo: en Colombia y en el Quindío, como consecuencia del fenómeno de El Niño, nos quedamos casi sin agua, y muchos municipios, y la misma zona rural, irrigada por el acueducto del Comité de Cafeteros, ya están en racionamiento.

¿No es suficiente motivo para exigir del próximo gobernante una decisión política al respecto?

En uno de sus bellos sermones, Buda habla del lago de la redención. Su transparencia deja que los observadores perciban el aliento de los peces, y dibujen un camino en el agua que nos lleva al cambio. Jesús, el pescador de hombres, a su vez predica que es necesario salvar a los seres humanos de las aguas de la vida, es decir, de la ignorancia.

En todos los casos, el agua es la vida misma. Mi hijo, que apenas conocerá nuestra biodiversidad por videos y documentales, nunca verá ni se bañará en el líquido frío y claro del charco del Salto del tigre en el río Santo Domingo, aledaño a Matusalén; ya está seco: mi generación además lo volvió un vertedero de aguas pútridas del matadero de reses.

Einstein decía: "¿Qué sabe el pez del agua donde nada toda su vida?". Y así hemos vivido los quindianos: pensábamos, por autocomplacencia, que la naturaleza sería eterna; y no lo es porque somos los depredadores más eficientes de nuestro tiempo.

Votaré por quien diga, y se le crea, que construirá los reservorios de vida, de agua y conocimiento, para las generaciones futuras. Embalse y biblioteca: ¿quién podría ser?

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