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JOSÉ NODIER

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SIN RUMBO CULTURAL

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

El segundo tiempo aún no empieza. Y todavía tenemos fe en el capitán del equipo

Existen tres grandes equívocos en la gestión cultural en Armenia. Insisto en esas apreciaciones, y estimo que debo repetirlo porque la historia parece darme la razón: la primera es que en Armenia no existe un operador público de cultura, porque su gestión la hace una Corporación, más dedicada al turismo, que se dedica casi siempre a contratar eventos, al activismo populachero y demagógico que le conocemos y a organizar las fiestas aniversarias.

El segundo equívoco es el enfoque de la intervención a la zona de la Estación del Ferrocarril, donde se cree que por el hecho de hacer unas multimillonarias inversiones en unos edificios patrimoniales, por graciosa invocación, la zona será recuperada para volverla un núcleo cultural de la ciudad.

No lo creo. Era al revés la acción. Desde la configuración de un Plan de Intervención social y Urbanístico —como fue el caso de La Candelaria en Bogotá—, se hubiera podido pensar que este embudo geográfico, reconvertido, sirviera como un enclave cultural. A las comunidades periféricas, como la residente en ese sector, no se les pueden imponer los imaginarios estéticos de las élites.

Por estos días inaugurarán una biblioteca de la Edeq Epm que, de seguro, naufragará en ese limo que yace alrededor de la Estación, es decir en la espesura de una gestión cultural que en Armenia no se guía, como debe ser, por políticas públicas coherentes y consultadas con la ciudadanía.

El tercer gran equívoco de la gestión es que no se puede hacer cultura con la miseria de presupuesto que se invierte en la capital del Quindío, y menos esperar, como lo dijo el Alcalde de Armenia, que el destino cultural de la ciudad dependa de los comparendos de movilidad de tránsito, como si esa cartera morosa tuviera la llave de la felicidad para una comunidad de gestores que se siente decepcionada.

Estuve presente cuando el Alcalde firmó un compromiso con el sector cultural, con generosas prospecciones económicas y luego cuando explicó la valía de la actual dirección. Destinó un escaso presupuesto y la gestión de la Corporación es tan precaria e inane, que ambas promesas son hoy una visible frustración. Armenia, si somos rigurosos, no tiene orientación cultural.

Si el señor alcalde Carlos Mario Álvarez, quien da una lección histórica con su paso de autonomía política, quiere corregir el rumbo, debe pensar en intervenir a profundidad el modelo de gestión cultural del municipio. Sería necesario crear una entidad pública, una Secretaría, y modificar las rentas de ese sector, que ahora son miserables. Ah, y despercudir de politiquería la gestión de la Corporación.

Buena parte de la ciudadanía aplaude de pie al alcalde, por su valor civil, sí. Pero muchos creemos que sin modelo de gestión cultural, de carácter público, no podemos avanzar en formación y creación artísticas. No se entiende que apenas 270 millones de pesos estén destinados para el Programa de Concertación, para solo citar un ejemplo y que el teatro, en el rubro de infraestructura para artes escénicas, cuente con un escandaloso cero, como si esa necesidad tuviera prioridad en las declaraciones oficiales pero no en el presupuesto público.

El segundo tiempo aún no empieza. Y todavía tenemos fe en el capitán del equipo. Eso se ve en el rostro de los demás jugadores.

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