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JOSÉ NODIER

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¿SOMOS MEDIOCRES?

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño.
josenodiersolorzano@hotmail.com

"La mediocridad es maleza en los fértiles campos del Quindío"

La modernidad, más que un proyecto cultural de Occidente, es un dispositivo político que pretende civilizar a los "bárbaros", uniformar el pensamiento y destruir lo periférico. Así pasó con el descubrimiento de América, pero también con el actual avasallamiento de las tradiciones locales. Es, también, la fijación de la razón a ultranza como fuente única de las acciones.

No obstante ver la modernidad solo como el desmonte del pensamiento mágico, como el final de la edad de los mitos, verla como una mera invasión, es insuficiente. Creer en la teoría del paraíso perdido, del edén retrospectivo, es no reconocernos como seres dialógicos, que incorporamos valores de la vieja Europa, como el reconocimiento del libre albedrio y la crítica.

Lo digo para refutar la idea de quienes rechazan la autocrítica que plantea el gobernador Carlos Eduardo Osorio Buriticá en relación con algunos funcionarios, sí, pero que interpreto como la sonda curiosa, inquisitiva, que se lanza al pozo de la sociedad.

La mediocridad es maleza en los fértiles campos del Quindío. No podemos, como si fuéramos una sociedad dorada, esconder las falencias de lo que somos.

Nadie puede refutar el argumento, con cifras, de que nuestra educación básica y media -la que ha sido administrada por los políticos tradicionales del Quindío- es pobre, o puede demostrar que tenga ella una estructura conceptual o de infraestructura tecnológica distinguida en los registros nacionales de calidad.

No hemos podido, al menos, replicar los casos exitosos del Casd en Armenia, de la Román María Valencia en Calarcá, o de colegios privados, que son idóneos como el Gimnasio Inglés, el Campestre, el San Solano o el franciscano San Luis Rey de Armenia. Son excepciones a esa mediocridad que ha campeado en los ciclos formativos, y que nos llevan a pensar que sí, que nos gusta transitar por los caminos del mediodía.

Nadie puede refutar, con cifras, que seguimos siendo el paraíso del desempleo, y que en buena parte eso se debe a que los empresarios no invierten en nuevos proyectos, claro, a que nuestro sistema público no acoge la inversión particular, también, pero además a que nuestras instituciones de educación superior, por falta de pertinencia, en especial las privadas, contribuyen a que esa situación social se perpetúe.

Algunas preguntas: ¿Creen ustedes, quienes se conmueven ante la autocrítica del gobernador, que en el Quindío vamos bien en la destrucción de nuestra naturaleza, con un turismo depredador como el que administramos, o creen, por ejemplo, que necesitamos seguir fabricando abogados al infinito, o que mantener el modelo vial de Armenia es inteligente para nuestra supervivencia ciudadana?

Decir que somos mediocres, y no focalizar solo en unos funcionarios, debería impelernos a repensar la educación en el Quindío. Entender, sin darnos palmaditas de complacencia, que debemos hacer un alto en el camino para construir un proyecto educativo común y diferenciado por municipios.

La modernidad, hija de la ilustración, nos trajo la máquina de la crítica, y la postmodernidad, además de la era de la información- y de la soledad- nos vendió el criterio de la autocrítica. No podemos ser globales y reflexivos sin aceptar, mirándonos en el espejo, lo que ahora somos como colectivo.

Mi mediocridad, propia y visible, no da para más.

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