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 TU ROSTRO MAÑANA

José Nodier Solórzano CastañoPor José Nodier Solórzano Castaño. (josenodiersolorzano@hotmail.com)

"Comprender que, como los reptiles, cambiamos de piel, si, pero también de alma"

Cada año uno entierra, al final, el ser humano que fue. Y da salida a otro, tal vez al mismo un poco modificado, más viejo, más cansado, pero en últimas a alguien diferente que pretende vivir bajo el nuevo sol del año nuevo. Digo que a alguien diferente, porque uno entiende que hay épocas que no volverán, lecturas que no se repetirán, lugares que no se visitarán más y la caminata de ayer, bajo una lluvia pertinaz, es ya un recuerdo. Somos un saco de agua y nostalgias.

Esa es una de las claves de envejecer. Comprender que, como los reptiles, cambiamos de piel, si, pero también de alma. El que fuimos, que alguna vez en la juventud tuvo miedo de vivir, hoy, por el encanto o la desgracia del tiempo transcurrido, empieza a temer la muerte. Y abrimos la ventana al año que viene, y empezamos a visualizar que lo importante está aquí y ahora, y que no vale la pena elucubrar sobre el porvenir.

Eso pensé cuando iba a empezar a escribir sobre el Papa Francisco y sus vociferaciones contra la arrogancia de su iglesia. Eso imaginé cuando, después de leer la novela "Los almuerzos" de Evelio Rosero, volví a inferir que los actos de los hombres, de los pecadores contumaces y de los santos, están contaminados por esa pasión que bien nos describe la obra dramática de Shakespeare, a la que uno vuelve porque en sus páginas no pasa el tiempo; el mismo que uno ve transcurrir cuando se asoma, aterrado, al espejo. En "Los almuerzos" está la historia de la iglesia católica. Y en Marías el silencio rumiante de nuestras pasiones.

En mucho la obra de Javier Marías nos devuelve, con sus digresiones poéticas, al desafío de escrutar la ambigüedad de lo humano. De explorar, a través de la proliferación de la palabra, hasta el silencio que nace del deseo de callar.

Nacido en 1951, Marías, fue mi mayor alegría literaria en el 2014. Y así lo abordaré en el 2015 cuando empiece a leer Tu rostro mañana, que es la compilación de Fiebre y Lanza, Baile y Sueño, y Verano y sombra y adiós, tres grandes relatos que configuran una novela monumental, una hazaña literaria con pocos parangones en el mundo contemporáneo.

Elide Pitarello, en el prólogo de Tu rostro mañana dice que el interés de Marías por la ambigüedad humana, viene de lejos, prácticamente desde sus precoces comienzos literarios, hace más de cuarenta años. Y cita como un antecedente “Mañana en la batalla piensa en mi”, una novela de 1994, donde se retrotrae al Enrique IV de Shakespeare, como un ejemplo de relaciones con individuos retorcidos. La eterna historia de los traidores.

Mañana empezará a declinar el año. Y todos pensaremos que el tiempo por venir será mejor, asunto que no podemos profetizar. Solo nos resta la esperanza. La obra de Javier Marías, inmensa e inquietante, rara y sinuosa, nos estará mirando desde todas partes, siempre con el objeto de mostrarnos la vida en el detalle, en el gesto mínimo, y en los fogonazos incandescentes de la pútrida condición humana.

Tu rostro mañana disolverá su imagen, de seguro, frente a mis ojos.

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